Las vidas de Lee Miller (Antony Penrose, Blume, 220 págs)
Lee Miller, la película dirigida por Ellen Kuras y protagonizada por Kate Winslet, se centra en la etapa de este personaje durante los años de la Segunda Guerra Mundial; y, si se quiere, cuenta con un prólogo en la que la conocemos en sus años en la Riviera francesa, con sus amigos y el que será su marido, y un amor a la fotografía que la conducirá de ser modelo de Vogue a ser fotógrafa de la célebre publicación. De modo que podemos decir que esta biografía escrita por su hijo Antony Penrose se dirige especialmente a los que tengan ganas de más Lee Miller, o sea, de conocer su vida, la andadura de sus padres, sus primeros años, y las diversas etapas que atravesó, tanto en lo personal como en lo profesional.
Como se dice en las primeras líneas del libro, Lee era una “paradoja de irascibilidad y calidez, de talento arrollador y angustiosa impotencia”, y “encauzó su temperamento” “como quien se aferra al lomo de un dragón desbocado”. Y en esta tesitura “a veces el dragón se salía con la suya y Lee se hundía en un desconsuelo funesto e insondable; pero casi siempre conseguía domarlo y lograr una apretada victoria, contra sí misma primero y también contra la adversidad”.
Entre las revelaciones del libro está la de una agresión sexual sufrida por Lee siendo niña, y el modo en que se trató de ayudarla a superar el trauma. Aunque en tal sentido uno no puede dejar de sorprenderse por la afición de su padre, primero a fotografiar a su novia y luego esposa posando desnuda, algo que repetiría también con su hija, en posados supuestamente artísticos y destinados a quedar en la intimidad familiar. Esta educación desinhibida, se prolongaría después en su educación europea, y en su carrera como modelo fotográfica.
Penrose habla de la etapa parisina de Lee y su relación con el fotógrafo Man Ray cuando está pujante el surrealismo. De su instalación en Inglaterra y matrimonio con el también artista Roland Penrose. Por supuesto de la guerra y las estremecedoras fotos en Dachau y Buchenwald, pero también de la Viena de postguerra y la reconstrucción de Europa, y de las imágenes en la bañera de Hitler y Eva Braun en su apartamento de Munich. Toda esta experiencia le marca profundamente, y ya no volvió a ser la misma.
Así, los últimos años de su vida se recluyó en su hogar inglés, y desarrolló una adicción al alcohol. Y su legado fue reconocido tardíamente, también gracias a los esfuerzos de Penrose, que no conocía en toda su hondura, como se muestra en el reciente film, en que todo está enmarcado en una conversación entre Lee y un joven que la está entrevistando.
De la edición del libro que nos ocupa, es una lástima el tamaño minúsculo de la letra, que dificulta bastante la lectura; se ha querido evitar que fuera excesivamente voluminosa, seguramente, pero el resultado no es del todo satisfactorio. Como es de imaginar, contiene abundantes fotografías, muchas de ellas tomadas por Lee, y que demuestran su talento.
