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Las risas y el cine en euskera irrumpen en la competición

San Sebastián 2017, día 24: el gigante guipuzcoano y la comedia que podía ganar una Concha de Oro

Algo pasa con las comedias, que nunca son consideradas dignas de llevarse un gran premio de cine, son la excepción las películas de este género que ganado el Oscar en la principal categoría o que han triunfado en los festivales. “C'est la vie” de Éric Toledano y Olivier Nakache podrían romper la tendencia. Aunque tengan que vérselas con un gigante guipuzcoano.

San Sebastián 2017, día 24: el gigante guipuzcoano y la comedia que podía ganar una Concha de Oro

De entrada cae simpática Handia, una saga familiar basada en hechos reales acaecidos en el siglo XIX, la historia del gigante de Altza, de nombre completo Miguel Joaquín Eleizegi Arteaga (1818-1861). Detrás está una pareja de directores, Jon Garaño y Aitor Arregi, que ya tuvieron una película en competición en San Sebastián, Loreak, como ésta rodada en euskera. Aquí estructuran la narración episódicamente, arrancando con las guerras carlistas y el alistamiento forzoso de uno de los hijos de la familia Eleizegi. Hay que escoger entre Martín y Joaquín, los mayores, y acaba yendo al combate el primero, quien a su regreso va a descubrir que el otro se ha convertido en alguien de desmesurada estatura, más de dos metros veinte, y creciendo. En un contexto de pobreza, en que no resulta fácil sacar adelante el caserío familiar, la propuesta de un empresario local, José Antonio Arzadun, para exhibirlo como fenómeno de feria, resulta muy tentadora. Y en efecto, empiezan a llover los ingresos, con motivo de las giras por distintas ciudades, españolas y europeas. Pero no faltan por desgracia las situaciones humillantes, y ciertas rencillas.

handia1Tiene algo de legendario la trama, y el esfuerzo de producción es importante. El paisaje rural de los valles y montañas deviene en un personaje más, e ideas como el deseo de prosperar, que choca con la realidad que impide hacer lo que uno quisiera, sirven para estructurar la narración. Pero ésta resulta algo deslavazada, con una relación entre los hermanos que podía estar mejor armada, o convirtiendo en secundaria los planteamientos de uno y otro para formar su propia familia; también se peca de reiterativo en los momentos de presentación circense. Hay momentos mágicos, como el encuentro de Joaquín con otro gigante, e incluso con una mujer algo más baja que él. Pero algo falla cuando a las personas les toca interactuar, una falta de entendimiento que no es sólo la que podría formar parte de la narración, por la rareza del gigante, sino algo que no se ha logrado contar, o eso, me parece. Eneko Sagardoy hace un meritorio trabajo como el “gran hermano”, pero resulta menos expresivo y más distante Joseba Usabiaga.

Empieza la fiesta

¿Cuál es el colmo a la hora de traducir el título original de una película? Cambiarlo y no traducirlo, conservando el idioma punto de partida. Será por eso del acento circunflejo que se menciona en uno de los muchos gags del film... Le sens de la fête, “El sentido de la fiesta”, que en España se conocerá como C'est la vie, “Así es la vida”, viene a demostrar que Intocable no fue un espejismo a la hora de ofrecer un comedia bien orquestada. Punto clave de la carrera de Éric Toledano y Olivier Nakache, que enganchó con todo tipo de públicos, y ha dado pie hasta la fecha a dos remakes, la pareja de directores decepcionó un tanto con Samba, que quería presentar un punto más dramático. Sin embargo aquí logran algo muy difícil, una comedia coral con un timing perfecto, amable como la que les dio fama, y donde los gags nunca se detienen y nunca agotan. Si el jurado no se pone serio y plúmbeo con la idea de que el cine sesudo e intelectual es el único que merece la Concha de Oro, debería anotar esta película como una opción, al menos de momento es lo más logrado que se ha visto en la sección oficial.

fete2El film narra los preparativos de una boda de alto copete, principalmente y sobre todo desde el punto de vista de sus organizadores, la logística para que sea una velada perfecta, una auténtica fiesta. Lo que no significa que los novios y su familia no tengan una cierta presencia. En tal sentido podríamos ver el planteamiento al estilo de las populares series Arriba y abajo, y Downton Abbey, aunque como vengo diciendo, la preponderancia se concede a los planificadores, animadores, camareros, fotógrafo, etcétera, y a los obstáculos y desafíos que se les presentan durante el festejo: un novio pelma y perfeccionista, que quiere dar un gran e interminable discursos, las desavenencias sentimentales del jefe de la empresa, que debería dar por acabado su deteriorado matrimonio para oficializar su amor con una de sus empleadas, el fotógrafo que debería preguntarse por qué sólo le llama a cubrir bodas una única persona, etcétera, etcétera.

Estamos ante una trama ligera y divertida, que no pretende desarrollar grandes filosofías, pero que invita a reírse de uno mismo, y afrontar las dificultades de la vida con buen ánimo, todo se puede sortear, incluso una intoxicación alimentaria o que los planes sorpresivos del novio no salgan exactamente como los tenía prevista. Con sentido positivo y optimista, de fiesta, se puede concluir que la vida es bella. El reparto es excelente, pero no quiero dejar de destacar a Jean-Pierre Bacri, muy, muy convincente como jefe capaz de abordar los problemas laborales, siempre ayudando a todo el mundo, pero que en lo personal no sabe muy bien cómo actuar.

Mi gran marcianada griega

lovemenot1En todo festival que se precie hay películas “marcianas”, en que se juega con lo raro y lo malsano, una forma de romper el saque al público y tal vez de apasionar al crítico en busca de algo “diferente”. En este terreno es bastante experto el griego Yorgos Lanthimos, quien parece haber encontrado una suerte de aventajado discípulo en su compatriota Alexandros Avranas a la hora de plantear Love Me Not. Este director ya ganó un León de Plata en Venecia por la dirección de Miss Violence, y en San Sebastián seguro que no piensa irse de vacío.

¿Cine negro griego? ¿Gusto por el sadomasoquismo y lo perverso? ¿Una constatación de que el ser humano es incorregible, no hay espacio para el amor? ¿Una crítica a lo artificioso e inhumano, de lo que la maternidad subrogada es botón de muestra? Un poco hay de todo eso en una trama de pocos y lacónicos personajes, donde nada es lo que parece, pero en el fondo sí que lo es. Un matrimonio ha acudido a una jovencita para que les haga de vientre de alquiler, y mientras dure el embarazo, vivirá con ellos en su espléndida mansión. Pero se produce un terrible accidente, la esposa muere en su coche carbonizada y, qué casualidad, hay un seguro de por medio. Con estos mimbres se ofrece una deprimente parábola sobre la condición humana, con momentos agotadores, sobre todo cuando una mujer es tratada, o mejor, maltratada, literalmente, como un perro.

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