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"Series contra cultura", de Alberto Nahum

Series contra cultura. Una guía humanística de la ficción televisiva (Alberto Nahum García, Eunsa, 292 págs)

Un libro luminoso sobre los derroteros de la ficción audiovisual seriada de la última década, a cargo de un especialista en la materia que lleva escribiéndolo, como confiesa en la introducción, de obligada lectura para entender lo que viene después, desde el año 2009. O sea, desde que iniciara el blog de referencia “Diamantes en serie”, donde su análisis de las series nunca se redujo a un mero salir del paso, o a las consideraciones epidérmicas demasiado al uso. Llaman la atención en todo el texto la calidad de la escritura y las citas cultas, que no suenan a impostadas, incluso con adjetivos ad hoc a partir de autores, “scrutoniano” por ejemplo, o la frase de Miguel D'Ors “la Felicidad consiste en no ser feliz y que no te importe”. Lejos está el autor de academicismo, y tiene gracia el uso a lo largo de las páginas de algunos términos coloquiales, “peña”, “compis”...

Alberto Hanum, profesor universitario, es valiente y constructivo en su invitación a un diálogo intelectual con las ideas dominantes sin caer en el dogmatismo, con sus cartas sobre la mesa y boca arriba –una mirada que “bebe, sobre todo, de los principios del humanismo y el liberalismo clásicos”–, pero dispuesto a conceder las bondades, cuando las haya, en las del otro. Porque hay un terreno común, el de la belleza, nada desdeñable, y conviene dar a cada uno lo suyo.

58 series desfilan por las páginas de “Series contra cultura”. Imposible haberlas catado todas, e incluso en mi caso, lo confieso, haber oído siquiera nombrarlas. Por eso, ya de entrada, el libro puede ser una invitación para adentrarse en alguna de ellas, me entran ganas de hacerlo en Rectify. En las ya visionadas, pueden reafirmarse las propias ideas, o verse enriquecidas con nuevos puntos de vista, la mirada de Nahum es rica y poliédrica, además de, por supuesto, honesta.

El autor ha manejado textos preexistentes, pero nunca se tiene la sensación de pastiche. Hay un efectivo trabajo de revisión, cohesión y actualización, y la agrupación temática resulta sumamente interesante: familia, juventud, existencialismo, distopía, fe, mal, heroísmo, políticas de identidad, maniqueísmo facilón –maravilloso título del capítulo “Eh, atontao, déjame que te eduque”–, el sistema, y colofón, la visión social y política del gran David Simon con The Wire y lo que vino después.

El análisis antropológico da lugar a auténticas perlas: “en un mundo cultural e ideológico donde la palabra 'compromiso' produce más escozor que las hemorroides”, dice comentando Catastrophe; sin caer en la complacencia se atreve a referirse a la alabada True Detective como “un texto con fuerza dramática y estética, sí, pero confuso y esnob”; y sobre Girls señala con clarividencia que “elucida, como ninguna otra, las contradicciones y trampas de la pijería universitaria, la más mimada y adulada por el establishment mediático”. Sobre el tema clave de la familia, con valiosas las consideraciones sobre títulos como This Is Us o The Americans, dos caras de la moneda de la construcción de un hogar.

Señalar la premisa moral básica de Fargo, “el Mal existe y viene siempre con hambre”, da mucho qué pensar, o también, a propósito de Stranger Things, la consideración de que “la nostalgia es una enfermedad tan sabrosa como demoledora”, que desde luego alerta del gusto y el riesgo que surgen del recuerdo de la feliz Arcadia juvenil. Está bien observar a héroes que no son de una pieza, los policías de Antidisturbios; y qué agudo es el comentario sobre Transparent, “bajo el antifaz cómico crepita una hosquedad que quema”.

Nahum sabe reconocer las virtudes de las series, también de las que son fenómeno de masas, pero no le duelen prendas y mostrar la desnudez del emperador, nunca mejor dicho en los excesos sexosanguinolentos de las primeras temporadas de Juego de tronos, o el didactismo de la sobrevalorada El cuento de la doncella.

En fin, se puede estar o no de acuerdo con las consideraciones del autor, pero pienso que ni el lector peor dispuesto podrá negar que aporta muchos elementos para la reflexión y el diálogo enriquecedor. Y de eso se trataba con este libro, al fin y al cabo.

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