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Reportajes

Festival San Sebastián 2009: Familia rota y horror bélico

Una de cal y otra de arena. La película francesa a concurso Trazando planes para Léna comienza como una historia reconocible, pero enseguida pierde el rumbo. En cambio Ciudad de vida y muerte es una vibrante mirada épica a una página de la historia china reciente.

Segunda película francesa a competición. Trazando planes para Léna es un film altamente desconcertante, cuyo principal problema es su falta de un rumbo claro, no sabemos adónde vamos, aquello podía acabarse en cualquier momento. Describe los problemas de Léna, madre de dos niños y en trámites de divorcio de su esposo Nigel. Se dispone a pasar el fin de semana con los críos en la casa de sus padres, donde también estarán sus dos hermanos. Y se encuentra con que sus seres queridos tratan de organizarle la vida sin contar con ella, buscándole trabajo, o convocando a su ex marido para que se ocupe de los niños. Lo que a Léna irrita profundamente, aunque lo cierto es que revela una gran inmadurez.

De entrada, la película parece muy francesa en sus elementos arquetípicos: la campiña, mujer protagonista en crisis, elementos tragicómicos... Pero la narración se pierde en divagaciones, que no se sabe a qué vienen: el viaje de los padres a Roma, el joven que quiere ligar con ella, y sobre todo, auténtico disparate, el cuento del niño Anton, una secuencia de casi diez minutos con fabulilla y bailes regionales, capaz de desconcertar a cualquiera. No sabemos realmente que ha visto el Festival en Christophe Honoré, de quien ya seleccionó el pasado año La belle personne, otra película sin demasiado interés.

El horror

El cine chino arroja luz a una página de su historia reciente, las tribulaciones de la ciudad de Nanjing cuando fue ocupada por Japón en diciembre de 1937. Lu Chuan maneja en la notable superproducción Ciudad de vida y muerte un enorme lienzo de imágenes en blanco y negro servidas en gran angular, para pintar el horror de la guerra, de un modo que inevitablemente recuerda a La lista de Schindler. Como en el film de Steven Spielberg, somos testigos de los padecimientos de las víctimas –los chinos–, la crueldad brutal de los ocupantes –los japoneses– y la humanidad que va siendo progresivamente minada de un soldado nipón. En tal tesitura se nos presentan múltiples personajes, ninguno puede decirse que sea un protagonista absoluto, la meta es entregar un cuadro que permita hacerse idea de los horrores acontecidos en Nanjing. El telón de fondo es la escombrera en que se ha convertido la ciudad, donde los prisioneros son ejecutados sin contemplaciones; la zona de seguridad internacional pronto va a convertirse en algo muy parecido a un ghetto, pues la influencia del enlace alemán está a punto de desaparecer.

El director pinta con realismo el descenso a los infiernos en que deriva cualquier conflicto bélico, donde la dignidad de la persona cada vez cuenta menos, no se respeta la vida, y en el caso de las mujeres la humillación pasa por la denigración sexual. Hay no obstante cierto aliento épico, gracias a ciertas actitudes valientes y muy orientales de los personajes, listos para el sacrificio.

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