Decine21

Entrevistas

La sonrisa de Julia Roberts

Julia Roberts vino a San Sebastián a recoger el Premio Donostia a toda su carrera en el marco del Festival de Cine de San Sebastián. La actriz ganadora del Oscar presentaba además su última película, Come, reza, ama, de la que hablamos con ella largo y tendido. Acude a la entrevista con un pelo recogido a lo Audrey Hepburn, y no deja de prodigar su enorme y simpática sonrisa, a la que acompaña siempre la mirada de sus ojos chispeantes.

La sonrisa de Julia Roberts

Quizá su escena más potente en Come, reza, ama es aquella en que su personaje reza a Dios de rodillas en el cuarto de baño...

Era la escena que más recordaba del libro que leí hace ya algunos años, la que más me impresionó, y recrearla me exigió una entrega absoluta como actriz. En todas las películas hay una escena de ese tipo, que siempre espero con gran ansiedad. Se trata de una escena corta, en la que tengo que trasladar muchísima información sobre el personaje. Cuando llegué al set, todos estaban callados, muy respetuosos. Me concentré, y conseguí no pensar en mí misma para nada, en mi vida, en lo que pensaba o en mis creencias, y pensar más en meterme en la vida de Liz, en su desesperación y perplejidad, en lo que estaba pasando. Esa secuencia es el hilo emocional de toda la película, de modo que volvía a pensar en ella cuando rodaba otras escenas con carga emotiva.

¿Considera que los actores son los motores de una película?

Siempre es diferente. A veces, es así; otras, no. Ojalá tuviera la respuesta. Pienso que muchos actores acaban dirigiendo películas por eso, porque quieren ser motores y controlar, pues su influencia es limitada. En cualquier caso, me lo pregunto con mucha frecuencia. Aquí el motor ha sido el director y guionista Ryan Murphy, que nos motivaba y nos transmitía energía todo el tiempo. Se conocía el libro de Liz Gilbert de pe a pa, y había hablado largo y tendido con ella, de modo que nos ayudó mucho con los matices de cada personaje. Además, nunca perdió el entusiasmo en ninguno de los diversos lugares donde rodamos, a veces en condiciones muy duras, con mucho calor. Era incansable, una fuenta de inspiración y motivación.

Se ha publicado que esta película le ha acercado al hinduismo...

No hablaré de ese tema, pues ha sido malinterpretado.

Pero supongo que las películas que hace dejan un rastro en su vida. Por ejemplo, desde Notting Hill, mirará a los periodistas de otra manera...

(Risas) Pues sí. No es que no preste atención cuando me toca atender a la prensa. Pero desde esa película cada vez que asisto a un “junkett” de prensa no puedo evitar acordarme en algún momento de aquella divertida escena de Notting Hill, en la que Hugh Grant y yo nos lo pasamos genial, Richard Curtis lo escribió muy bien, es un genio.

Y, claro, cada película me deja una huella y alienta mi motivación para seguir siendo actriz. Amo lo que hago, y me produce una gran satisfacción, una gran alegría. Fuera de mi hogar no me imagino trabajar en nada mejor que en ser actriz.

¿Había oído hablar antes de San Sebastián y del Premio Donostia? ¿Ha descubierto que aquí se come mejor que en Italia?

Tendré que probar la comida de aquí, pues llevo todo el día con muchísima hambre. Sí, mucha gente me había hablado muy bien de este Festival y del Premio Donostia. Y, cada vez que me lo recordáis, me pongo más nerviosa por la ceremonia de esta noche [recibió el Premio unas horas después]. Menos mal que me acompañará Javier Bardem. En todo caso, ya he dicho que me encanta mi trabajo y que es mágico ser reconocida por él.

Por cierto, ¿que opina de la dictadura de la báscula que impone en todo el mundo Hollywood a través de sus películas?

No puedo hablar en nombre de todo Hollywood, no lo represento. Pero, personalmente, mantengo una relación muy buena con la comida. (risas) Así me han criado. Me encanta comer y cocinar, y nunca me han presionado en mi trabajo por cuestiones superficiales como esa del peso o la talla. Por interpretar algún personaje, sí que he tenido que hacer algunos sacrificios, pero no por motivos banales. Me parece ridículo ese pánico cultural por imponer un ideal de belleza y tener que parecer increíblemente joven y delgado. No lo entiendo. A mí no me importa lo grande o lo pequeña que sea la gente. Me importa cómo se siente realmente por dentro. Eso es lo atractivo. Y, desde luego, yo no pienso rendirme a ese pánico cultural con el paso de los años.

En esta película lo ha demostrado en las escenas de comidas en Italia, sobre todo en la del plato de espaguetis. ¿Cuánto tardaron en rodar esa secuencia?

El director y la productora se empeñaron en que la pasta estuviera muy bien preparada y estuviera deliciosa. ¡Nos llevó todo un día! De modo que llegué a comerme siete u ocho cuencos de espaguetis. A partir del cuenco número seis, tuve que ejercer en serio mis dotes como actriz, porque ya no podía más. (risas) De todas formas fue muy divertido rodarlo.

¿Cuál es su secreto para gustar tanto a hombres como a mujeres?

No lo sé, ni quiero saberlo, porque, si lo supiera, quizás perdería naturalidad e ilusión por mi trabajo. Es mejor dejarse sorprender en cada película por la magia del cine y de la interpretación. En cualquier caso, me encanta que la gente, hombres y mujeres, se sientan bien con mis trabajos. Me hace mucha ilusión que las mujeres se acerquen a mí, y me traten como a una hermana o una vecina. Y en ningún caso me planteo mis actuaciones para quedar bien con unos u otros.

Lo último del mundo del cine

Últimos tráilers oficiales

¡Hola, soy Hal21, tu androide experto en películas!
HAL21 Chatbot