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Cannes 2010, Día 3: Panfleto contra Berlusconi y la crisis según Stone

Siguen llamando más atención en el festival las películas fuera de concurso que las que compiten por la Palma. Así, llegó la polémica Dr'Aquila, la Italia que tiembla, ataque sin piedad a Silvio Berlusconi, y la interpretación de Oliver Stone de la crisis económica, a través de su inolvidable Gordon Gekko.

Cannes 2010, Día 3: Panfleto contra Berlusconi y la crisis según Stone

Tiembla, Berlusconi, tiembla

Sabina Guzzanti, lo sabemos desde Viva Zapatero, tiene una aversión particular hacia Silvio Berlusconi. Ella misma no elude el término “odio”. Por ello, tomándose un poco por Michael Moore, vuelve al ataque del Presidente del Consejo italiano. Su película se centra en los acontecimientos que rodearon el terremoto que destruyó una parte importante de la ciudad de l’Aquila. De ahí el juego de palabras del título de su película, que evoca el nombre de Drácula, vampiro que vive de la sangre de sus víctimas. Guzzanti pretende encontrar una explicación a que un “monstruo” tal gane las elecciones democráticas en un país occidental. La respuesta no es convincente.

La omnipotencia en los medios de comunicación no lo explica suficientemente –en Francia sería más bien un elemento adverso–, quizá seria mejor buscar del lado de las propuestas de la izquierda, que no llegan a movilizar a los adversarios de Burlusconi. En todo caso, si algunas críticas que contiene la película pueden ser en parte discutidas, parece excesivo llegar a conclusiones tan exageradas que harían creer que el terremoto era esperado, con la precisión de la llegada de un tren. y que no se habían puesto los medios para salvar las vidas humanas. Al mismo tiempo, Guzzanti atribuye a los servicios de Protección Civil del Departamento del Estado un papel de ‘invasores’ casi ultraterrestres, al servicio de Berlusconi. Una conclusión mas propia de una película de ciencia ficción que de un documental sobre la realidad de un drama nacional. Estas exageraciones minan la justeza de ciertas críticas que son probablemente pertinentes.

Convencionalismo coreano

A menudo se pone de relieve la influencia del cine americano en la industria fílmica de Corea del Sur. Es cierto que este país se ha dotado en los últimos años de una industria poderosa. Quizá por esta razón The Housemaid (La sirvienta) podría recordar a una serie televisiva americana. En realidad se trata del remake de una película coreana de 1960 realizada por Kim Ki-young.

En ella se cuenta el caso de una familia riquísima, que vive en una casa lujosa, que podría ser californiana. La esposa espera el nacimiento de dos gemelos y por ello contrata a una joven sirvienta sin demasiados escrúpulos, que se transforma enseguida en amante del marido. Las cosas se complican cuando la sirvienta espera un hijo del marido adúltero. Todo en la familia se arregla con dinero, y así se pretende que la sirvienta aborte. Ello da sin pie a una serie de consecuencias dramáticas excesivas, que dan a la obra una carácter terriblemente convencional. Se añade además un fuerte carga erótica, que era mucho más discreta en la película original.

La dureza de las situaciones, su brutalidad, quizá se aceptaría más fácilmente en un medio tradicional que en el mundo supermoderno en el que la historia se desarrolla. Curiosamente, las primeras imágenes de la película parecen hablarnos de una Corea casi documental, que pronto será abandonada para encerrarnos en el marco sofisticado del relato.

La crisis según Oliver Stone

La penuria de películas americanas en competición acreciente el misterio de que Wall Street: El dinero nunca duerme sea presentada fuera de concurso, pero con todos los honores de gran acontecimiento. Es evidente que el productor Edward Pressman se ha agarrado la ocasión que le ofrecía la crisis de las Bolsas en 2009 para volver sobre el tema que hace 22 años condujo a Wall Street, la primera película de Stone sobre el tema de los mecanismos de la alta finanza.

El guión del antiguo “trader” Alallan Loeb ofrecía una excelente ocasión de tratar el tema, llamando una vez mas a Michael Douglas. La película tiene la pretensión, a través de ejemplos de ficción, de ofrecer una visión de conjunto de lo que ocurrio en Wall Street y en la economía mundial en 2009. Pero el cine de Hollywood sabe bien que es difícil hablar de temas económicos complejos sin añadir un conflicto humano. Este es representado por la salida de la cárcel de Gordon Gekko -el antihéroe de la primera película-, tras cumplir su condena. Su problema consiste en recuperar el afecto de su hija, que le hace responsable de ciertos dramas familiares, y que ha cortado toda comunicación con él. Hay que añadir que ella está prometida con un joven “trader” (Shia La Boeuf), en crisis tras el suicidio de su patron. El perdón de la hija y la reconciliación final no parecen metas fáciles.

Con su maestría habitual, claridad y eficacia, y cierta mirada positiva, Oliver Stone cuenta una historia compleja que mezcla hábilmente problemas de la economía mundial y problemas personales.

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