¿Fueron los asesinatos en Libia producto de la acción de una masa descontrolada o se planificaron a conciencia? ¿Es cierto que todo fue causado por una película provocadora o se trata de una mera excusa para ocultar una operación planeada? ¿Dirigió el film el judío americano de origen israelí Sam Bacile o no existe tal individuo? Nada es lo que parece en los desgraciados acontecimientos que han conmocionado recientemente al mundo.
El embajador de Estados Unidos en Libia, Chris Stevens, y otros tres civiles, han muerto tras el ataque al consulado en Bengasi. Al margen de que acciones violentas como ésta son totalmente reprobables y no existe excusa justificada, el desgraciado suceso ha reabierto el debate sobre el uso irresponsable de la libertad de expresión en el cine, y sobre la influencia del Séptimo Arte en la población.
Como informó el gobierno libio en un primer momento –ahora no se sabe a ciencia cierta–, la turba que atacó salvajemente el consulado estadounidense en ese país –otra similar se lanzó contra el situado en Egipto– estaba enfurecida por el tráiler de la película La inocencia de los musulmanes (Innocence of Muslims), rodada presuntamente por un estadounidense, un tal Sam Bacile, que colgó el 2 de julio un tráiler de 14 minutos de duración en YouTube. Éste también había sido difundido por diversas cadenas televisivas salafistas radicadas en El Cairo, como Al Nas, que cuentan con una audiencia masiva, y que han sido las que realmente han encendido la chispa explosiva.
Dudas a mansalva
En primer lugar, la administración Obama sostiene que el ataque no se produjo de forma espontánea, sino que se trata de una operación planificada previamente y llevada a cabo por profesionales. Sólo así el gobierno estadounidense se explica que los asaltantes consiguieran franquear los muros que rodean la representación diplomática tras cerca de un cuarto de hora de tiroteo.
Tampoco está nada claro que Sam Bacile sea realmente un judío estadounidense de origen israelí, residente en California, que trabaja como agente inmobiliario, como se dijo en un primer momento. Persisten las dudas sobre que el nombre sea real o un seudónimo y también sobre su nacionalidad. La agencia AP contactó por móvil el martes con un individuo que se identificó como tal, y sus declaraciones fueron difundidas por los medios. Pero ahora se cree que en realidad contestó el cristiano copto de California Basseley Nakoula, que niega este extremo, y afirma que conoce al auténtico Bacile.
Por su parte, el controvertido pastor protestante Terry Jones, conocido por sus amenazas de quemar ejemplares del Corán, que ha defendido el film, afirma que Bacile es un pseudónimo. Asegura que habló recientemente con el director y que le apoya y ha rezado por él.
¿Quién pagó el controvertido film?
En cuanto a la financiación de la cinta, varias fuentes aseguraban que ha sido pagada por grupos judíos. Sin embargo, el rabino Abraham Cooper, del centro Simon Wiesenthal de Los Ángeles, ha declarado que se trata de una intoxicación posiblemente falsa, y ha denunciado la poco fiable información de AP. "Si se demuestra que los judíos no están detrás de este film, se ha tratado de un libelo peligroso", comenta Cooper.
La cinta costó 5 millones de dólares, y contó con la participación de 59 actores aficionados y un equipo de producción reducido de 45 personas. Llegó a ser proyectada públicamente a principios de año en un cine de Nueva York. De calidad ínfima, según se puede comprobar en el tráiler, con interpretaciones pobres, y fondos superpuestos cutres, presenta a los musulmanes como ignorantes barbudos con mala baba que saquean viviendas de cristianos. Asímismo se atreve a mostrar al profeta Mahoma, ridiculizándolo y presentándolo como homosexual, mujeriego y pederasta. Aunque por supuesto no justifica ningún asesinato, su carga ofensiva contra cualquier creyente musulmán es innegable, y tiene el claro objetivo de provocar.
