Tras su doble colaboración en Gangs of New York y El aviador, y el anuncio de un nuevo proyecto conjunto, todo parece indicar que el joven Leonardo DiCaprio ha conseguido devolver a Martin Scorsese la ilusión por hacer películas. Tuvimos ocasión de estar con Leonardo en su paso por Madrid para promocionar el film sobre el ascenso y caída del misterioso magnate Howard Hughes.
¿Cómo combinó ser actor y productor?
Mi labor como productor era secundaria, comparada con la de actor. Sobre todo, con un director de la talla de Martin Scorsese. No era yo el más indicado para decirle que teníamos que darnos prisa y reducir los costes, por ejemplo. Más que nada, me concentré en mi interpretación.
Howard Hughes lo tenía todo, pero sufrió problemas psíquicos. ¿Pensó Leonardo que podía morir de éxito, como Hughes?
Mi situación es distinta. No se puede comparar, sobre todo porque él sufría una enfermedad mental, agravada por su fobia a los microbios. También tenía paranoia, se aislaba y era muy reservado. Como actor, uno aprende a afrontar cada situación según surge. Soy afortunado, porque desde muy joven, mi única aspiración era actuar. Mis recuerdos más queridos son momentos en que estaba actuando. Cada profesión tiene pros y contras, y en la de actor tienes el riesgo de que se te suba a la cabeza. Pero creo que me he adaptado bien. Lo mejor es que soy mi propio jefe, y puedo elegir papeles. Espero seguir así.
¿Piensa DiCaprio que la excentricidad es consecuencia inevitable de la riqueza?
No sé si van tan unidas. Sólo puedo hablar del caso de Hughes, pues he trabajado mucho el personaje, y él sí fue un gran excéntrico. A muchos millonarios les gusta volar, o hacer cosas similares a las que hacía Hughes. Sobre volar, intenté aprender lo que pude con un simulador, antes de rodar. Recuerdo que dije a Martin que no sabía nada de aviones, y él respondió que cuando rodó Toro salvaje, no sabía nada de boxeo.
El film recuerda a La edad de la inocencia, de menos violencia que otros filmes de Scorsese. Destaca alguna intensa secuencia de aire clásico, como la cena con la familia de Hepburn. Cate Blanchett se sale.
Me emociona rodar escenas donde la tensión es subliminal, y se expresa más de lo que dicen los diálogos, con la mirada. Uno de los mejores momentos es cuando Katharine Hepburn rompe con Howard Hughes. Es muy interesante ese comportamiento tan violento, en una sociedad tan civilizada.
Cate Blanchett es maravillosa. Tiene un dominio de la técnica interpretativa fuera de serie. Una vez hablamos tres horas sobre Katharine Hepburn, antes de que aceptara la película. Luego, le mandé todas las películas de Hepburn entre 1931 y 1939, para que pudiera aprender el lenguaje corporal y la manera de trabajar que ella tenía.
¿Qué proyectos tiene ahora?
Voy a hacer con Matt Damon y Martin Scorsese The Departed, sobre la mafia en Boston.
