Confieso que os he sido infiel a los apasionados del fantaterror, pero en vista del anquilosamiento de la sección de libros del género,
Confieso que os he sido infiel a los apasionados del fantaterror, pero en vista del anquilosamiento de la sección de libros del género, monopolizada por subproductos de zombies y vampiros enamorados, que es lo que está de moda, me fui a ver el resto de la tienda, y opté por leerme la última novela de Fernando Savater, al que le han otorgado recientemente el Premio Primavera con “Los invitados de la princesa”.
Resultó ser un homenaje a “Los cuentos de Canterbury, de Geofrey Chaucier y también a “El Decamerón”, de Bocaccio, pues mediante una excusa argumental (los invitados a un congreso cultural en una isla no pueden salir de la misma porque el tráfico aéreo se ha interrumpido por las cenizas vertidas por un volcán) se recopilan diversos relatos extraordinarios narrados en primera persona por los distintos personajes.
La gran sorpresa es que los cuentecillos de Savater se enmarcan todos en el género fantástico y terror. El autor acierta especialmente con el último de todos, en torno a una musculosa guardaespaldas que tiene que proteger a un ancestral vampiro que la lleva a ver una obra de teatro de su época, de William Shakespeare.
No, no me he vuelto loco al incluir en un blog de terror este libro, que incluye sentidos homenajes a autores de los que nos molan como M.R. James (el mejor autor de ‘ghost stories’) y H.P. Lovecraft. ¡Hasta tiene personajes que se matriculan en la universidad de Miskatonic!
A lo largo de las páginas, el autor arremete con mucho sentido del humor contra todo lo que se le ha ocurrido, como los nacionalismos (sí, muy bonita e importante la diversidad de idiomas, pero la lengua se creó para facilitar la comunicación, no para entorpecerla), los que babean con las últimas tecnologías pero olvidan que es absurdo considerarlas un fin en sí mismo, en lugar de un medio excelente para avanzar en las cuestiones importantes y eternas, etc. Hasta incluye a una madre que se inscribe en una web juvenil para vigilar lo que lee su hija; para hacerse pasar por adolescente, se ve obligada por las circunstancias a poner en la solicitud que su novela favorita es Crepúsculo. “¡Por Dios!”, exclama la bienintencionada mujer.
Aunque conocía perfectamente la pasión del autor por la cultura popular, intrigado tras acabarme este libro, he indagado sobre él, y he descubierto que comparte conmigo la afición a los juegos de rol. Eso me ha desconcertado aún más, pues como paso por ser un buen Guardián de los Arcanos en el lovecraftiano “La llamada de Cthulhu” (el mejor en el terreno del terror sin duda), no me imagino dirigiendo en una partida a un personaje de la talla intelectual de Fernando Savater, y pidéndole que tire dados de veinte caras.
En cualquier caso, queda abierta la invitación al ilustre filósofo para que se sume a una de nuestras sesiones. Pero aviso que jugamos en serio, a la luz de las velas y con piezas musicales sacadas de Hellraiser, para que me ayuden con la ambientación...
