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"Rodaje", de Manuel Gutiérrez Aragón

Rodaje (Manuel Gutiérrez Aragón, Anagrama / Narrativas hispánicas, 218 págs)

Quinta novela del antaño director de cine Manuel Gutiérrez Aragón, que dirigió su última película, Todos estamos invitados, en 2008. Es la primera obra literaria de ficción que ambienta principalmente en el mundo del cine, antes había escrito un libro que era una mirada muy personal al mundo de la interpretación tal y como él lo conoció, “A los actores”. Quizá con acierto el miembro de la Real Academia Española de la lengua desde 2015 evitó en sus primeros pasos en la novela abordar el ambiente profesional al que dedicó la mayor parte de su carrera, para demostrar que podía bucear en otros ámbitos. Pero al fin lo ha hecho, con la historia de un guionista incipiente en el año 1963, en pleno franquismo, activista político un tanto bisoño, cuyo trabajo coincide temporalmente con el rodaje de El verdugo a cargo de Luis García Berlanga, y con la condena a muerte del miembro del partido comunista Julián Grimau.

El autor sigue a Pelayo Pelayo, alguien conocedor de los ambientes populares de Madrid, se mueve por el centro entre los chicos de la prensa, la oposición clandestina al régimen, los cafés y los rodajes de películas. Tiene una novia, Laura, estupenda, aún no se lo cree, y ahora parece haber encauzado su carrera en el mundo del cine ya que le van a producir su libreto de La estrategia del amor, con dos actores muy populares, Juan Luis Mañara y la argentina Cecilia Luna. Pero claro, le piden retoques, y hasta puede convertirse en improvisado director de su propio guión, las circunstancias obligan.

Gutiérrez Aragón tiene buena pluma, y sabe construir a su inseguro protagonista, del que se aprovechan en su entorno, y al resto de los personajes, pintando bien el ambiente de la época. Quizá carga las tintas en la grisura que se supone a la sociedad moldeada por la dictadura, pero logra atrapar los miedos de quien tiene papeles que se pueden considerar subversivos, o los abusos de las fuerzas de seguridad. Puede sonar rocambolesco que a “Pelayo al cuadrado” le medio encierren en una casa de lenocinio para que ultime su guión, pero en fin, en la vida pueden darse a veces estas escenas surrealistas con su punto paradójico, el autor sitúa este lugar en las proximidades del convento de las Comendadoras. En cualquier caso el protagonista es perfecto para mostrar el desencanto y la falta de control que podemos tener a la hora de acometer el “rodaje” de nuestra propia existencia, al que se alude en el título, y que también podría tener un doble sentido, la necesidad de "rodarse" y madurar.

Hay un empeño en citar y describir lugares reconocibles, como puede ser el casposo Cine Carretas, con programas dobles de sesión continua y espectadores dedicados a actividades que poco tienen que ver con lo que se proyecta en la pantalla, pero también muchos locales, como el café Gijón o El Comercial. Y en fin, presentan viveza las reuniones de gente del espectáculo que proponer una carta en apoyo de Grimau, en que se recogen posiciones o formas de ser de Juan Antonio Bardem y Luis García Berlanga, e incluso digresiones bien introducidas, como las consideraciones propagandísticas de Goebbels en la UFA. Quizá uno de los momentos más notables es la visita de Pelayo al rodaje de El verdugo, donde algunos diálogos hacen eco a la realidad de entonces.

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