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“The Butler”, la polémica tonta del año

Warner no aprende las viejas lecciones del pasado. Entiendo que cuando un título es genérico, como Crash , lo pueden utilizar diversas

“The Butler”, la polémica tonta del año

Warner no aprende las viejas lecciones del pasado. Entiendo que cuando un título es genérico, como Crash, lo pueden utilizar diversas películas y no pasa nada. No se puede querer registrar la palabra 'crash' (choque) como si uno la hubiera inventado. Otro gallo nos cantaría en el caso de los títulos que impliquen cierta creatividad como Mujeres al borde de un ataque de nervios. Pero Warner pretende que Lee Daniels le cambie el nombre a su nueva película, The Butler (El mayordomo), porque según alega la productora un corto suyo, de 1916, se titula igual. ¡Pues vaya chorrada! ¿Piensan acaso reestrenar este film mudo desconocido?

El pobre Daniels ha escrito una carta patética a Kevin Tsujihara, CEO de Warner, en la que juega la baza de la lástima. Puedo entender sus razones, pues ve peligrar su carrera, pero me parece muy mal que vaya por ahí.

Querido Sr. Tsuhijara:

He gastado los últimos cuatro años de mi vida trabajando en el film El mayordomo. Tengo el corazón roto y le escribo esta carta para decirle que he rodado la película para mostrar a mis niños, mi familia y mi país algunas injusticias cometidas contra los afroamericanos (...).

Tengo gran admiración por su estudio y por los films que ustedes hacen. Quisiera invitarle a ver mi película, el día y a la hora que usted quiera. Estoy seguro de que si lo hace reconsiderará su decisión.

Con todo el amor de mi corazón.

Lee Daniels

¿Esa es una carta para mandar a Warner cuando te tocan las narices con el título? ¡No! Señor Daniels, aprenda usted de los maestros:

Queridos hermanos Warner:

Al parecer hay más de una forma de conquistar una ciudad y de mantenerla bajo el dominio propio. Por ejemplo, hasta el momento en que pensamos en rodar Una noche en Casablanca, no tenía la menor idea de que la ciudad de Casablanca perteneciera exclusivamente a los hermanos Warner. Sin embargo, pocos días después de anunciar nuestra película recibimos su largo y ominoso documento legal en el que se nos conminaba a no utilizar el nombre de Casablanca.

Parece ser que en 1471, Ferdinand Balboa Warner, su tatarabuelo, al buscar un atajo hasta la ciudad de Burbank, se tropezó con las costas de Africa y, levantando su bastón (que más tarde cambió por un centenar de acciones en la bolsa), las denominó Casablanca.

Sencillamente, no comprendo su actitud. Aun cuando pensaran en la reposición de su película, estoy seguro de que el aficionado medio al cine aprendería oportunamente a distinguir entre Ingrid Bergman y Harpo. No sé si yo podría, pero desde luego me gustaría intentarlo.

Ustedes reivindican su Casablanca y pretenden que nadie más pueda utilizar ese nombre sin permiso. ¿Qué me dicen de Warner Brothers? ¿Es de su propiedad, también? Probablemente tengan ustedes el derecho de utilizar el nombre de Warner, pero, ¿y el de Brothers? Profesionalmente, nosotros éramos Brothers mucho antes que ustedes. Hacíamos ya la ronda de las candilejas como The Marx Brothers cuando el cine era todavía un simple destello en el ojo del inventor, e incluso antes de nosotros ha habido otros hermanos: los Smith Brothers [fabricantes de pastillas para la tos], los Karamazov Brothers; Dan Brothers, un centrocampista del Detroit (...).

Y ahora, Jack, hablemos de usted. ¿Diría Usted que es el suyo un nombre original? Pues no lo es. Se utilizaba mucho antes de nacer usted. Sobre la marcha, recuerdo dos Jacks: había el Jack de "Jack y las habichuelas" (cuento infantil) y el Jack el Destripador, que se hizo un bonito renombre en su día.

(...)

Intuyo que todo es un error del horrible y triste departamento legal de la empresa, controlado por alguno de esos tipos con problemas escolares, un trepa necesitado de fama y admiración, y demasiado ambicioso para respetar las leyes naturales de la promoción.

En fin, sea quien sea, no lo conseguirá. ¡Lucharemos hasta el final!, ¡hasta la Corte Suprema!

Ninguna estupidez de este tipo va a ser causa de pelea entre los Warner y los Marx, y la sangre no llegará al río. Porque todos somos hermanos bajo nuestra piel y seguiremos siendo amigos después de que pase por la bobina el último rollo de Una noche en Casablanca.

Sinceramente, Groucho Marx.

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