Los Coloquios de Película organizados por Educacine están cuajando. La segunda edición, en torno al horror del holocausto, con la proyección de una excepcional cinta de Margarethe von Trotta y un invitado de excepción, Jon Juaristi, propició que la sala 1 del cine Palafox estuviera más que concurrida.
Ayer se celebró en el madrileño cine Palafox la II sesión de Coloquios de Película, iniciativa que bajo el paraguas Educine impulsan decine21.com y Magisterio. “El holocausto: ¿cómo pudo ocurrir?” era el tema suscitado por la película proyectada, Hannah Arendt (Margarethe von Trotta, 2013), a la que siguió un coloquio con Jon Juaristi moderado por José María de Moya, director de Magisterio.
La cinta describe los años en que Hannah Arendt se ocupó del juicio del criminal de guerra nazi Adolf Eichmann en Jerusalén, que dio pie a una serie de artículos en “The New Yorker”, además de su conocido libro “Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal”. Los escritos generaron una gran controversia en la opinión pública, el estado de Israel, y el propio entorno intelectual y familiar de Hannah Arendt, aunque ella siempre se movió guiada por el deseo de conocer la verdad, actuando como ser pensante, algo que consideraba primordial en cualquier ser humano.
El coloquio que siguió a la película con el actual Director General de Universidades de la Comunidad Autónoma de Madrid estuvo particularmente animado. Juaristi empezó proporcionando información sobre los numerosos personajes que rodean a Arendt en la película, todos auténticos miembros de la intelectualidad y grandes amigos de la filósofa. Y aludió al conocido pretexto de la obediencia debida para referirse a la criminal actitud de nazis como Eichmann, que en la película aparece como un burócrata que ha abdicado de su capacidad de pensar, más que como un monstruo.
Juaristi distinguió entre el tradicional antijudaísmo que existía en ambientes cristianos por cuestiones religiosas, que no era de naturaleza asesina, y el antisemitismo secular que no tiene ninguna consideración hacia la persona, motivo por el cual el exterminio no supone para él ningún problema. En tal sentido recalcó que las actitudes que no respetan la vida humana surgen con mucha más facilidad en los sistemas totalitarios, donde el individuo concreto carece de importancia.
Cuestiones como la conciencia y la actitud dialógica que Arendt plantea le parecen esenciales a Juaristi, que no dejó de aludir a “los imperativos categóricos de Kant” y los problemas que pueden plantear a la hora de actuar. El autor de obras como “El bucle melancólico” y “Cambio de destino” describió la perversa combinación que se daba en los nazis entre cierto refinamiento intelectual y un comportamiento chulesco y brutal, de una vulgaridad casi de matón. En las intervenciones de los espectadores no faltaron las alusiones a otros tristes comportamientos asesinos en el siglo XX e incluso a actitudes contemporáneas donde se renuncia a la tarea de pensar.
