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Blog de Hildy

¿De dónde venimos y adónde vamos?

Mis queridas señoritas, mis Harrys Potters, mis señores de los anillos

Es completamente legítimo que nuevos artistas cuenten de nuevo a su manera viejas historias. Pero a veces se trata de una decisión dictada no por las musas, sino por el miedo a la ruina y el amor al dinero, o por la equívoca idea de que “hay que adaptarse a los nuevos tiempos”.

Mis queridas señoritas, mis Harrys Potters, mis señores de los anillos

En 1972 Jaime de Armiñán y José Luis Borau, y el actor protagonista de Mi querida señorita, José Luis López Vázquez, demostraron una audacia sin límites en la España de Franco al contar la historia de la solterona Adela, en apariencia una mujer no muy hermosa a la que irritaba sobremanera que su asistenta Isabelita fuera cortejada, y que a ella un viudo la pretendiera. El descubrimiento de que el vello facial que debía afeitarse todos los días tenía causas que desconocía, y que su atracción por Isabelita era perfectamente explicable, le cambiaba la vida, pasaba a ser Juan a partir de entonces y a cambiar de aires en otra ciudad. Ahora, más de medio siglo después, llega Mi querida señorita versión Fernando González Molina-Alana S. Portero respaldada por “los Javis”, Javier Calvo, Javier Ambrossi, y aunque sea una película más o menos correcta, y al menos delicada, como la anterior, en lo referente a escenas sexuales gráficas, uno no puede por menos de preguntarse qué falta hacía revisar la historia original.

Desde luego lo que se pierde es la audacia. Contar historias LGTBI o cargadas de sexualidad hoy no es ninguna novedad, es más, me atrevería a decir que hay hiperinflación de las mismas, los mismos Javis han creado sus propias historias al respecto, también a partir de hechos reales, sin ir más lejos Veneno, sobre “La Veneno”, Cristina Ortiz Rodríguez, nacida como José Antonio Ortiz Rodríguez, y convertida en icono transexual. A mí de la película de De Armiñán y Borau me sorprende para bien la completa ausencia de elementos escabrosos, y el magnífico uso de la elipsis, no hace falta ningún médico que explique con detalle lo que le pasa a Adela, en cambio en el nuevo film se nos dice nada más arrancar que un bebé precisa de una operación que deja compungidos a sus padres, y ya adulta recibirá una completa explicación del ginecólogo de turno.

Es curioso, porque deberíamos pensar que en la actualidad hay mucha información sobre intersexualidad, transexualidad y en general cualquier cosa que quieras saber sobre el sexo, y que temías preguntar, como decía el título de una película de Woody Allen. Y en cambio se hace necesario explicar y explicar. Y resulta que en la España de la censura y del sexo tabú, donde parece que sería obligado dar una “lección” al espectador ignorante, no hace falta, y la película funciona. Y en fin, la trama desarrollada por Portero apuesta por el alambicamiento, no es suficiente la condición de Adela/Ad, sino que Isabelita, ahora fisioterapeuta, es lesbiana, y el padre José María tiene un pasado homosexual, ahora vive castamente, aunque anima a su feligresa a explorar y a no temer equivocarse con lo suyo. Podríamos aludir también al trabajo de Ad en un local de fantasía sexual, o el desenlace en un día del orgullo gay, para concluir la sutileza del original brilla aquí por su ausencia.

En fin, me he enrollado con “mis queridas señoritas”, pero hay ejemplos más comerciales con revisitaciones o explotaciones de argumentos, que tal vez no hacían mucha falta, pero que huelen a pasta, pasta gansa. ¿Tan lejanas quedan en el tiempo las películas de Harry Potter, ocho nada menos, que se hace necesaria una serie con siete temporadas, una por cada libro de J.K. Rowling? ¿Se han quedado viejunas? ¿De verdad hay tantas cosas de los libros que se quedaron fuera de las películas? Es obvio que la única motivación que guía esta revisitación es el dinero, pescar nuevos fans, y desde luego interés parece que no falta por el nuevo producto, pues el tráiler, con 277 millones de reproducciones en tan solo 48 horas, se convirtió en el más visto en la historia de HBO y HBO Max. Y parece ser que hor por hoy, si nos ponemos cínicos, eso es lo único que importa.

Y de fantasía en fantasía, también El Señor de los Anillos tiene marcha aunque, al menos de momento, no se ha anunciado el remake de la trilogía de libros originales, pero no cantemos victoria, solo hay que dar tiempo al tiempo. Tenía toda la lógica que se adaptara El hobbit, menos que fuera en tres películas, a no ser por la justificación económica, que es la que manda. Da la impresión de que fue un capricho caro de Jeff Bezos que surgiera Los Anillos de Poder, en que hay que rellenar muchos huecos de apuntes e ideas sueltas que dejó J.R.R. Tolkien. Muy vistosa, tuvo su relativa buena acogida, pero las temporadas avanzan despacio, no hay expectación. Siguiendo con la idea de agarrarse a cosas que no se han visto en pantalla, surgió un anime, La guerra de los Rohirrim, aunque parece que el plato gordo viene con La caza de Gollum, donde, al revés que en Harry Potter, se ha hecho un esfuerzo por recuperar a actores originales, concretamente los que interpretan al propio Gollum/Smeagol, Andy Serkis, más los de Frodo, Elijah Wood y Gandalf, Ian McKellen. Y Viggo Mortensen porque declinó ser Trancos/Aragorn, que si no ahí le teníamos. En fin, la cosa sigue la estela de las películas de superhéroes y Star Wars, y si acaba habiendo sobreexplotación insoportable, el tiempo nos lo dirá.

Pocas novelas conocen tantas versiones como “Los miserables”, de Victor Hugo, pero aún hay espacio para más, este año se estrenó una donde no aparece Javert, tan atrás se queda, Los miserables: El origen nos muestra a Valjean redimiéndose y punto; y está prevista otra versión.

Y en fin, los puristas están de enhorabuena. Porque cuando poco después de triunfar como novela “La casa de los espíritus” de Isabel Allende, llegó una coproducción internacional con estrellas de Hollywood que no parecían muy latinas, Meryl Streep, Jeremy Irons, Glenn Close y Winona Ryder, entre otros, aquello no les satisfizo. Ahora podrán ver algo más largo, una miniserie en español de Prime, que tal vez les guste, tal vez no, ya se sabe que el realismo mágico mostrado en pantalla suele tener acogidas tibias, que se lo digan si no a Netflix y Cien años de soledad.

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