Con motivo de la presentación de la película "Blade II", entrevistamos a Wesley Snipes.
¿Ha cambiado algo su interpretación del personaje en la segunda parte?
He intentado que fuese menos frío. Antes era un hombre muy atormentado, con problemas para aceptar su condición de mestizo entre humano y vampiro. Aquí, durante el proceso de desarrollo del guión, llegamos a la conclusión de que los sucesos que había vivido en la primera parte le habían ayudado a aceptarse a sí mismo, y que podíamos añadirle muchos matices, como que pudiera enamorarse. Yo lo he interpretado como un hombre mucho más sereno.
Muchas de sus películas, como El pasajero 57 o Sol naciente han tenido mucho éxito, pero nunca ha hecho ninguna secuela. Esta es la primera, ¿qué le llevó a aceptar el proyecto?
Normalmente no tengo la oportunidad. La mayoría de mis películas son autoconclusivas. Sin embargo, en esta ocasión era muy distinto. Cuando hicimos la primera parte, yo me di cuenta de que quedaban muchas posibilidades del personaje por explorar. Cuando me enteré de que los productores estaban interesados en continuar la historia, me lancé a apoyar el filme y me convertí en coproductor.
¿Fue complicado producir e interpretar a la vez?
Era más difícil para los otros actores que para mí, y lo entiendo. A mí no me haría ninguna gracia que otro actor tuviera el poder de decidir mi trabajo. Al final, me divertía observando las caras de pánico que ponían mis compañeros cuando me veían entrar en el set. Sin embargo, creo que al final nos entendimos muy bien y que estarán contentos conmigo.
A pesar del éxito de público, los críticos no han acogido muy bien ninguna de las dos partes.
No lo comprendo, pero lo mismo les ocurre a muchas películas de artes marciales. Creo que los críticos no ven la parte de interpretación. No se dan cuenta de que resultar creíble en una escena de lucha es muy complicado. Muchos piensan que los personajes de estos filmes son planos o repetitivos, pero no es verdad: el estado de ánimo de un personaje que continuamente se enfrenta a situaciones de alto riesgo es muy cambiante. Yo procuro que se note. A menudo no se cuenta con buenos actores para cintas de acción, y los resultados son nefastos.
Otros críticos nos pusieron a caldo porque opinan que las dos películas son violentas. No me puedo creer que consideren que los puñetazos son más duros que un hombre disparando a diestro y siniestro. Paradójicamente, los críticos suelen considerar que son menos violentas algunas películas de Schwarzenegger que abusan del armamento.
¿Conocía el cómic antes de interpretar las películas?
No sólo lo conocía, sino que durante los dos rodajes lo he tenido siempre presente como punto de referencia. Para mí era muy importante respetar a los lectores y a los creadores. Incluso mi corte de pelo tenía que ser exacto al de los dibujos. Intentaba expresarme a través de los mismos gestos.
Las secuencias de acción le dejan mucho margen para demostrar sus conocimientos de lucha.
Empecé con las artes marciales con doce años. Me apunté pensando en defenderme, porque era muy bajito para mi edad, y tenía bastante complejo. Continúe perfeccionando mi técnica en la universidad, y aprendí nuevos estilos. Mientras estudiaba arte dramático perfeccionaba mi entrenamiento. En la actualidad tengo varios profesores de diversas disciplinas. Todo esto es muy útil para cintas de acción como Blade, por lo que siempre sugiero a los directores cómo pueden ser los combates.
Además del Kung-Fu y otras disciplinas, Blade utiliza también la lucha callejera. ¿Tiene esto que ver con el hecho de que naciera en el Bronx y se criara en Harlem?
Más bien utilizo esa técnica porque es lo que siempre he visto practicar a la gente de mi raza, en esos mismos barrios. Creo que en cine, las técnicas orientales quedan muy bien si las utilizan actores asiáticos, pero que resulta poco creíble para hombres negros. Una combinación del estilo de Hong Kong con la lucha callejera es más realista. Mi personaje, si puede coger una silla para acabar antes con la pelea, lo hará.
Hace unos años no sólo interpretaba héroes de acción, sino que hacía películas para minorías, como Después de una noche, de Mike Figgis.
Me gustan las superproducciones de acción, porque si encuentras buenos guiones, puedes transmitir mensajes positivos a un amplio sector del público. Por ejemplo, siempre me he propuesto luchar contra el racismo, y creo que aporto mi granito de arena con películas de artes marciales protagonizadas por héroes afroamericanos.
Aunque estas películas gocen de un prestigio menor entre los críticos, a mí me exigen un doble esfuerzo desde que comencé mi carrera: superarme como intérprete y mantenerme en forma. Cuando terminaba mis clases de interpretación, tenía que entrenarme, lo que era bastante duro. En esa época, las artes marciales las practicaba para mi propia satisfacción, aunque nunca pensé que podría combinar mis dos facetas, actor y luchador, en muchas películas de acción.
¿Fueron positivos los Oscar de Denzel Washington y Halle Berry para los actores afroamericanos?
No he notado ningún efecto positivo. Es un premio y punto. Muy merecido, eso sí. Sólo se traduce en más dinero para los que han ganado el Oscar. Aunque a veces incluso produce un efecto negativo: que aquellos que han ganado la estatuilla no trabajan tanto.
¿Qué opinión le merece Guillermo del Toro?
Yo mismo lo sugerí cuando los productores me consultaron sobre quién podría ser el mejor director para la secuela. Recordé Mimic, que creaba una buena atmósfera de terror. Las criaturas de esa película derrochaban imaginación. Además, las secuencias de acción estaban resueltas de forma dinámica, por lo que pensé que era un cineasta que podía hacer un buen trabajo, como así ha sido. Se ha ocupado al milímetro de todos los detalles siniestros, los decorados y la dirección de actores, pero a la vez me dejaba mucha libertad para definir a mi personaje, y ocuparme de las coreografías de los combates.
