Sus historias de violencia y justicia le han convertido en uno de los más destacados directores afroamericanos. John Singleton empezó con fuerza desde el primer momento, cuando inesperadamente fue nominado al Oscar al mejor director, a los 24 años, por su ‘opera prima’, Los chicos del barrio. Desde entonces, se ha labrado una variopinta carrera que incluye títulos como Justicia poética, A todo gas 2 y Shaft, the Return.
¿Cómo se siente el padre de la película con los Cuatro hermanos?
Me siento orgulloso de ellos. Creo que he hecho una película con corazón y alma, en la línea de mis anteriores trabajos. He intentado rodar un tipo de cine distinto al que sale ahora mismo de Hollywood. Así que no se puede pedir más.
¿Qué hay de nuevo con respecto a otros thrillers de Hollywood?
Siempre intento salirme de los tópicos, incluso cuando ruedo con un presupuesto tan amplio como el de este último trabajo. Aunque es una película de acción, he prestado un interés especial a los sentimientos y a los personajes.
Trato de mezclar la acción con el corazón, para hacerlo todo más interesante. En otras películas, creo que cuando se acaba la acción decae el interés, porque no logran ofrecer nada más. Me gusta la secuencia en que los hermanos son asaltados en el interior de su casa por asesinos profesionales. Entonces, tienen miedo. Creo que transmito al público la vulnerabilidad de los cuatro hermanos, por lo que ese momento es más realista y emocionante.
De hecho, ha introducido temas que ya estaban en su cine desde Los chicos del barrio, como la familia, la marginalidad y las relaciones interraciales. ¿Esto da mayor profundidad a la película?
Todos estos elementos están dentro de mí. Cuando me pongo a rodar una película, me salen de modo espontáneo. También cuando escojo un guión ajeno, como en esta ocasión. No me propongo hablar de todo eso, pero siempre surgen estos temas. Hacer una película es como tener una conversación, acaba girando en torno a tus inquietudes.
¿Qué piensa del deseo de venganza que mueve a sus personajes?
Muchas veces he sentido lo mismo. Creo que es inevitable que te pase, aunque por supuesto, me controlo. La sociedad nos enseña que la violencia no lleva a ninguna parte. Aún así, puedo entender que mis personajes tomen ese tipo de decisiones. El público es un poco cómplice, porque están hartos de actos terroristas y de que aumente el índice de criminalidad. Por eso, cuando van al cine, se enorgullecen de que los malos reciban lo que se merecen. Casi es un alivio que al menos en la ficción haya justicia.
Pero, ¿cree que pueden fallar los mecanismos judiciales del estado?
Normalmente no. Tenemos una sociedad con leyes y normas, y mecanismos para que se cumplan. Pero los recientes sucesos de Nueva Orleáns me han hecho reflexionar. Enseguida se produjo una situación de caos y decenas de saqueadores quisieron aprovecharse de la situación y campaban a sus anchas por la ciudad. Hace falta muy poco para que todo se venga abajo. Los hombres todavía tienen algo de animal, y a veces se comportan como tales. Yo veo muchos documentales de National Geographic, y observo que no somos tan distintos como se podría suponer.
¿Es necesario recurrir a tanta violencia en la pantalla?
He intentado que en mis películas la violencia no sea del estilo de la que se ve en los dibujos animados. En mi cine, la violencia es realista, sufrimos con ella, nos asusta y no queremos que se repita en la vida real. He intentado que sea distinta a la de otras películas.
Siempre incorpora a cantantes en sus películas como Janet Jackson, hace tiempo y Tyrese Gibson, en esta ocasión.
Conozco a mucha gente del negocio discográfico. No los utilizo porque sean famosos, sino en los casos en que creo que valen para ello. Puedo decir que muchos músicos que han trabajado conmigo, posteriormente han vuelto a hacer cine.
¿Por qué se decantó por Mark Wahlberg para el personaje protagonista?
Mark Wahlberg y yo estamos muy unidos desde hace doce años. Somos muy amigos y salimos juntos de copas. Siempre habíamos hablado de que alguna vez trabajaríamos juntos, pero esta ha sido la primera ocasión que hemos tenido de hacer una película.
¿Cómo trabajó con Wahlberg y el resto de los actores? ¿Hizo muchos ensayos para que dieran la impresión de conocerse tanto como sus personajes?
No tuve tiempo de ensayar casi nada. Pero creo que esto a la larga ha sido positivo, porque he ganado en espontaneidad. Se nota que hemos improvisado mucho en la pantalla, y esto le da tres dimensiones a la película.
Fue un rodaje divertido, porque había buen ambiente. Los actores siempre bromeaban en el plató y se comportaban como auténticos hermanos. Formaron esta relación que se ve en la pantalla.
¿Cual fue la secuencia más difícil de rodar?
La secuencia de la nieve fue bastante complicada porque estábamos a muchos grados bajo cero. Tuvimos que hacer muchas tomas y fue un día muy difícil. Cuando leí el guión por primera vez, me gustó que estuviera tan presente la nieve, porque era casi un personaje más de la historia, y porque nunca había rodado secuencias así. Tuvo sus momentos divertidos también. La nieve siempre acompaña la acción, y aumenta la emoción. La nieve siempre es real, no usaban máquinas para producirla.
Dos hermanos blancos y dos negros. Parece una decisión políticamente correcta mantener la paridad.
Creo que queda cierta discriminación en Hollywood. Pero guardar el equilibrio mejoraba la historia, y por eso acabaron siendo dos y dos.
¿Existen muchos elementos personales en su cine?
Me gusta pensar que soy sensible y tengo un corazón y alma que se puede reflejar en mi cine. Me siento como Wahlberg cuando llora en el cuarto de baño, como un hombre sensible al que le afectan las cosas que ocurren alrededor. Son muy importantes las secuencias con la madre, porque nos enseñan la relación entre los cuatro hermanos y la madre. Esto ayuda a entender cómo les afecta tanto su pérdida y por qué toman la decisión de vengarse.
