Arnold Schwarzenegger lleva varias semanas ocupadísimo supervisando la extinción de los incendios que asolaron California, el estado del que fue nombrado gobernador. Ahora, ‘Gobernator’ intenta solucionar otro gran desastre, la huelga de guionistas de cine y televisión que comenzó la semana pasada.
Determinación no le falta al protagonista de Terminator, pues el lunes se reunió con los principales líderes del Sindicato de guionistas (WGA) para ofrecerse como mediador entre ellos y los representantes de los grandes estudios. Al día siguiente, el actor habló por teléfono con algunos ejecutivos de las productoras.
“El gobernador está muy interesado en que acabe la huelga cuanto antes”, explicó Aaron McLear, portavoz oficial de Schwarzenegger. “Su objetivo es intentar determinar qué puede hacer el estado de California para ayudar a que haya una resolución feliz del conflicto”.
McLear no especificó exactamente con qué ejecutivos ha hablado Schwarzenegger, ni de qué temas. El periódico Los Angeles Times reveló que en la reunión del lunes con representantes de WGA estuvieron el presidente del sindicato en la zona oeste, Patrick Verrone, y David Young, principal negociador.
A los pocos días de empezar la huelga, Schwarzenegger ya había realizado declaraciones manifestando su preocupación, sobre todo por sus efectos económicos en los estudios y en los guionistas. Su portavoz, McLear, comentó que el gobernador tiene todavía lógicamente muchos amigos en la industria del cine. “Se ha cumplido una semana de la huelga, y él ha pensado que es el momento más apropiado para ayudar”.
Por otro lado, el Sindicato de Guionistas Británico (WGGB) tiene previsto mostrar su solidaridad con sus colegas estadounidenses, en el curso de la entrega anual de sus premios, que tendrá lugar el domingo. “No queremos que la huelga continúe, pero puede ser una buena oportunidad para que el mundo sepa que los escritores existimos y que se nos debe recompensar con justicia por nuestro trabajo”, declaró Anne Hogben, secretaria general.
La huelga cumple diez días, sin esperanzas para que se solucione pronto. Ambas partes están empezando a endurecer su discurso, y a descalificar duramente a sus rivales.
