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Reportajes

Últimas películas a competición en el festival

Día 26: "La hija de un ladrón" y "Rocks", mujeres que toman las riendas de sus vidas

Hoy termina la presentación de las películas que optan a la Concha de Oro. Se deja pues margen para que Neil Jordan y compañeros del jurado digieran lo que han visto, y decidan qué películas merecen premio. A las que habían visto deberán sumar dos títulos protagonizados por mujeres jóvenes, y con mujeres directoras detrás, “La hija de un ladrón” y “Rocks”.

Las dos últimas películas en liza por la Concha de Oro tienen unos cuantos puntos en común. Ambas están dirigidas por mujeres, Belén Funes y Sarah Gavron, y sus protagonistas deben afrontar la dureza de la vida, asumir responsabilidades que han llegado demasiado pronto. Y con frecuencia la ayuda tarda en llegar, si llega, o cuesta aceptarla, si se acepta.

Seguir adelante, cueste lo que cueste

La hija de un ladrón es una película naturalista, de ésas que siguen la estrategia de que el espectador las vea como si las hubiera pillado empezadas, lo que le obliga al ejercicio de hacerse cargo de la situación de los personajes. Seguimos a Sara, de 22 años. Con trabajos precarios como limpiadora, aunque el de ayudante de cocina en un restaurante podría ser prometedor. Tiene un bebé. Y un hermanito pequeño. Está soltera, aunque a veces ve al padre de la criatura, con quien querría compartir la vida (pero él no). Un día se topa con un señor mayor. Resulta que es su padre, y que acaba de salir de la cárcel, parece ser que fue condenado por ladrón. Intenta acercarse a ella, pero la otra guarda la distancias. Incluso, con su abogado, está intentado hacerse con la custodia de su hermano.

hija2Prometedor debut en la dirección de Belén Funes, también guionista con Marçal Cebrián, con quien ha rodado algunos cortos. Logra el que parece su principal propósito de “cinema verité”, atrapar las vicisitudes de personas corrientes con mala fortuna, que luchan por salir adelante. Siguiendo las pautas de no dar todo mascado al espectador, se apunta a que el padre de Sara podría haberla maltratado en el pasado, y que por eso lleva un aparato para la sordera, pero como todo en la narración son apuntes sutiles, sugerencias para que el espectador se haga su composición. Hace falta “buen oído”, si se nos permite el símil, para adivinar el porqué de algunos comportamientos y actitudes. Y puede cansar el ritmo lento, algo cansino, de la película. Eso sí, se agradece que no se nos trate de vender moralina, y que se muestren sin complejos cosas tan normales como el repaso que Sara hace con su hermano del padrenuestro, antes de hacer la primera comunión, o la alegría de los compañeros de trabajo cuando a otros les hacen, por fin, un contrato.

En el campo interpretativo, lleva bien el peso de la narración la protagonista Greta Fernández, presente en casi todos los planos y que trabaja por primera vez con su padre, el también actor Eduard Fernández, que hace precisamente el rol de su progenitor.

Fuerte como una roca, pero no tanto

Sarah Gavron ha mostrado sobradamente su interés por las historias protagonizadas por mujeres, en la valiosa Brick Lane, y en la más convencional, basada en hechos reales, Sufragistas. Ahora en Rocks nos ofrece una trama de corte realista, pegada a la vida misma, construida alrededor del personaje de Rocks, cuyo nombre auténtico es Shola, una adolescente de origen nigeriano que debe ingresar demasiado pronto en el mundo de los adultos, cuando un día llega a casa y se encuentra con una nota de su madre quien, deprimida, ha dejado el hogar, quiere tomarse unos días de respiro.

Rocks1De pronto esta jovencita que en un colegio de chicas londinense –sí, sólo de chicas, algo normal en el Reino Unido, y no se trata de una escuela elitista ni nada por el estilo– debería estar planteándose su futuro, qué estudiar, si podrá trabajar de maquilladora, algo que se le da muy bien; a quien han aleccionado para tomar precauciones para no quedarse embarazada; esta joven, maja, normal y corriente, debe asumir funciones de madre, pues le toca ocuparse de su hermanito Emmanuel; su esperanza es que la madre auténtica vuelva pronto a casa, y entretanto debe ser cauta, porque si los servicios sociales se enteran de la situación, se harán cargo de los hermanos, serán enviados a un hogar de acogida, y tal vez deban vivir separados.

Gavron cuenta su historia con sensibilidad, que no con sensiblería. Sabe describir la amistad de la protagonista, estupenda Bukky Bakray, con sus compañeras de clase, que conforman un mosaico multicultural, y que se preocupan por ella y la ayudan. Al mismo tiempo pinta bien la tendencia a construirnos muros, creer que nos las podemos arreglar solos, no queremos la compasión o la lástima de los demás, e incluso se puede herir a los que tratan de echar una mano. El toma y daca de la amistad, el amor ofrecido gratuitamente y a veces no bien entendido, se muestra en este grupo de chicas; y tiene una cara fea con Roshé, la chica recién llegada al colegio, y a la que Rocks acoge a pesar de sus rasgos conflictivos, aunque también surge la tentación de aprovecharse de ella, lo que puede tener consecuencias, interiormente en primer lugar, la amarga decepción, pero también en el exterior, es el poder y la rápida difusión de las noticias en las redes sociales.

Gran mérito de Gavron, que ha coescrito el film con Theresa Ikoko, reside en que lo que vemos suena a auténtico, no a impostado. No hay demonizaciones absurdas hacia las soluciones que ofrece el estado ante situaciones como las que padecen Rocks y su hermano, y a la vez se entiende el modo de proceder de la chica, y de sus amigas. La mirada es realista, y a la vez optimista, una apuesta por el aprendizaje vital, donde es bueno ser una roca, pero tal roca aguante cuando cuenta con la ayuda de personas que la quieren.

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