Llega Halloween, la noche en la que los muertos se levantan de sus tumbas y se reúnen con brujas, vampiros y espectros para ir a tu casa, pero
Llega Halloween, la noche en la que los muertos se levantan de sus tumbas y se reúnen con brujas, vampiros y espectros para ir a tu casa, pero curiosamente no pretenden comerse tu cerebro sino que les des caramelos. En España no teníamos esa tradición, pero con tanta telecomedia yanqui se ha puesto de moda y ahora todos los años vienen niños en grupo a mi casa, lo que puede ser un problema porque con la crisis económica si te queda algo para comprar caramelos, lo mismo antes de que lleguen los chavalines te los comes porque no tienes otra cosa que llevarte al gaznate.
Menos mal que con la falta de costumbre de celebrar el Halloween por estos lares, y los recortes en los sistemas educativos los niños no se aclaran demasiado. Yo les engaño fácilmente cuando no me da la pasta para adquirir golosinas.
–Truco o trato –me dicen cuando les abro la puerta.
–Lo que vosotros queráis. Os dejo elegir a vosotros.
Suelen dudar durante un rato. Al menos los de mi barrio no tienen ni idea, y de hecho se pelean entre ellos porque unos argumentan que “tienes que decir trato”, y otros que “no seas idiota, no te enteras de nada, truco son los caramelos, trato es que le tiremos huevos a su casa”.
–Pues truco.
–Qué pena, si hubierais dicho trato ni os imagináis los suculentos dulces que tenía para daros...
Y entonces cierras la puerta. Se quedarán perplejos y confundidos, y volverán a discutir. “Te lo dije, tonta, era lo otro”. Al año siguiente volverán a intentarlo respondiendo lo contrario, pero tú puedes seguir argumentando que se han equivocado, pues total casi ni se acordarán de qué escogieron la vez anterior.
En Halloween a disfrazarse toca
Otro problema es que últimamente a todo el mundo le da por invitarte a su fiesta de Halloween, que es lo más de lo más. Pero claro, si estás totalmente ‘pelao’ con la que está cayendo lo llevas claro, pues no creo que te fíen en la tienda de alquiler de disfraces. Conviene aguzar el ingenio.
Si tuvieras algún disfraz de Carnaval que te haya sobrado por ahí resulta bastante fácil adaptarlo para la ocasión, cualquiera que sea la naturaleza del mismo. Sólo hace falta reconvertirlo un poco, en esencia 'zombificarlo'. Si es de indio, pues irás de indio zombie. Lo mismo es aplicable para los disfraces de policía, médico, bombero o lo que sea. Que tienes un vestido de lagarterana, pues te pintas la cara y puedes ser una lagarterana zombie, ¿Qué pasa que en Lagartera no se levantan los muertos de sus tumbas?
¿Que estás tan pobre que no tienes ninguno? Pues de zombie también. Si no tienes ni para maquillaje, puede resultar complicado caracterizarte de forma convincente. Pero si eres feo como yo no te hará ninguna falta (alguna ventaja tiene que tener que carezcas de encanto por decirlo suavemente). Todos tenemos en casa alguna camisa vieja (de hecho últimamente lo difícil es que te llegue la pasta para comprar alguna nueva). Sólo hace falta romperla un poco más de lo que ya esté, luego la mojas en agua con los pantalones que te vayas a poner y bajas al parque a llenarlos bien de arena, que parezca que acabas de salir del sepulcro. Cuando te vistas, corre a la nevera, coge el ketchup y échate por todas partes para que parezca que estás lleno de sangre de tus víctimas, pero no gastes todo el bote, que la cosa está muy chunga y lo mismo ese mes tienes que cenar salchichas más de una noche.
Todo el mundo suele tener una mochila en casa, cuanto más grande mejor. Si eres albañil, te la pones en la espalda sin quitarte el mono de trabajo y ya puedes decir que vas de uno de Los Cazafantasmas. Es fácil pintarrajearte en una cartulina el logotipo de la señal de prohibido el paso con espectro. Y para darle el toque maestro, coge la manguera de la aspiradora y la llevas en la mano. Alguno te puede reprochar que esa noche debes ir de espectro, no de cazafantasmas, pero siempre puedes argumentar que si las calles se llenan de fantasmas, alguien tendrá que ponerlos firmes, ¿no?
Otra idea para friquis del cine de terror. Una vez recorté unas cartulinas con formas de siluetas de pájaros. Luego le robé a mi prima una minifalda elegante tipo Tippi, o sea Tippi Hedren, y tras pegarme las aves de pega en los hombros, la espalda y las piernas iba por ahí diciendo que iba disfrazado de Los pájaros, de Alfred Hitchcock. Incluso encontré una estupenda peluca de rubia ‘hitchconiana’.
Lo malo es que cuando llegué a la fiesta en cuestión, la chica más guapa del lugar se acercó a mí y me dijo:
-Oye, te has confundido, hoy se celebra la fiesta de Halloween, no el Día del Orgullo Gay.
