A pesar de que Geraldine Chaplin presenta una película de terror, el ser humano que hay detrás de la actriz está lleno de vitalidad, alegría, espontaneidad y energía. Avatares de la vida hicieron que esta entrevista se realizara sentadas en el suelo. Un lugar perfecto para mostrar a la verdadera Geraldine, una mujer veterana y llena de experiencia que no ha perdido la ilusión ni la frescura de una niña.
Le voy a hacer una pregunta que seguro que nadie le ha hecho. ¿Cómo ha sido trabajar con su hija Oona?
Ah! (risas). Me lo sé de memoria (risas), palabra por palabra. La verdad es que yo estaba paralizada, con palpitaciones, pánico, asustadísima, de trabajar con ella. Temía que se olvidara sus frases. Y de repente me dije, por favor, si esta chica es una actriz que ha hecho muchísimo teatro, ha hecho giras por todo el mundo interpretando a Shakespeare. Y luego la vi en el set de rodaje; la explosión de vitalidad que ella tiene ya no estaba. Se había transformado en una cosita así tímida. No era mi hija, era el personaje. Es una gran actriz porque bajar la energía es algo muy difícil. Es más fácil encenderla que disminuirla, y ella estaba ahí, toda sosita, tan metida en el papel. Entonces ha sido un placer y un orgullo.
También usted ha tenido que renunciar a su vitalidad y alegría para encarnar a la fría condesa Orsini.
Sí. Ha sido muy divertido porque también es un personaje que tiene mucho de fantástico y entonces una tiene más libertad. La imaginación puede usurpar a la razón. Puedes hacer las cosas de forma más exagerada. Y bueno, es un ser humano y cada ser humano es un mundo fascinante. Rascas un poco y encuentras cosas horribles y cosas buenas.
¿Con qué se queda de Charlot y con qué de Charles Chaplin?
El héroe de mi vida es Charlot. No es una persona de verdad pero ha sido siempre mi héroe por todo. Por su dignidad, por su malicia, etc. Y en cuanto a Charles Chaplin, con lo que me quedo de él y lo que más he admirado de él, es que nunca cambió de chaqueta políticamente y su enorme disciplina. No lo tenía nada fácil, la musa no se lo ponía fácil. Me acuerdo de él sentándose todos los días delante de un papel en blanco. A veces no salía nada pero él se quedaba allí todo el día. Soy testigo de eso. Luego ves sus películas y parece que sale todo con una facilidad grande. Ésa era la apariencia. Su disciplina fue un gran ejemplo para mí.
Hablando del pasado, su carrera comenzó como bailarina de ballet. Casualmente, Pedro Almodóvar le contrató hace unos años para que fuera profesora en Hable con ella. ¿Qué conserva de aquella época?
El ballet me dejó, porque era como un novio, fue mi primer amor de verdad. Siempre digo que me dejó él a mí porque yo no era muy buena. En mi cabeza era fantástica, o sea, yo bailaba divinamente, era mejor que la Margot Fonteyn, pero el cuerpo no me seguía. De repente no tenía trabajo en el ballet y entonces la sensación fue como la del primer novio que te deja, que no lo olvidas pero lo detestas. No podía ver un ballet en televisión, la apagaba. Nunca he hecho una barra desde los 20 años, lo odiaba. Y entonces, qué absoluta ironía de la vida, me llama por fin mi admirado y adorado ídolo Pedro Almodóvar y me dice que tiene un papel... ¡es de una profesora de baile! Así que tuve que volver a aprender el lenguaje del ballet y fue una especie de catarsis. Ahora me dan ganas de pegarme un tiro en la cabeza porque nunca he visto a Pina Bausch y acaba de morir. Todos esos años de rencor contra el ballet. Ahora pongo la televisión y lo veo, me encanta.
De vuelta al cine, recientemente le vimos en otra película de terror, El orfanato. ¿Como espectadora le gusta el género?
No, porque me da miedo. Es que simplemente no voy a ver esas películas porque no quiero alimentar mis pesadillas, de verdad. Pero las películas que estoy obligada a ver porque he trabajado en ellas –hay que ser profesional– las veo. Me dan miedo, El orfanato me dio muchísimo miedo la primera vez. Luego cuando sé dónde vienen los sustos, los ascos y los saltos, entonces lo disfruto.
Con más de cien títulos en su filmografía, ¿hay algo que le apetezca hacer especialmente?
Sí, claro que hay porque cualquier personaje al igual que cada ser humano, es distinto. Esta profesión nuestra supone un estudio del ser humano muy interesante y algo deprimente a veces. Me gustaría hacer más comedia que es lo más difícil.
¿Y qué tal algo de acción en una película estilo Bruce Willis?
Yo no sé si el chasis me da ya para eso. ¡Ah, espera!, terminé una película la semana pasada donde hice trapecio a una altura enorme y sin red. Cuando me dijeron si sabía hacer dije que sí, claro que sí... Mentí (risas). Mi personaje es una vieja diva que es malvada, pero se cree todavía la persona más maravillosa del mundo.
En Imago Mortis muchos de los personajes son crueles y se rigen por “el fin justifica los medios”. ¿Alguna vez en su vida ha cedido y ha hecho algo que sabía que estaba mal por conseguir su meta?
No. La vida ha sido muy generosa conmigo, he tenido muchísima suerte con todo lo que me ha ofrecido. He tenido que luchar pero más bien como un erizo, con las púas siempre abajo, pero no he tenido la oportunidad de sacarlas.
Leticia Dolera:
Leticia Dolera es una apasionada del género de terror que ha disfrutado de lo lindo con su oscuro personaje de Imago Mortis. En su día a día el miedo no es ningún obstáculo y se atreve con todo. Ahora mismo da los toques finales a su debut como directora del cortometraje Lo siento, te quiero.
Ahora mismo está presentando una película, pero también ha hecho televisión. ¿Qué prefiere, cine o tele?
Trabajar no tiene nada de malo, es siempre bueno. Para un actor lo malo es no trabajar. Me gustan los dos por igual. En televisión he tenido la suerte de trabajar en series que estaban muy bien, Al salir de clase, Hospital Central, Los Serrano, Guante blanco, etc. Han sido series de las que me siento muy orgullosa y afortunada de haber participado. Así que me encantaría seguir compaginando cine, televisión y hacer teatro.
¿Es de las que luego se ve en televisión?
Claro. Intento estar en casa el día que dan la serie en la que estoy. Lo veo para ver si voy bien, dónde estoy, hacia dónde tengo que tirar. Es la ventaja de la tele. Esto en cine no lo puedes hacer, una vez que la película está rodada ya no puedes ir modificando tu personaje.
¿En su tiempo libre es consumidora de series?
Sí, ahora estoy viendo y me gusta mucho True Blood. El otro día vi el final de Los hombres de Paco y estaba super bien. Y nada, estoy esperando a la sexta temporada de Perdidos.
¿Le gustaría trabajar en Perdidos?
Hombre, y a quién no. Me gustaría aunque fuera llevar el café.
¿Qué personaje le gustaría ser?
Ni idea, uno nuevo. Amiga de Hugo.
¿Imago Mortis es una película de terror, como espectadora le gusta el género?
Mucho, me encanta, el que más. El género fantástico en general es mi favorito. Me gusta porque la fantasía es algo que está en el ser humano y nos sirve muchas veces para plasmar cosas muy profundas que a lo mejor serían más difíciles de plasmar en un tono realista.
Ya que le gusta tanto el género, ¿en qué película le hubiera gustado participar?
Me hubiera gustado ser la niña de Déjame entrar.
Supongo entonces que el hecho de que Imago Mortis fuera una película de terror, sería un aliciente a la hora de aceptar el papel de Leilou.
Sí, el hecho de que fuera de género, que la película girara en torno a un aparato que puede retratar el momento de la muerte, que se desarrolle en una escuela de cine, rodar en Turín... Turín es una ciudad muy misteriosa, se dice que es satánica. Además el personaje tenía muchas capas, muchas caras. Dije que sí enseguida.
Ya que menciona el halo de misterio de Turín, ¿hay alguna anécdota terrorífica del rodaje?
Bueno, se dice que había un fantasma en el hotel que por las noches se paseaba y lo oíamos. Luego está el lugar de rodaje, que era un antiguo psiquiátrico donde había una iglesia. Cerca de la iglesia había un árbol y se dice que allí habitaba el “diavolo”.
Es joven, pero aún así ya tiene unos cuantos títulos a sus espaldas. ¿Qué le diría a la gente que empieza ahora?
Bueno, realmente siempre estás empezando porque cuando acabas un proyecto nunca sabes si te van a volver a llamar. Es una profesión muy inestable y tienes que tener mucha fe en ti misma y confiar en que te va a seguir saliendo trabajo. Así que a los que empiezan les diría que nunca pierdan la fe. Y en mi caso particular, aspiro a tener siempre la misma ilusión, pero no sólo en el trabajo, sino en la vida. Mi trabajo me ilusiona mucho, por ejemplo, ahora estoy haciendo la postproducción de un cortometraje que he dirigido.
¿Cómo ha sido su debut tras las cámaras?
Rodé el corto en mayo y estoy muy contenta porque ha sido una experiencia muy estimulante. Se llama, Lo siento, te quiero y me ha servido para aprender muchísimo del cine como persona y como actriz, me ha enriquecido mucho. Al principio sentí miedo antes de empezar por si no era capaz de gener entusiasmo en todo el equipo y de ser el capitán del barco. Luego cuando estás allí te sube la adrenalina y ya va todo bien.
¿Se reservó algún papel?
No, los protagonistas son Manuela Vellés y Antonio Barroso. Lo que sí es mío es el guión. Es una fábula romántica con toques de ciencia ficción.
¿Cómo nació el corto?
Nació por la necesidad de expresarme de una forma más personal. Como actriz eres una marioneta, que es muy bonito, pero eres un instrumento para que un director cuente una historia a través de ti, y me parecía arriesgado y estimulante colocarme del otro lado que tiene más responsabilidad pero también más libertad.
