Su carrera va sobre ruedas. Como un piloto de Fórmula 1, parece que Daniel Brühl conduce en todos los circuitos del mundo. Lo mismo rueda en su Alemania natal (Unidos por un sueño), en Estados Unidos (Malditos bastardos), en Francia (¿Y si vivimos todos juntos?), en Cuba (7 días en La Habana) o en España (Eva, The Pelayos). Ahora ha filmado en Europa con un director estadounidense (Ron Howard) Rush, uno de los mejores trabajos de su carrera, por su convincente transformación en el automovilista Niki Lauda, que puede llevarle a la Pole Position de las estrellas del cine actual.
El propio Niki Lauda le ayudó a preparar su trabajo, ¿Cómo fue la experiencia?
Diferente. Lo cierto es que Niki Lauda es un tipo muy particular.
Digamos para resumir que es poco diplomático. Le dice a todo el mundo a la cara lo que piensa. Resulta un poco difícil relacionarse con él.
La primera vez que le llamé me comentó que como iba a interpretarle en el cine, que lo mejor que podía hacer era ir a Viena, a verle. Pero me dijo que llevara como mucho un equipaje de mano, algo que pudiera recoger rápido, porque si la cosa no funcionaba, me pediría que me fuera inmediatamente.
Me sorprendió que me dijera esto. Luego me quedé un montón de tiempo y me tuve que comprar ropa.
No debí caerle del todo mal, ya que después de un tiempo, no parecía desagradarle por completo la idea de que yo le fuera a interpretar. Así que me llevó en avión a Brasil a ver el Gran Premio de Fórmula 1. Él pilotaba el aparato.
La experiencia me fue muy útil, porque me presentó a varios pilotos de su época, así que me hice una idea de cómo son. También pude conocer a alguno actual, como Sebastian Vettel o Nico Rosberg. Han cambiado muchísimo en estos años.
¿Por qué cree que han cambiado?
El hecho de que las carreras fueran tan peligrosas le daba un aire romántico a los pilotos, de pioneros del Oeste. Además, tenían actitudes que chocan hoy en día. Por ejemplo, James Hunt podía estar fumando y bebiendo, y después competía en el circuito. Eso sería imposible hoy en día, pero él era capaz.
Hoy en día, gracias al esfuerzo de pilotos como Lauda, ha mejorado mucho la seguridad. De hecho, no ha habido ningún accidente mortal desde Ayrton Senna. Ahora son grandes profesionales, muy serios, pero les falta ese aire de torero del que se enfrenta a la muerte cada día. Se ha perdido un punto de 'glamour'.
¿Fue una experiencia desagradable conocer a Lauda?
Nada de eso. Finalmente fue estupendo. Aprendí mucho de él. Sobre todo a luchar por mis sueños sin miedo al fracaso. Por ejemplo, para mí la postura cómoda habría sido interpretar a Lauda con mi acento alemán de siempre, habría colado y no habría pasado nada. Sin embargo, si pretendía imitar la forma de hablar de Lauda me exponía a hacer el ridículo. Pues bien, me ha enseñado que arriesgarse es bueno, tanto que hoy estoy muy satisfecho con mi trabajo, y creo que el papel es muy especial dentro de mi filmografía. Nada de eso habría pasado sin Lauda.
El film muestra bastante bien la particular forma de ser de Lauda. ¿No temía que cayera mal al público?
Te dice lo que le viene a la mente sin cortarse un pelo, y es bastante exigente. Eso puede chocar mucho al principio, pero tiene una parte útil, no hay que adivinar lo que piensa, y creo que con el paso del tiempo hasta te lo tomas con cierto sentido del humor.
Es cierto que el personaje al principio en pantalla parece arrogante y maleducado. Mi reto era defenderle a pesar de todo. Creo que gracias al inteligente guión de Peter Morgan al final el público está con él. Por ejemplo, hacia el final hay una secuencia en la que se encuentran los dos protagonistas y hablan sobre sus diferentes formas de ser. Creo que en ese momento del film, el público comprende a ambos pilotos y está con ellos.
¿No tenía miedo de que a Lauda no le gustara verle después en pantalla?
Estaba asustado de que se decepcionara y me echara una gran bronca (risas). Creo que lo primero que le llegó fue la secuencia de la rueda de prensa, ya que fue una de las primeras cosas que rodamos. Un periodista le pregunta a Lauda si su esposa sigue a su lado tras el accidente. Para darle mayor emotividad, miro el anillo de boda y contesto afirmativamente.
Para mi sorpresa, Lauda me dijo que estaba todo muy bien. Me animó a que siguiera así, pues le había resultado bastante convincente. Únicamente me puso una pega, que llevara anillo de boda, porque él jamás se lo había puesto. Me comentó que tenía que haberle preguntado sobre este detalle. Pero el resto le había sorprendido para bien.
¿Aparte de pasar tiempo con Lauda, qué más tuvo que hacer para resultar convincente en pantalla?
Me apunté a un curso de Fórmula 3 en Barcelona, que es lo más parecido que encontré a Fórmula 1. Necesitaba saber qué se siente al conducir uno de estos coches, y resultar convincente como piloto.
Además, pasé mucho tiempo preparando el acento austríaco, al estilo de Viena. A nosotros los alemanes nos resulta una forma de hablar bastante peculiar. Quiero creer que lo he conseguido, porque durante un pase previo en Austria me preguntaron si el propio Lauda se había doblado a sí mismo.
¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con Ron Howard?
Pues voy a quedar fatal con la gran cantidad de directores con los que he trabajado antes, y con los que me llevo bastante bien. Si leen esta entrevista me retirarán el saludo. Pero la verdad es que estoy convencido de que ha sido mi mejor experiencia con un director.
No grita, no trata de imponer nada, se trabaja con comodidad. Él mismo ha sido actor y se nota. No te excluye de conversaciones sobre montaje y otros aspectos técnicos que en principio son ajenos a los interpretes. Pero no es un hombre sin personalidad. En realidad tiene muy claro cómo debe ser la película. Lo tiene todo controlado y sabe mucho de cine.
Rush era todo un reto para él, porque el guión no reproduce el típico viaje del héroe de las películas americanas. Además, siendo americano, el mundo de la Fórmula 1 le resulta muy ajeno. Sin embargo, trabajaba con una enorme seguridad.
Otra de las cosas que me sorprendieron mucho de él fue su enorme humildad. No te mira por encima del hombro, ni te crea la sensación de que estás con un mito. Por ejemplo, me encanta lo bien que habla de sus compañeros de profesión, como Peter Weir, no parece tener envidia de otros grandes realizadores.
¿Hubo gran rivalidad entre usted y Chris Hemsworth al igual que entre sus personajes?
Me sorprendió mucho Hemsworth, porque al principio le vi tan enorme que me desconcertó un poco. Uno de los primeros días intentó meterse en un Fórmula 1 y yo me quedé atónito, porque era como ver a Thor entrando en un coche. No cabía, y de hecho tuvieron que reformar el vehículo para hacerlo de su tamaño.
Pero es un actor muy profesional. Mantuvimos numerosas conversaciones sobre la relación entre nuestros personajes, que estaban ligados por un fuerte vínculo. Creo que era una rivalidad muy especial. Ninguno de los dos habría sido tan bueno sin el otro.
