Arsène Lupin. Caballero ladrón (Maurice Leblanc, Anaya, 272 págs)
Los amantes de las tramas detectivescas, conocen de sobra y gozan con las aventuras de Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle, o los casos que afrontan Hercules Poirot y miss Marple, personajes de Agatha Christie, o el padre Brown, imaginado por G.K. Chesterton. En España tenemos a Pepe Carvalho y Plinio, de Manuel Vázquez Montalbán y Francisco García Pavón. Y hasta en el mundo francófono suenan el comisario Maigret de Georges Simenon. En cambio, quizá más allá de las fronteras de la país galo se han difundido menos las aventuras del ladrón de guante blanco Arsène Lupin, eternamente buscado por el inspector Ganimard, pero esto ha pegado un fuerte cambio gracias a la exitosa serie de Netflix Lupin, que le rinde sincero homenaje, con un protagonista que suena igual, Assane, interpretado por Omar Sy, ladrón como él y al que encantan los libros de Maurice Leblanc.
El libro que nos ocupa viene acompañado al final por algunas fotos de la serie, e incluye nueve relatos protagonizados por Arsène Lupin, uno de ellos "La detención de Arsène Lupin", el primero escrito por Leblanc, y al que no tenía previsto darle continuidad, pues respondía a un encargo de Pierre Lafitte para su revista "Je sais tout". Al editor le gustó tanto su modo tan personal de moverse con el espíritu Holmes, que le animó a crear nuevas historias, que se hicieron muy populares. Por supuesto había detractores de su obra, que la consideraban de puro consumo –lo mismo pasó al principio con todos los detectives de ficción citados–, pero también una buena base de fans que persiste, a la que la reciente seríe puede dar nuevos bríos.
Hay que reconocer en Leblanc su exquisito espíritu juguetón para dar pie a robos y fugas inexplicables –podría hacer suya la frase holmesiana "Empieza el juego"–, busca siempre romper el saque y lo consigue con un personaje que se diría fantasmagórico, nadie conoce muy bien su aspecto, que cambia a placer, no solo por ser un mago del disfraz, sino porque puede engordar o modificar el aspecto de la cara, etcétera. Hace llegar mensajes a cualquier sitio nadie sabe cómo, y quizá pueda estar en prisión, pero también logrará salir de ella cuando lo decida, haciendo gala de un magnífico y socarrón sentido del humor. A veces afrontar situaciones paradójicas, como en "El viajero misterioso", en que Lupin es asaltado por otro ladrón y se convierte en improvisado colaborador de la policía para atrapar... ¡a Lupin! Y sí, acaba incluso enfrentado a su referente Sherlock, bautizado para la ocasión como Herlock Sholmès, por aquello de sortear posibles problemas de derechos de autor. No falta además la historia "El collar de la reina", clara inspiradora de la serie netflixiana.
