El cine de animación ha vuelto a hacer historia. El Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2026 ha sido concedido al Studio Ghibli, la legendaria factoría japonesa de animación que, durante cuatro décadas, ha redefinido el lenguaje del cine dibujado a mano y lo ha elevado al rango de arte universal. Se reconoce al estudio japonés, fundado por Hayao Miyazaki e Isao Takahata, por una filmografía que ha marcado a generaciones con títulos como “Mi vecino Totoro”, “El viaje de Chihiro” o “La tumba de las luciérnagas”
El jurado ha destacado su capacidad para “crear un puente cultural que une a personas de diferentes orígenes y transmitir valores atemporales como la amistad, la empatía y el respeto”, una definición que encaja con precisión en el universo poético, melancólico y profundamente humano del estudio.
Detrás de este reconocimiento se encuentra una historia que empieza en 1985, cuando dos figuras ya fundamentales de la animación japonesa —Hayao Miyazaki, de 85 años, e Isao Takahata (fallecido en 2018)— decidieron fundar su propio estudio tras años de trabajo en la industria televisiva y en el histórico Toei Animation. Su paso previo por series como Heidi ya dejaba entrever una sensibilidad narrativa poco habitual en la animación de la época.
De esa independencia creativa nació Studio Ghibli, un sello que pronto se convirtió en sinónimo de excelencia. Películas como Mi vecino Totoro (1988), La tumba de las luciérnagas (1988), Porco Rosso (1992), La princesa Mononoke (1997) o El viaje de Chihiro (2001) consolidaron una filmografía donde lo cotidiano convive con lo fantástico, y donde la naturaleza, la infancia y la pérdida son temas recurrentes.
Precisamente El viaje de Chihiro, de Hayao Miyazaki, supuso un punto de inflexión internacional: no solo ganó el Óscar a la mejor película de animación, sino que se convirtió en la primera cinta del género en alzarse con el Oso de Oro en Berlín, abriendo definitivamente las puertas del prestigio internacional a la animación japonesa.
Según destaca la Fundación Princesa de Asturias, el cine de Studio Ghibli “encuentra belleza en lo cotidiano y convierte los momentos de calma y contemplación en una parte esencial del relato”, además de subrayar la fuerza de sus protagonistas femeninas, caracterizadas por su complejidad, autonomía y evolución emocional.
La relación entre Hayao Miyazaki y Isao Takahata se basaba más en el respeto profesional que en la afinidad personal. Mientras Isao Takahata firmó obras de una hondura dramática excepcional como La tumba de las luciérnagas, Hayao Miyazaki fue construyendo un universo propio con títulos como Nicky, la aprendiz de bruja, El castillo ambulante o Ponyo en el acantilado, hasta llegar a El chico y la garza (2023), su último trabajo estrenado y galardonado con su segundo Óscar.
El reconocimiento del Princesa de Asturias se suma a una larga lista de distinciones internacionales, entre ellas la Palma de Oro de Honor en Cannes o el Premio Donostia concedido a Hayao Miyazaki en San Sebastián, consolidando el estatus del estudio como una de las instituciones culturales más influyentes del cine contemporáneo.
Mientras tanto, Hayao Miyazaki —ya convertido en una figura casi legendaria— continúa trabajando en nuevos proyectos desde su retiro activo en Japón, fiel a una filosofía artesanal del cine que ha convertido a Studio Ghibli en mucho más que un estudio: una forma de mirar el mundo.
