El tango ya no tiene pista de baile en París. En esta ciudad, donde hasta los escándalos tienen cierto savoir faire, la prestigiosa Cinémathèque française ha decidido bajarle el telón a la proyección de "El último tango en París". ¿El motivo? Las protestas por la infame escena de violación rodada sin el consentimiento de Maria Schneider, que tenía solo 19 años durante el rodaje.
“Somos un cine, no una fortaleza. No podemos arriesgar la seguridad de nuestro personal y nuestra audiencia”, declaró Frédéric Bonnaud, director de la Cinémathèque. Vamos, que aquí el tango se quedó sin pista de baile porque las amenazas empezaban a sonar más fuerte que la banda sonora. ¿La decisión? Cancelar y dejar que la polémica se enfríe... si es que eso es posible.
El filme de 1972, dirigido por Bernardo Bertolucci y protagonizado por Marlon Brando, iba a proyectarse como parte de un ciclo dedicado al actor. Pero claro, intentar pasar por alto el contexto hoy en día es como intentar bailar con dos pies izquierdos: imposible no pisar algún callo.
En teoría, la escena de El último tanto en París, fue “simulada”, pero no para Maria Schneider, que declaró años después que aquello había sido una auténtica violación emocional, y tuvo que lidiar con el trauma, el estigma y años de adicciones.
La estrategia del director, dicho por él mismo, fue “una decisión artística” para captar una reacción genuina. O lo que es lo mismo: arte con A de abuso. Aunque Bertolucci aseguró sentir “culpa”, también añadió que no lo lamentaba.
Quien no se quedó callada fue la actriz y activista Judith Godrèche, que con el látigo bien afilado del #MeToo francés, publicó en Instagram:
—“Querida Cinémathèque, ya es hora de despertarse y devolverle la humanidad a una actriz de 19 años comportándose de manera humana”.
La cancelación, además, llega en un momento que es todo menos oportuno. Entre el juicio al director Christophe Ruggia por abuso a la actriz Adèle Haenel y el mediático caso Pellicot, la atmósfera en Francia no está precisamente para aplaudir decisiones artísticas de dudosa moralidad.
Al final, la Cinémathèque decidió no jugársela. Porque, como decía mi abuela, "si ves que el tango viene torcido, mejor te quedas sentado".
