Ha tenido que llegar un cineasta despierto, como J.J. Abrams, para rodar una entrega de la saga galáctica por antonomasia con la que no entren ganas de dormirse. Al final resulta que las peripecias de Jar Jar Binks y compañía tenían su sentido después de todo, ¡porque gracias a ellas ahora El despertar de la fuerza nos parece una obra maestra!
En el pase para los medios, los asistentes se murieron de risa cuando nada más apagarse las luces, al aparecer en pantalla la leyenda "Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana", un espontáneo gritó "¡Esta película ya la he visto!".
Pues resultó que el hombre dio en el blanco, porque el gran secreto de El despertar de la fuerza reside en que te retrotrae cual magdalena de Proust a la infancia. Los de mi quinta que sean también de Madrid recordarán la fachada del Real Cinema, en Ópera, donde aparecían las gigantescas figuras troqueladas de los personajes principales. Luke apuntaba hacia delante con su arma, que en el cañón tenía una luz que se encendía y se apagaba, como si disparase.
Tenía 5 años, pero todavía hoy recuerdo lo mal que lo pasé cuando el compresor de basura casi aplasta a aquella princesa tan simpática, al granjero esforzado, y al contrabandista sarcástico. Imagino que esta temprana experiencia explica que trabaje escribiendo pelis, para bien, o para mal (a veces deseo que me hubieran llevado mejor a visitar el edificio de la Bolsa).
El despertar de la fuerza no pretende innovar, sino repetir con frescura e ingenio la mayoría de elementos (y hasta el mismo esquema de guión), que convirtieron La guerra de las galaxias en un éxito en 1977. Uno puede sacarle alguna peguilla menor, pues por favor, no entiendo que se saque tanto a esos entrañables abueletes, sobre todo a la Princesa Leia, vestidos como en sus años mozos, que dan tanto el cante como si yo me hubiera vestido de colegial, con pantalones cortos.
Y me pregunto para qué sirve el 3D, que sí que permite que un Destructor en un plano parezca salirse de la pantalla. Pero es que eso ya pasaba en las pelis antiguas, ¿o no? Os aseguro que en mi niñez, durante la secuencia de apertura la nave de la princesa Leia pasó por encima de mí. O al menos así lo recuerdo. ¡Y sin necesidad de cansinas gafas!
La Fuerza ha acompañado a J.J. Abrams, que ha rodado varios films en uno, pues los nostálgicos tendrán lo que esperan, los neófitos vibrarán aunque jamás hayan visto nada de Star Wars, y al mismo tiempo se trata de un film muy personal. Si alguien ha leído, por ejemplo, mi reciente libro sobre este realizador, o conoce la figura del creador de Perdidos, atestiguará que responde a su concepción del cine como una caja de sorpresas (con muchas de ellas en su interior), y que cita como siempre (aquí da nombre a un cerro del planeta Jakku) a su abuelo Kelvin, que cuando tenía pocos años le descubrió la magia, y que las películas tenían que asombrar como los trucos de un prestidigitador. También aparece, entre los pilotos rebeldes, su inseparable amigo de la niñez, Greg Grunberg (sí, el poli de Héroes).
Ay, la infancia caldo de cultivo que marca tu destino.
