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Entrevistas

Villano de la función

Cuesta reconocer a Peter Sarsgaard como el villano de Green Lantern (Linterna verde), donde aparece totalmente transformado, en el papel de Hector Hammond, el villano de la función.

Villano de la función

¿Cómo ha enfocado su personaje?

Pues la verdad es que no me ha hecho mucha falta utilizar el cerebro… En serio, la película va dirigida a un público joven, es cine de palomitas, y mi personaje no requiere mucha profundidad y complejidad psicológica. Lo más importante era ser dinámico y divertido.

Para interpretar al villano se ha sometido a un duro proceso de maquillaje. ¿Ha sido complicado?

Ha sido lo más duro, desde luego. Requiere mucho trabajo mental, hay que tener mucha paciencia, porque pasas muchísimo tiempo parado, mientras te aplican todas las prótesis, se te despegan, te las vuelven a pegar, te afeitan completamente, te colocan cuatro kilos de prótesis en la cabeza, pasas un calor tremendo… tienes que estar muy tranquilo y centrado. Y luego interpretar con todo eso encima es complejo.

El maquillaje condicionaba mi forma de andar, mi forma de hablar. Imagínese, con la cabeza gacha, ha sido algo casi experimental. Me lo pasé mucho mejor que cualquier otro de los actores, creo. Es curioso, porque todo ese maquillaje le daba un aura como muy masculina, y quería potenciar esa masculinidad.

¿Le sorprendió que le eligieran para este papel?

Muchísimo. No tenía ni idea de por qué Martin Campbell me quería a mí para el papel; creo que es porque he hecho papeles muy distintos en mi carrera, y a veces cuando no saben a quién elegir para un papel, me lo dan porque piensan que puedo con cualquier cosa. Me ha pasado un par de veces.

¿Conocía el cómic antes de aceptar el papel? ¿Le preocupaba que a los aficionados no les gustara su trabajo?

Lo cierto es que jamás he leído el cómic, ni siquiera de pequeño. Y confieso que no me preocupaban mucho los apasionados de las viñetas, porque lo importante es el público en general.

¿Cómo ha sido su relación con el director Martin Campbell?

Hay directores que conectan muy bien a nivel psicológico con los actores que dirigen; otros creen que saben exactamente lo que te está pasando por la cabeza, pero no son en absoluto intuitivos y finalmente acaban siendo un lastre.

Y después hay gente como Martin, que te dice “tú haz tu trabajo, que yo hago el mío”. Y eso está muy bien. Grabábamos alguna secuencia, y me decía “fantástico, repítelo”, y yo lo hacía de un modo distinto, dándole mucho material para trabajar después. Es fácil trabajar con él.

¿Qué cree que puede suponer para su carrera formar parte de un armatoste comercial tan grande?

Si le digo la verdad, no creo que suponga nada especial, porque no quiero centrarme en este tipo de películas. Me gusta mi carrera como está, centrada más en trabajar en películas orientadas a un público adulto, más pequeñas y con un presupuesto menor. Eso sí, es importante participar en propuestas como ésta para mantenerte en el candelero y que te sigan ofreciendo papeles interesantes; y dentro de este espectro, prefiero escoger películas como esta, que no son pretenciosas y no abusan de la violencia sin sentido. Aquí lanzamos el mensaje de que luches por lo que quieras.

¿Se ve en el papel de algún superhéroe?

No tengo ninguna ambición a ese respecto. Me resulta muy complicado, porque el superhéroe es totalmente limpio, sin defectos o problemas emocionales. Eso no existe en la realidad, y por lo tanto no hay ningún referente para inspirarse. Me cuesta mucho. Una analogía la tenemos en Obama, por ejemplo; cuando fue elegido presidente, muchísima gente le vio como alguien perfecto, que iba a arreglar todos los problemas. Y luego se decepcionaron. La vida es una serie de términos medios, todo tenemos algo de envidia, de codicia…

¿Qué le pareció la película en 3D?

Sólo la he visto en formato tridimensional, y para mí no es sencillo, porque me mareo. Me quito las gafas de vez en cuando. La única película que me ha gustado en 3D ha sido La cueva de los sueños olvidados, el documental de Werner Herzog, que me fascinó.

No creo que sea el futuro. Cada vez que sale algo nuevo, todo el mundo piensa “genial, esto va a ser total para el cine”. Pero el 3D ya existía antes. Yo tengo un proyector en casa adaptado para 3D, y no lo uso nunca.

¿Cómo ha sido el reencuentro con Tim Robbins años después de Pena de muerte?

Ha sido como una venganza (risas). Fue mi primer jefe en esto de la actuación; de hecho, fue quien me consiguió la tarjeta del sindicato de actores. Era muy estricto. En la primera escena que interpreté, Sean Penn me llevaba con mi novia a un pantano, a ella la violaba y a mí me mataba. Rodamos esa escena doce veces; y acababa tan mal que entre toma y toma me cambiaba de ropa, pasaba otra vez por maquillaje, y a rodar otra vez. Esa noche, Tim le envió flores a la chica a la que violaban en la historia; a mí no me mandó nada… Así que ha sido estupendo reencontrarnos y hacer de su hijo, cogerle y lanzarle contra una ventana.

En realidad, somos buenos amigos.

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