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Biografía

Peter Weir

Peter Weir

75 años

Peter Weir

Nació el 21 de Agosto de 1944 en Sidney, Australia

El australiano que devoró Hollywood

04 Febrero 2009

Prepara tan minuciosamente sus proyectos, que sus películas suelen estrenarse cada tres o cuatro años. La paciencia es uno de los secretos de Peter Weir, un realizador de filmografía intachable. Es tan hábil a la hora de dirigir a los actores, que ha encauzado la carrera de algún especialista en aventureros y un par de cómicos histriónicos. Le fascinan las historias sobre choques culturales, y los personajes que huyen de la tecnología, ya sean ‘amish’ que viven anclados en el pasado, tipos que intentan huir de un plató televisivo, o inventores que cambian el mundanal ruido de la ciudad por la selva.

Nacido el 21 de agosto de 1944 en Sidney, la ciudad más grande de Australia, Peter Lindsay Weir es el hijo de un agente inmobiliario. No acabó sus estudios en la universidad, porque prefirió dejar las aulas y ponerse a trabajar con su padre. En los 60, decidió descubrir nuevas culturas, e inició un largo viaje por Europa deseoso de conocer personas de costumbres alejadas de las suyas. A su regreso a Australia, empieza a trabajar en la televisión. Ejerció de asistente de producción en varias series, y debutó como director con la comedia Man on a Green Bike, rodada para la pequeña pantalla y también coescrita por él. En 1966, el realizador contrajo matrimonio con la directora de producción Wendy Stites, que ha colaborado con él en algunas películas. El matrimonio ha tenido dos hijos, una de las cuales (Ingrid) apareció brevemente en una de las películas de su padre.

Tras un fragmento del film colectivo Three to Go, Weir rueda su primer largo de cine, Los coches que devoraron París, sobre dos hermanos que recorren Australia en busca de trabajo. Deslumbrados por unas luces misteriosas, sufren un aparatoso accidente. Sólo sobrevive uno, que despierta en un pueblo llamado París, habitado por estrambóticos individuos. El film tiene un torno irreal y onírico que conservan las dos siguientes obras del cineasta. La redonda Picnic en Hanging Rock recrea la desaparición real de tres chicas y una profesora que habían ido de excursión a un paraje volcánico, en el año 1900. Weir se lució también con La última ola, donde un abogado blanco intenta esclarecer la muerte de un aborigen ahogado tras una alarmante serie de tormentas y lluvias. Encontrará las claves del asunto a través de unos sueños inquietantes.

Después de El visitante, film menor, pero muy bien resuelto concebido para la televisión, Weir sacó adelante una de las más ambiciosas producciones del cine australiano, Gallipoli, coprotagonizada por el actor más emblemático del país, Mel Gibson, que con este film y Mad Max se convirtió en una estrella. Historia de amistad en tiempos de guerra, recrea con muchos medios y una puesta en escena exquisita un trágico episodio real, la participación de tropas australianas y neozelandesas en la sangrienta batalla de Gallipoli, durante la I Guerra Mundial. Repitió con Gibson en otro film sobre la guerra, coprotagonizado por Sigourney Weaver, El año que vivimos peligrosamente, sobre las peripecias de un corresponsal de guerra en Indonesia.

Peter Weir parece especializado en películas de personajes con grandes ideales, de desmesurada inteligencia, que por circunstancias de la vida acaban en un entorno totalmente opuesto a ellos, donde resultan extravagantes. Así era el capitán John Book , el policía encarnado por Harrison Ford, en Único testigo, la primera producción de Hollywood dirigida por Weir. Para proteger a un niño que ha presenciado un asesinato, Book no duda en acompañarle a la población amish donde éste vive. Los amish son una comunidad religiosa que vive ajena a los adelantos tecnológicos, y junto a ellos Book parece un pez fuera del agua. Más extremo si cabe es Allie Fox, nuevamente encarnado por Harrison Ford, en La costa de los mosquitos, un film menos redondo que no funcionó bien en taquilla, pero con hallazgos interesantes. En esta ocasión Ford es Allie Fox, un inventor que cansado del consumismo que impera en la sociedad moderna decide arrastrar a su mujer y a su hijo –más convencionales que él– a la jungla hondureña.

El caso más conocido de hombre extraordinario atrapado en un escenario al que no pertenece se produce en El club de los poetas muertos, probablemente el film con el que Weir más ha conseguido emocionar al público. Para acentuar el carácter estrafalario de John Keating, un profesor de literatura genial que imparte clases en un rígido internado tradicional, el director optó por contratar a Robin Williams, conocido hasta el momento por su faceta de cómico histriónico o como el alocado locutor de Good Morning, Vietnam. Weir consigue que Williams resulte convincente en un registro dramático por el que fue nominado al Oscar, y logró dar un giro serio a su carrera. A cargo de un grupo de alumnos adolescentes, el profesor Keating logra enseñarles a pensar con métodos poco ortodoxos. Otro de los logros del profesor Keating fue conseguir que toda una generación de nuevos cinéfilos adoptara su lema, ‘carpe diem’, como leit motiv. Nunca una historia tan cercana a la lágrima fácil ha sido dirigida con tanta sobriedad.

También obtuvo una nominación al Oscar gracias a Weir el actor Gérard Depardieu, que el mismo año en que arrasaba en las taquillas con Cyrano de Bergerac, interpretaba a sus órdenes a un estrambótico compositor francés, que para poder quedarse en Estados Unidos, un país que le resulta completamente ajeno, llega a un pacto con una tímida neoyorquina, dispuesta a casarse con él para que le den la ‘Green Card’, o sea la tarjeta de residencia. El personaje de Jeff Bridges en Sin miedo a la vida era absolutamente normal, hasta que sobrevive a un accidente aéreo, lo que le provoca un terrible estrés post-traumático . A partir de ese momento, necesita vivir ‘al límite’ y exponerse a situaciones de peligro para recuperar la adrenalina que su cuerpo produjo durante el accidente. Esto le incapacita para vivir su vida cotidiana junto a su mujer. El film no causó en las taquillas el furor de otras cintas de Weir.

El gran taquillazo de Weir fue su siguiente trabajo, con su personaje más surrealista, el protagonista de El show de Truman. Necesitó para interpretarlo al exageradísimo cómico Jim Carrey, con el que logró un auténtico milagro –en cierta medida similar al obrado con Williams–, reciclarlo para un cine más trascendente que sus locas comedias habituales. Si Truman parece comportarse en sus gestos y movimientos como un personaje televisivo, es porque ha vivido toda su vida en uno, y no lo sabe. Desde que su nacimiento se transmitió en vivo, le siguen a diario miles de millones de espectadores. Los personajes que conviven con él son actores. Aunque el film arremetía contra los ‘reality shows’ televisivos, paradójicamente revitalizó el género, inspirando una auténtica oleada de programas como ‘Gran Hermano’.

El film más atípico en la carrera ‘hollywoodiense’ de Weir es Master and Commander. Al otro lado del mundo, adaptación de una novela marítima del especialista en el género Patrick O’Brian. Para empezar, porque es el único film de época que ha rodado allí, pero también porque su protagonista, el capitán Jack Aubrey (Russell Crowe), es más normal y realista que el resto de héroes de Weir. A pesar de todo, Aubrey manifiesta un poco de locura en su obsesión por atrapar al buque insignia de la Armada francesa, que recuerda en cierta medida a lo que sentía el capitán Achab, empeñado en capturar a cualquier coste a Moby Dick. Aubrey colisiona frontalmente con su amigo, el doctor Stephen Maturin, más convencional y cabal, que sólo pretende dedicarse a pacíficas investigaciones científicas.

Fiel a sus principios, Weir prepara concienzudamente su siguiente trabajo, ya que desde 2003 no le da una alegría a los cinéfilos. Al final ha encontrado material que le interesa llevar al cine. Se trata de las memorias de Slawomir Rawicz, militar ruso que puso en marcha un complejo plan para evadirse del gulag soviético en el que permaneció encerrado. Weir se dispone a narrar sus experiencias en The Way Back, que estará protagonizada por Colin Farrell y Ed Harris.

Filmografía
Camino a la libertad

2010 | The Way Back

Siberia, 1940. El polaco Janusz ha sido enviado al gulag, y comparte penosas condiciones de vida con los otros prisioneros. Pesa en su alma que ha sido condenado por la falsa delación –obtenida bajo tortura– de su propia esposa. Una vez allí, sólo piensa en escapar, tarea aparentemente imposible, pues por sus condiciones climáticas extremas, Siberia entera es una prisión. A pesar de ello, aprovechando una ventisca, emprenderá la huida con otros seis hombres, de los que poco a poco iremos conociendo su historia. Película basada libremente en los recuerdos del personaje polaco real Slavomir Rawicz, plasmados en un libro, y cuya veracidad ha sido puesta en duda desde 2006, cuando el interesado ya había fallecido. Más allá de esta polémica para especialistas, tenemos una trama de enorme interés humano, convertida en sólido y rico guión por Peter Weir y Keith R. Clarke, donde cabría subrayar en cualquier caso el interés de “imprimir la leyenda”, si se nos permite citar a John Ford. Impresiona la descripción del carismático líder del grupo, Janusz, guiado por la bondad, pero también la del desesperanzado americano Mr. Smith, el pastelero dibujante, el sacerdote letón, el buscavidas Valka, etc, o la de la misteriosa polaca Irena, a la que encuentran en el camino. La información sobre ellos se dosifica convenientemente, y el conjunto sirve para ofrecer un precioso cuadro sobre la condición humana, sus cualidades y limitaciones, francamente inspirador. Los diálogos están muy bien escritos, y los actores, no más de una decena que tenga alguna importancia, están sobresalientes, tanto los más conocidos –Ed Harris, Jim Sturgess, Colin Farrell, Saoirse Ronan– como los rusos y polacos. Además, en la versión original, el uso de los distintos idiomas, con predominio del inglés, se justifica de modo razonable. Weir es un cineasta que maneja a la perfección las fuerzas de la naturaleza como marco misterioso y vivo donde se desarrollan sus historias, piénsese en Picnic en Hanging Rock, o más recientemente, en Master and Commander. Al otro lado del mundo. Aquí vuelve a dar una lección al respecto, en la rica variedad de elementos naturales bellos pero hostiles: la nieve y las rocas de la montaña, los impresionantes bosques, el hielo y los mosquitos del lago, el viento, la arena y los espejismos del desierto... Gracias a su talento visual y a su sentido narrativo, el cineasta australiano compone planos y pasajes hermosos, y de alto contenido dramático, sirvan de botón de muestra el fugado congelado, el paso del lago, o el hallazgo del agua que calma la sed.

8/10
Master and Commander. Al otro lado del mundo

2003 | Master and Commander: The Far Side of the World

Sotavento. Foque, trinquete, bauprés. Más de un amante de los libros de aventuras, se ha sentido perdido entre términos náuticos incomprensibles, al leer novelas que transcurren en el mar. Para los que son de tierra adentro, el inicio de Master and Commander puede producir temblores. Pero la sensación dura poco. La descripción de la vida a bordo del Surprise, espléndida nave de Su Majestad Británica que surca los mares en 1805 durante las guerras napoleónicas, es un paso necesario. Gracias a él nos hacemos idea de las penalidades y hermosura de la navegación. Y estamos listos para conocer a los personajes y su misión, inspirados en la décima novela de Patrick O'Brian sobre el capitán Jack Aubrey “el afortunado”, aunque con elementos de las otras. Aubrey, capitán del Surprise, tiene órdenes de capturar el Acheron, buque insignia de la Armada Francesa; su determinación para cumplir la misión, recuerdan a la obsesión del capitán Achab por Moby Dick, aunque Aubrey revela una humanidad superior. Contrapunto a su empeño militar lo ofrece el médico de a bordo, Stephen Maturin. Buen amigo de Aubrey, la razón de que esté en el barco no estriba en su sentido marcial. Cumple un papel y está dispuesto a luchar, pero su deseo es recabar en las Islas Galápagos para estudiar la naturaleza virgen y hacer avanzar la ciencia. Los intereses de Aubrey y Maturin no son necesariamente contrapuestos, pero el rico guión pergeñado por Peter Weir y John Collee sabe crear un conflicto donde colisionan patriotismo, lealtad, cumplimiento de la palabra. El film acierta, pues, donde más importa: en la historia y los personajes. Conocemos además a otros tripulantes y entendemos su valor y sus temores. Vemos a creíbles niños guardamarinas, que empiezan a saber lo que es el mando, y a los que no debe temblar la voz cuando dan órdenes a curtidos marineros. Todo el reparto, en el que sobresalen Russell Crowe y Paul Bettany, está soberbio. Master sorprende por su clasicismo. Cuenta una historia de aventuras, donde las virtudes son nítidas y atractivas. Acostumbrados en tanta película reciente a héroes que van por libre, aquí observamos cómo cada marinero tiene su papel, la importancia de la obediencia. No hay maniqueísmo, y sí una buena delimitación de los deberes y lealtades a los que uno está, necesariamente, sometido. En tal contexto, surgen con naturalidad las miradas a lo alto, la plegaria a Dios.

8/10
El show de Truman

1998 | The Truman Show

Truman Burbank es un tipo felizmente casado, que vive en una idílica ciudad, de calles limpias y bien iluminadas. Lo que no sabe es que, desde que nació, su vida forma parte de un "show" televisivo que se retransmite en directo las 24 horas del día. 1.700 millones de personas de 220 países distintos siguen sus andanzas con pasión. Todos los personajes que conviven con él, incluida su esposa, son actores. Pero Truman está a punto de descubrir que su vida no es lo que parece. Estupenda película del australiano Peter Weir, con guión de Andrew Niccol (que escribió y dirigió la interesante Gattaca). Perfecta la mezcla de drama, fantasía y comedia. El film reflexiona sobre los excesos televisivos con un caso extremo: el de un "reality show" del que el propio interesado no sabe que forma parte. Dirige el programa televisivo un tipo llamado Christof, que maneja a Truman como si fuera un "dios", decidiendo el modo en que debe transcurrir su vida. Atentos al trabajo de Jim Carrey, ganador de un Globo de Oro. Demuestra que puede moverse perfectamente en un papel dramático. Otro actor excepcional, que ha sido candidato al Oscar, es Ed Harris: él es el creador de "show" televisivo.

8/10
Sin miedo a la vida

1993 | Fearless

Un maizal. Un hombre con un bebé en brazos. Detrás un niño le sigue. Hay algo de humo. La escena tiene algo de irreal. ¿Qué sucede? El hombre sale del campo, y empieza a vislumbrarse que un accidente ha tenido lugar. Finalmente los restos de un avión destrozado indican lo ocurrido. Con una brillante apertura el australiano Peter Weir inicia su film acerca de las secuelas psicológicas que una catástrofe aérea produce en una serie de personas. Y se centra en dos: Max Klein, que tiene un comportamiento ejemplar durante el accidente, al salvar a varios pasajeros, pero que acarrea consigo un extraño complejo de superioridad; y Carla Rodrigo, que perdió a su bebé en la tragedia, y se encuentra sumida en una profunda depresión. La historia se basa en una novela de Rafael Yglesias, responsable también del guión. Sin miedo a la vida es una película original y arriesgada, que se desmarca del típico film de cataclismo. Apuesta por meterse en sus personajes, por mostrar su drama interior. Y así el accidente se utiliza de un modo poco convencional. Es una especie de memoria omnipresente en Max y Carla, cuyos fragmentos se reparten a lo largo de la historia para vertebrarla. Pese a todo no faltan los altibajos en la narración, y resulta difícil de creer el personaje de Max, a pesar de la buena actuación de Jeff Bridges. Parece creerse un semidios, que al haber vencido a la muerte ya no teme a nada. Más cercano es el drama de Carla, quien se ha venido abajo ante lo incomprensible. Rosie Perez imprime a su personaje una gran dosis de convicción. A los actores principales se añade un buen elenco de secundarios, entre ellos John Turturro, que protagoniza como psiquiatra con Pérez una de las secuencias más electrizantes del film: la sesión de terapia con un grupo de supervivientes. Con este film, Weir persiste en el retrato de familias en descomposición, y así los problemas de los Klein y los Rodrigo continúan una tradición reflejada en Único testigo, La costa de los mosquitos y El club de los poetas muertos. Está lograda la descripción del desconcierto de Laura, la mujer de Max, y de su lucha por superar la crisis familiar. Algún matiz necesitaba el personaje de Manny, marido de Carla, más interesado en la indemnización por la muerte del bebé que por su mujer. A la actitud de ser superior de Max se quiere dar un aire místico, con tratamiento parecido al del protagonista de Encuentros en la tercera fase, que también conocía la ruptura de su hogar ante su obsesión por los extraterrestres. Seguramente no es coincidencia que Allen Daviau, director de fotografía habitual de Spielberg, asuma aquí esta función y recurra, casi al final, a una fotografía de luz deslumbrante en la que se recorta la figura de Max, al estilo de Encuentros... Aun así se aprecian limitaciones en Weir a la hora de retratar lo espiritual, quizá porque no sabe aprehender esa realidad. Esto se hace patente en el personaje católico de Carla, en la que su supuesta "honda religiosidad" no está tan clara. Weir parece además inclinarse por pensar que las personas, más que Dios, son las que ayudan a superar los problemas.

6/10
Matrimonio de conveniencia

1990 | Green Card

Maravillosa comedia romántica al estilo Frank Capra y de la mano de uno de los directores más personales del cine actual, Peter Weir (El Club de los Poetas Muertos, Único testigo, El show de Truman). Los fantásticos actores Gérard Depardieu (Cyrano de Bergerac) y Andie MacDowell (Cuatro bodas y un funeral) hacen gala de una química en la pantalla al más viejo y puro estilo de Hollywood. Bronte, una tímida neoyorkina, y George, un inmigrante francés, deciden casarse por conveniencia. Pero la oficina de inmigración deciden investigar lo que sospechan es un fraude. Para salir del atolladero, Bronte y George vivirán un fin de semana como un matrimonio "normal", lo que dará lugar a situaciones divertidísimas, chispeantes y emotivas. Una comedia como las de antes, con unas interpretaciones magníficas, una sobria y cuidada dirección y una entrañable y sugerente música del autodidacta y fabuloso compositor Hans Zimmer.

7/10
El Club de los poetas muertos

1989 | Dead Poets Society

Existen pocas películas que hayan conseguido llegar hasta el público tanto como esta impresionante y profunda creación dirigida por el australiano Peter Weir (Gallipoli, El año que vivimos peligrosamente, El show de Truman). Otoño de 1959. La Academia Welton, un internado privado muy tradicional, situado en las montañas de Vermont, va a comenzar el año lectivo con un nuevo profesor de literatura llamado John Keating (Robin Williams). Éste, con métodos bastante heterodoxos, va a lograr poco a poco que sus alumnos comiencen a pensar por sí mismos y les descubrirá que cada uno tiene en sus manos hacer de su vida algo extraordinario. Su arriesgada propuesta es recibida de distinta manera por unos adolescentes todavía inmaduros e idealistas, hasta que desemboque la tragedia. Pero ninguno de ellos podrá olvidar jamás al profesor que les cambió para siempre. Película magníficamente rodada, que cuenta con un guión (Tom Schulman) realmente sobresaliente, que fue premiado con un Oscar. Robin Williams logró uno de los mejores papeles de su carrera y algunos de los alumnos se convirtieron en estrellas consagradas. La música de Maurice Jarre no tiene desperdicio. Una película sobre la educación, distinta, arriesgada e impresionante.

9/10
La costa de los mosquitos

1986 | The Mosquito Coast

Allie Fox es un inventor iracundo que se ha cansado del consumismo y derroche que aporta la gran ciudad, por lo que se marcha con toda su familia a vivir a la jungla hondureña. La vida allí no será fácil y Fox comenzará a mostrar manías y signos enfermizos de locura por la vida ecológica y natural que acabará con los nervios de su esposa y de sus hijos. Poco a poco, la madre y los niños empezarán a pensar en tomar medidas. Peter Weir dirige esta película basada en la novela de Paul Theroux que ha pasado desapercibida a través del tiempo, a pesar de contar con el protagonismo de Harrison Ford, en pleno auge de su carrera y la magnífica Helen Mirren, en un papel que no está a la altura de una actriz de sus cualidades.

4/10
Único testigo

1985 | Witness

Para proteger a un niño amish, testigo de un asesinato, un policía se traslada a la población donde vive esta pequeña y singular comunidad religiosa. Allí trabará amistad con el chaval y conocerá las costumbres del pueblo. Con el apoyo de un guión excepcional, el más que interesante Peter Weir (El club de los poetas muertos, El show de Truman), rueda un thriller soberbio que no decae en ningún momento. Harrison Ford –en uno de sus mejores trabajos– se encuentra en su salsa, muy bien acompañado por la guapa Kelly McGillis y el sorprendente debut de Lukas Haas. Fantástica la tensión creada en la escena del asesinato.

8/10
El año que vivimos peligrosamente

1982 | The Year of Living Dangerously

Guy es un periodista que se traslada hasta Indonesia como enviado especial para informar sobre los acontecimientos políticos que vive el país. Allí conocerá a Blly, un singular fotógrafo, y a Jill, una atractiva mujer que trabaja en la embajada, y con la que vivirá un apasionado romance. Gran éxito de crítica y público recibió este drama periodístico, en tiempos de conflicto y con 'affair' de fondo. La historia funcionó muy bien en pantalla, gracias en parte a que estaba protagonizada por dos actores en alza: Mel Gibson y Sigourney Weaver, los cuales vivían sus aventuras en lugares alejados de la civilización occidental. El australiano Peter Weir (Gallipoli, El Club de los Poetas Muertos) dirigió con mucho oficio la función y la pequeña Linda Hunt (Silverado, The Relic), ganó un Oscar a la mejor actriz secundaria por su sorprendente interpretación del fotógrafo Billy.

6/10
Gallipoli

1981 | Gallipoli

I Guerra Mundial. Dos atletas australianos marchan al frente. Alrededor de la batalla de Gallipoli, Peter Weir entrega un sólido alegato antibelicista, aprovechando de modo maestro las notas del ‘adagio’ de Albinoni. El film lanzó a la palestra a un jovencito Mel Gibson. Quién no recuerda el diálogo: "-¿Qué son tus piernas? -Muelles de acero. -¿Cómo vas a correr? -Como un leopardo".

7/10
El visitante

1979 | The Plumber

Título televisivo ejemplar de cómo con pocos medios y una situación de arranque sencilla, se puede hacer una película interesante. Jill y Brian son un matrimonio de profesores universitarios que tienen un apartamento en el campus. Él trabaja en un laboratorio, pero ella lo hace en casa. Un día se presenta un tipo que asegura que es el fontanero encargado del mantenimiento del edificio, y que debe hacer una inspección rutinaria. Lo que parece va a llevar cinco minutos se convierten en días de angustia, pues Max, que así se llama el hombre, es un hombre estrafalario, tal vez un psicópata. A lo que podría ser una trama de terror y suspense más o menos convencional, el australiano Peter Weir suma buenas dosis de ironía, En efecto, Jill es antropóloga, y se muestra algo condescendiente con Max, cuyas circunstancias sociales se cree muy capaz de entender. Pero acabarán asomando sus prejuicios e instintos más primitivos. Hay sitio incluso para el humor, en la escena en que, en una cena con invitados, uno debe usar el cuarto de baño, hecho un desastre por la maña de Max.

6/10
La última ola

1977 | The Last Wave

Extraños fenómenos climáticos comienzan a sucederse en Australia: una granizada increíble en un desierto donde nunca antes se había visto nada igual, tormentas y lluvia continuas, lluvia negra... Los hechos coinciden con la misteriosa muerte de un aborigen, aparentemente ahogado. A David, un abogado blanco felizmente casado y con dos hijitas, le asignan el caso. Él no conoce nada de los aborígenes y sus costumbres tribales, su especialidad son los impuestos. Pero siente una conexión especial, que empieza a manifestarse en unos extraños sueños. En realidad, lo suyo con los sueños ha sido algo de siempre, pero empieza a vislumbrar su sentido cuando comienza a sumergirse en la espiritualidad nativa. Peter Weir vuelve a demostrar su talento para crear atmósferas misteriosas y sugerentes. Su trama de elementos apocalípticos provoca la buscada desazón, que siente tanto el protagonista como su familia, al introducirse en una cultura desconocida. La lluvia, los limpiaparabrisas de los automóviles, el inteligente uso del sonido, ayudan a sus propósitos, hasta llegar al clímax subterráneo y a la ola del título. Lo más débil es esa conexión del protagonista con las profecías sobre un cambio de ciclo, que debe ser aceptada sin hacerse uno demasiadas preguntas. El impecable estilo narrativo de Weir hace el resto. Curiosamente, el mismo año, Steven Spielberg entregó Encuentros en la tercera fase, film con el que se puede relacionar por la elección de un personaje en el que, como consecuencia de su obsesión con los extraterrestres, se aflojan los lazos que le unen a su familia.

6/10
Picnic en Hanging Rock

1975 | Picnic at Hanging Rock

Desasosegante película del australiano Peter Weir, basada en hechos reales recreados novelísticamente por Joan Lindsay. La acción arranca el día de San Valentín de 1900 en el Sur de Australia, en un colegio para señoritas bien, situado en una casa señorial en medio del campo, el Appleyard. Durante una excursión de picnic al paraje de rocas volcánicas de Hanging Rock desaparecieron tres chicas y una profesora. Con extraño magnetismo, Weir cuenta las dificultades para dar respuestas que expliquen lo ocurrido, y las reacciones de unos y otros: la directora del colegio, la profesora de francés, la policía, las otras alumnas incluida la chica gordita que iba en el grupo que se apartó del resto, dos chicos que se cruzaron con las excursionistas... El film anticipa algunos de los temas favoritos de la filmografía de Weir, como el choque de las costumbres establecidas con cierto atavismo que encierra todo ser humano... También se cuestiona a las personas revestidas de autoridad, incluidos los "invisibles" padres de las chicas, tema de vital importancia en la bastante posterior El club de los poetas muertos. El director se revela como genial creador de atmósferas, tanto en el montaje de unas escenas hermosamente fotografiadas, como en el excelente uso de la música inquietante de Gheorghe Zamfir y Bruce Smeaton. La película es modélica en lo que se refiere a producir miedo y suspense sin acudir a recursos facilones. Aunque el reparto lo componen en su mayor parte desconocidos, es sencillamente excelente.

8/10
Los coches que devoraron París

1974 | The Cars That Ate Paris

Temprano y pintoresco film del australiano Peter Weir, difícil de encasillar. Cerca del aislado pueblecito de París, en Australia, se producen "accidentes" en una curva peligrosa. En realidad son provocados por los lugareños, con siniestros propósitos de rapiña, e incluso de aprovecharse de los supervivientes cuyas facultades mentales quedan mermadas. Algo se va a alterar tras el "accidente" de dos hermanos, que viajan en una caravana. Uno muere, pero el otro es invitado a quedarse en la peculiar comunidad. El gran escollo de este film es lo increíble de la trama, por mucho simbolismo que se le quiera conceder. Permite, eso sí, descubrir a un director que ya entonces demostraba una gran personalidad y capacidad de crear atmósferas cargadas de un aire irrespirable. En el dibujo cerrado del pueblecito anticipa la comunidad amish de Único testigo, y pinta el choque generacional entre los partidarios de mantener un "status quo" y unos jóvenes alocados que disfrutan destruyendo con sus monstruosos vehículos.

5/10
Camino a la libertad

2010 | The Way Back

Siberia, 1940. El polaco Janusz ha sido enviado al gulag, y comparte penosas condiciones de vida con los otros prisioneros. Pesa en su alma que ha sido condenado por la falsa delación –obtenida bajo tortura– de su propia esposa. Una vez allí, sólo piensa en escapar, tarea aparentemente imposible, pues por sus condiciones climáticas extremas, Siberia entera es una prisión. A pesar de ello, aprovechando una ventisca, emprenderá la huida con otros seis hombres, de los que poco a poco iremos conociendo su historia. Película basada libremente en los recuerdos del personaje polaco real Slavomir Rawicz, plasmados en un libro, y cuya veracidad ha sido puesta en duda desde 2006, cuando el interesado ya había fallecido. Más allá de esta polémica para especialistas, tenemos una trama de enorme interés humano, convertida en sólido y rico guión por Peter Weir y Keith R. Clarke, donde cabría subrayar en cualquier caso el interés de “imprimir la leyenda”, si se nos permite citar a John Ford. Impresiona la descripción del carismático líder del grupo, Janusz, guiado por la bondad, pero también la del desesperanzado americano Mr. Smith, el pastelero dibujante, el sacerdote letón, el buscavidas Valka, etc, o la de la misteriosa polaca Irena, a la que encuentran en el camino. La información sobre ellos se dosifica convenientemente, y el conjunto sirve para ofrecer un precioso cuadro sobre la condición humana, sus cualidades y limitaciones, francamente inspirador. Los diálogos están muy bien escritos, y los actores, no más de una decena que tenga alguna importancia, están sobresalientes, tanto los más conocidos –Ed Harris, Jim Sturgess, Colin Farrell, Saoirse Ronan– como los rusos y polacos. Además, en la versión original, el uso de los distintos idiomas, con predominio del inglés, se justifica de modo razonable. Weir es un cineasta que maneja a la perfección las fuerzas de la naturaleza como marco misterioso y vivo donde se desarrollan sus historias, piénsese en Picnic en Hanging Rock, o más recientemente, en Master and Commander. Al otro lado del mundo. Aquí vuelve a dar una lección al respecto, en la rica variedad de elementos naturales bellos pero hostiles: la nieve y las rocas de la montaña, los impresionantes bosques, el hielo y los mosquitos del lago, el viento, la arena y los espejismos del desierto... Gracias a su talento visual y a su sentido narrativo, el cineasta australiano compone planos y pasajes hermosos, y de alto contenido dramático, sirvan de botón de muestra el fugado congelado, el paso del lago, o el hallazgo del agua que calma la sed.

8/10
Master and Commander. Al otro lado del mundo

2003 | Master and Commander: The Far Side of the World

Sotavento. Foque, trinquete, bauprés. Más de un amante de los libros de aventuras, se ha sentido perdido entre términos náuticos incomprensibles, al leer novelas que transcurren en el mar. Para los que son de tierra adentro, el inicio de Master and Commander puede producir temblores. Pero la sensación dura poco. La descripción de la vida a bordo del Surprise, espléndida nave de Su Majestad Británica que surca los mares en 1805 durante las guerras napoleónicas, es un paso necesario. Gracias a él nos hacemos idea de las penalidades y hermosura de la navegación. Y estamos listos para conocer a los personajes y su misión, inspirados en la décima novela de Patrick O'Brian sobre el capitán Jack Aubrey “el afortunado”, aunque con elementos de las otras. Aubrey, capitán del Surprise, tiene órdenes de capturar el Acheron, buque insignia de la Armada Francesa; su determinación para cumplir la misión, recuerdan a la obsesión del capitán Achab por Moby Dick, aunque Aubrey revela una humanidad superior. Contrapunto a su empeño militar lo ofrece el médico de a bordo, Stephen Maturin. Buen amigo de Aubrey, la razón de que esté en el barco no estriba en su sentido marcial. Cumple un papel y está dispuesto a luchar, pero su deseo es recabar en las Islas Galápagos para estudiar la naturaleza virgen y hacer avanzar la ciencia. Los intereses de Aubrey y Maturin no son necesariamente contrapuestos, pero el rico guión pergeñado por Peter Weir y John Collee sabe crear un conflicto donde colisionan patriotismo, lealtad, cumplimiento de la palabra. El film acierta, pues, donde más importa: en la historia y los personajes. Conocemos además a otros tripulantes y entendemos su valor y sus temores. Vemos a creíbles niños guardamarinas, que empiezan a saber lo que es el mando, y a los que no debe temblar la voz cuando dan órdenes a curtidos marineros. Todo el reparto, en el que sobresalen Russell Crowe y Paul Bettany, está soberbio. Master sorprende por su clasicismo. Cuenta una historia de aventuras, donde las virtudes son nítidas y atractivas. Acostumbrados en tanta película reciente a héroes que van por libre, aquí observamos cómo cada marinero tiene su papel, la importancia de la obediencia. No hay maniqueísmo, y sí una buena delimitación de los deberes y lealtades a los que uno está, necesariamente, sometido. En tal contexto, surgen con naturalidad las miradas a lo alto, la plegaria a Dios.

8/10
Matrimonio de conveniencia

1990 | Green Card

Maravillosa comedia romántica al estilo Frank Capra y de la mano de uno de los directores más personales del cine actual, Peter Weir (El Club de los Poetas Muertos, Único testigo, El show de Truman). Los fantásticos actores Gérard Depardieu (Cyrano de Bergerac) y Andie MacDowell (Cuatro bodas y un funeral) hacen gala de una química en la pantalla al más viejo y puro estilo de Hollywood. Bronte, una tímida neoyorkina, y George, un inmigrante francés, deciden casarse por conveniencia. Pero la oficina de inmigración deciden investigar lo que sospechan es un fraude. Para salir del atolladero, Bronte y George vivirán un fin de semana como un matrimonio "normal", lo que dará lugar a situaciones divertidísimas, chispeantes y emotivas. Una comedia como las de antes, con unas interpretaciones magníficas, una sobria y cuidada dirección y una entrañable y sugerente música del autodidacta y fabuloso compositor Hans Zimmer.

7/10
El año que vivimos peligrosamente

1982 | The Year of Living Dangerously

Guy es un periodista que se traslada hasta Indonesia como enviado especial para informar sobre los acontecimientos políticos que vive el país. Allí conocerá a Blly, un singular fotógrafo, y a Jill, una atractiva mujer que trabaja en la embajada, y con la que vivirá un apasionado romance. Gran éxito de crítica y público recibió este drama periodístico, en tiempos de conflicto y con 'affair' de fondo. La historia funcionó muy bien en pantalla, gracias en parte a que estaba protagonizada por dos actores en alza: Mel Gibson y Sigourney Weaver, los cuales vivían sus aventuras en lugares alejados de la civilización occidental. El australiano Peter Weir (Gallipoli, El Club de los Poetas Muertos) dirigió con mucho oficio la función y la pequeña Linda Hunt (Silverado, The Relic), ganó un Oscar a la mejor actriz secundaria por su sorprendente interpretación del fotógrafo Billy.

6/10
El visitante

1979 | The Plumber

Título televisivo ejemplar de cómo con pocos medios y una situación de arranque sencilla, se puede hacer una película interesante. Jill y Brian son un matrimonio de profesores universitarios que tienen un apartamento en el campus. Él trabaja en un laboratorio, pero ella lo hace en casa. Un día se presenta un tipo que asegura que es el fontanero encargado del mantenimiento del edificio, y que debe hacer una inspección rutinaria. Lo que parece va a llevar cinco minutos se convierten en días de angustia, pues Max, que así se llama el hombre, es un hombre estrafalario, tal vez un psicópata. A lo que podría ser una trama de terror y suspense más o menos convencional, el australiano Peter Weir suma buenas dosis de ironía, En efecto, Jill es antropóloga, y se muestra algo condescendiente con Max, cuyas circunstancias sociales se cree muy capaz de entender. Pero acabarán asomando sus prejuicios e instintos más primitivos. Hay sitio incluso para el humor, en la escena en que, en una cena con invitados, uno debe usar el cuarto de baño, hecho un desastre por la maña de Max.

6/10
La última ola

1977 | The Last Wave

Extraños fenómenos climáticos comienzan a sucederse en Australia: una granizada increíble en un desierto donde nunca antes se había visto nada igual, tormentas y lluvia continuas, lluvia negra... Los hechos coinciden con la misteriosa muerte de un aborigen, aparentemente ahogado. A David, un abogado blanco felizmente casado y con dos hijitas, le asignan el caso. Él no conoce nada de los aborígenes y sus costumbres tribales, su especialidad son los impuestos. Pero siente una conexión especial, que empieza a manifestarse en unos extraños sueños. En realidad, lo suyo con los sueños ha sido algo de siempre, pero empieza a vislumbrar su sentido cuando comienza a sumergirse en la espiritualidad nativa. Peter Weir vuelve a demostrar su talento para crear atmósferas misteriosas y sugerentes. Su trama de elementos apocalípticos provoca la buscada desazón, que siente tanto el protagonista como su familia, al introducirse en una cultura desconocida. La lluvia, los limpiaparabrisas de los automóviles, el inteligente uso del sonido, ayudan a sus propósitos, hasta llegar al clímax subterráneo y a la ola del título. Lo más débil es esa conexión del protagonista con las profecías sobre un cambio de ciclo, que debe ser aceptada sin hacerse uno demasiadas preguntas. El impecable estilo narrativo de Weir hace el resto. Curiosamente, el mismo año, Steven Spielberg entregó Encuentros en la tercera fase, film con el que se puede relacionar por la elección de un personaje en el que, como consecuencia de su obsesión con los extraterrestres, se aflojan los lazos que le unen a su familia.

6/10
Los coches que devoraron París

1974 | The Cars That Ate Paris

Temprano y pintoresco film del australiano Peter Weir, difícil de encasillar. Cerca del aislado pueblecito de París, en Australia, se producen "accidentes" en una curva peligrosa. En realidad son provocados por los lugareños, con siniestros propósitos de rapiña, e incluso de aprovecharse de los supervivientes cuyas facultades mentales quedan mermadas. Algo se va a alterar tras el "accidente" de dos hermanos, que viajan en una caravana. Uno muere, pero el otro es invitado a quedarse en la peculiar comunidad. El gran escollo de este film es lo increíble de la trama, por mucho simbolismo que se le quiera conceder. Permite, eso sí, descubrir a un director que ya entonces demostraba una gran personalidad y capacidad de crear atmósferas cargadas de un aire irrespirable. En el dibujo cerrado del pueblecito anticipa la comunidad amish de Único testigo, y pinta el choque generacional entre los partidarios de mantener un "status quo" y unos jóvenes alocados que disfrutan destruyendo con sus monstruosos vehículos.

5/10

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