Desde que tengo uso de razón, siempre me han apasionado las películas de gangsters. Uno puede ser un tipo de lo más honrado, pagar sus impuestos, ayudar en el comedor de las monjas, pero se mete en el cine y se lo pasa como un enano cuando los mafiosos se pasan la ley a la torera o masacran a quien se interpone en su camino.
Sería el equivalente cinéfilo al empleado del mes, que sin embargo se mete en el estadio de fútbol y se pasa el partido gritando palabras malsonantes, que harían sonrojarse a los presos de una prisión turca.
"Para mí, ser gángster era muchisimo mejor que ser presidente de los Estados Unidos", comentaba Ray Liotta al principio de Uno de los nuestros, con cierta razón, pues pienso que entre Obama y Vito Corleone elegiría convertirme en el segundo, sin dudarlo. "Para mí, ser uno de ellos significaba ser alguien en un barrio lleno de don nadies. Ellos eran distintos a todos, me refiero a que hacían lo que les daba la gana: aparcaban en doble fila y nadie les multaba. En verano, cuando jugaban a las cartas toda la noche, nadie avisaba a la bofia".
Recuerdo que su personaje estaba abocado a la tragedia, pero mientras estaba en la cima, se lo montaba a lo grande. "Para nosotros vivir de otra manera era impensable, la gente honrada que se mataba en trabajos de mierda por unos sueldos de miseria, que iba a trabajar en metro cada día y pagaba sus facturas estaba muerta, eran unos pintamonas, no tenían agallas. Si nosotros queríamos algo lo cogíamos y si alguien se quejaba dos veces le dábamos tal paliza que jamás volvía a quejarse, era una simple rutina ni siquiera lo pensábamos".
¿Me molería a palos Ray Liotta por preguntarle lo que siempre he querido saber sobre su carrera? ¡Ésta semana ha visitado Madrid para presentar la serie Shades of Blue! Hemos tenido que ir a cazarle a la alfombra roja para consultarle por qué siempre coge personajes inquietantes y turbios. Pero... a pesar de su apariencia, el hombre parece majo, nos contestó sin problemas (todo sea que después nos haya mandado sicarios a la redacción de decine21).
Interpreta en esta producción el italoamericano a un jefe de policía, corrupto y oscuro, pero capaz de alguna cosa buena, por lo que Shades of Blue, que ahora se estrena en Calle 13, podría traducirse fácilmente como Matices de grises o algo así. Si alguien está un poco harto de que la moda sea dejar el título original, sobre todo en Netflix (sí, los responsables de House of Cards, esa serie que se podría llamar Castillo de naipes), puede firmar nuestra petición en change.org para que se molesten en traducir al español.
