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La herida de la infidelidad: ciencia y doctrina de “Cuéntame” y “Los descendientes”

La herida de la infidelidad: ciencia y doctrina de “Cuéntame” y “Los descendientes”

La infidelidad conyugal produce heridas. Heridas profundas y de difícil cicatrización. Afectan a los esposos, a los hijos, y a las nuevas personas recién aparecidas en el escenario. Hace falta estar ciego para no admitirlo. Da gusto cuando en cine y televisión el tema se trata con hondura, y es que el matrimonio es una institución básica en la sociedad, que está muy maltratado, no se valora, y como me decía un buen amigo, a veces deshacer ese pacto parece una tarea más sencilla que la de cambiar de operador telefónico.

La cuestión -no de la de la telefonía, ¿eh?- ha sido abordada en la témporada número 15 de la longeva serie televisiva española Cuéntame, en que se nos asegura que la infidelidad de Antonio a su esposa Merche, por su relación con Paz, ha supuesto una auténtica conmoción para los seguidores más acérrimos de las andanzas de los Alcántara. Sea o no una inteligente jugada promocional tantos dimes y diretes, parece evidente que este giro argumental de Cuéntame ha dado nuevos aires a una serie que empezaba a dar señales de languidecimiento.

Verdaderamente, algunas reacciones al nuevo rumbo de Cuéntame me parecen tan desproporcionadas, que, mal pensado que es uno, no dejo de preguntarme si aquí lo importante es que hablen de uno, aunque sea para echar pestes. Hay quien dice que Antonio Alcántara ha puesto los cuernos no sólo a Merche, sino a toda España, un auténtico dislate.

Personalmente pienso que este paso en la serie que protagonizan Imanol Arias y Ana Duato la ha animado un poco, y que ayuda a abordar un tema que con frecuencia es visto con ligereza en la ficción audiovisual, la infidelidad. “Si ya no la quiere”, “si se ha pasado el amor”, son razones que se escuchan para justificarla, y en cambio otras motivaciones como el valor de la palabra dada, la lealtad, el reconocimiento de que el paso de los años hace que el amor en una pareja cobre tintes nuevos, la importancia de madurar, el bien de los hijos, etcétera, pesan mucho menos, se diría que es el signo de los tiempos. A tal respecto Cuéntame es medianamente honesta, pinta la desorientación del cónyuge infiel y del engañado, muestra lo difícil que es perdonar, y lo fácilmente que nos dejamos llevar por los sentimientos y pasiones. También tiene interés la reacción de los hijos, quienes a pesar de los altibajos de sus propias relaciones sentimentales, siempre tuvieron como referente el amor incondicional de sus padres, probado con el paso de los años. La nueva situación no les ha dejado indiferentes.

No sé cómo resolverá la cosa el equipo de guionistas liderado por Eduardo Ladrón de Guevara, si habrá reconciliación o se optará por un divorcio que serviría para mostrar como va evolucionando España desde el lejano 1969 con que arrancaba la serie, hasta 1982, con los socialistas celebrando su primera victoria. Las cosas han cambiado mucho, aunque resuenen de fondo las palabras de Juan Pablo II en su primera visita a España –inteligente idea que aporta buen subtexto–, hablando de la indisolubilidad del matrimonio.

Sobre Cuéntame ha habido mucho debate sobre si es una serie que mira al pasado con los ojos de hoy, y aprovecha la veta nostálgica para adoctrinar sobre temas no de entonces sino de ahora, situándolos en el pasado. Algo de esto hay seguramente, con más tosquedad o sutileza según el caso, y sean los responsables de la serie conscientes o no de ello, y es que son muchos años en antena y ahora también en internet.

Por otro lado no quería dejar de mencionar la coincidencia de que el sábado pasado disfruté con un grupo de amigos la revisión de Los descendientes, una excelente película de Alexander Payne, que trata precisamente el mismo tema. Aquí el protagonista encarnado por George Clooney se cae del guindo de la infidelidad de su esposa, cuando ella queda en coma irreversible tras un accidente acuático. Le toca iniciar una viaje emocional y de asunción de responsabilidades, que pasa por encajar tan inesperada revelación, poner la excesiva dedicación al trabajo en su sitio y recuperar los lazos que había descuidado con sus hijas y con su natal Hawaii.

Tampoco aquí hay un intento de justificar la infidelidad, o de recriminar los comportamientos errados. Se pintan más bien con inteligencia las situaciones, y se deja claro que aquello es “un marrón”, que todos tenemos los nuestros, y que la única forma de tirar para adelante es poniendo cabeza y esfuerzo pensando en los afectados, en primer lugar los más vulnerables, que suelen ser los hijos; son demostraciones de amor mucho más válidas que el puro sentimentalismo o el capricho del momento, que no ponen las bases de nada duradero.

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