La suerte está echada, o casi, los últimos cartuchos de la competición en Cannes se van quemado, y queda el debate, las especulaciones, que si la calidad ha sido mayor o menor que otros años, que si los Coen y compañía sabrán hacer justicia. De momento varios títulos han venido a complicarles una tarea donde no parece haber un film indiscutible para la Palma de Oro.
¿Quién cuida al cuidador de los enfermos terminales, que en ocasiones logra al final una conexión mayor con los moribundos que sus propios seres queridos? Es una de las grandes preguntas que plantea el mexicano Michel Franco en Chronicle, cinta que en algunos aspectos conecta con una reciente ganadora de Cannes, Amor de Michael Haneke. Pues de algún modo la mirada es incómoda, a veces la familia hasta parece sentir celos de un profesional que de algún modo pone en evidencia su pequeña o gran mezquindad, en esos momentos en que toca acompañar a un enfermo que no está en su mejor momento.
Ritmo parsimonioso, dilemas morales, la rutina de los cuidados diarios, configuran una cinta asumidamente lente pese a durar apenas hora y media, donde Tim Roth presta cierto hermetismo al enfermero protagonista.
Mientras, dos gigantes galos de la interpretación, Gérard Depardieu e Isabelle Huppert, se reúnen en la pantalla 35 años después de Loulou. En Valley of Love, a las órdenes de Guillaume Nicloux, tenemos un drama existencial sobre el amor, ambientado en el paisaje de Death Valley, y curiosamente la pareja protagonista la conforman dos actores divorciados desde hace tiempo, que tienen el mismo nombre de quienes los interpretan, o sea, Gérard e Isabelle. El hecho de que se hayan reunido tiene que ver con el suicidio de su hijo adulto, que les pidió como último deseo que fueran juntos ahí en determinada fecha, en que se les aparecerá supuestamente.
A lo parece, tenemos una excusa argumental para componer a dos personajes esculpidos por la vida, pero que no han arreglado las cuentas entre ellos, y ésta podría ser la ocasión de hacerlo. Film goloso para los actores, también puede irritar por pretenciosa, no está claro adónde nos conduce, y si el viaje no es placentero...
