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¿Es cuestión de fe? Noé, La Pasión de Cristo y Ben-Hur

¿Es cuestión de fe? Noé, La Pasión de Cristo y Ben-Hur

¿Es necesario tener fe para salir airoso de la realización de una película de contenido religioso? Pienso que no, o no del todo, igual que no se requiere necesariamente una vida intachable; dicho esto, parece evidente que el hecho de creer ayuda.

Me explico. Puede ocurrir, como en el caso de Darran Aranofsky y Noé, que el director y coguionista de un film se confiese ateo, pero al menos debe tener otro tipo de fe: en las posibilidades dramáticas de la historia, y en algunas ideas poderosas que la atraviesan como la del cumplimiento de las tareas que uno asume y el precio a pagar por ser fiel a lo que la conciencia exige, la defensa de la maltratada naturaleza, la protección de tu familia ante las amenazas que se cierne sobre ellos, el conocimiento del bien y el mal que pugnan dentro de todas las personas, la justicia y la misericordia, etc, etc... Aranofsky en este sentido es un “creyente”, y aunque puedan ponérsele peros a su imperfecta película, con algunos elementos mejores que otros, el resultado es más que digno y de gran consistencia.

Casos hay, en cambio, de cineastas piadosos que desean hacer un film que muestre de modo atractivo sus creencias, pero el talento que exhiben en la realización no está a la altura de su fe. Quizá les impone tratar temas que se refieren a sus convicciones más íntimas, aquello les viene grande, temen no estar a la altura y titubean. Tienen miedo al fracaso, a decepcionar a sus correligionarios, y es que cada creyente tiene su personal experiencia religiosa, que una película puede no satisfacer siquiera parcialmente. La realidad es que casi ningún Jesús de la pantalla satisface al espectador creyente, que puede verlo demasiado hiératico, o muy terranal, así o asá, nunca llueve a gusto de todos. Por ello la decisión de no mostrar, sugerir, ayuda a un buen resultado final. Como también lo hace que la trascendencia de su misión no eclipse su humanidad.

No encaja en el perfil de cineasta católico timorato Mel Gibson, que siempre ha manifestado su fe sin ambajes, y al tiempo fue capaz de rodar una película tan poderosa e incontestable como esa obra maestra llamada La Pasión de Cristo. Más allá de su complicada personalidad, que tantos disgustos le ha dado y que al final dio al traste con su matrimonio, resulta indudable que cree en lo que cuenta, y que ha puesto mucho de sí mismo en la película. El cineasta siempre contó que quiso que la mano que clava los clavos de Cristo en el film es la suya, y esto no debido a un frívolo cameo, sino por su profunda convicción de que él era un pecador, y fueron sus pecados y los de los demás hombres los que enclavaron a Jesús en la Cruz.

Frente a la polémica que rodeó a los estrenos de Noé y La Pasión, uno podría pensar que el rodaje del maravilloso espectáculo que es Ben-Hur fue una balsa de aceite, que al tratarse de una historia universalmente aceptada de la que ya existía una versión de 1925, y en 1959 todo estaba abonado para que la película arrasara en taquilla y en los Oscar. Pero aunque no hubo grandes contratiempos, las cosas nunca son tan sencillas, siempre hay algún obstáculo o quien busca tres pies al gato.

En efecto, William Wyler, como Aranofsky, era judío, y el hecho de que Judá Ben-Hur también lo fuera y luchara contra la dominación romana, sirvió para hacer lecturas políticas algo rebuscadas en torno a una metáfora del enfrentamiento entre el moderno Israel y Egipto. Algo rebuscado sin duda, ya que entre los grandes amigos de Ben-Hur se encuentra el jeque Alcarim, de origen árabe y su principal mentor en la carrera de cuadrigas. Otra polémica extrarreligiosa fue el empeño de Gore Vidal, que había sido requerido para colaborar en el guión, para insinuar una atracción homosexual entre Ben-Hur y Messala, ocurrencia argumental propia de quien no ha entendido nada, y que por supuesto no fue incorporada a la película.

Aunque Wyler no era cristiano, es evidente que todo lo referente a Jesús, desde su nacimiento a la muerte en la cruz, lo filma con el máximo respeto, y siguiendo la tradición de no mostrar su rostro, que acrecienta aún más el interés por Aquel que va a propiciar la redención, no sólo de todos los hombres, sino del hombre-individuo que es Ben-Hur. Evidentemente la crucifixión en el film no ocupa el largo espacio que sí tiene en La Pasión, pero hay soluciones estéticas preciosas, como la del charco de la sangre de Cristo derramada en la Cruz, y que con la llegada de la lluvia (no la del diluvio de Noé, ¿eh?) propicia la formación de un torrente que comienza a regar la tierra de los alrededores, o sea, la Tierra entera.

Curiosamente, la película que mejor refleja la poco definida religiosidad de Wyler no es Ben-Hur, sino La gran prueba, western donde pintaba las vicisitudes de una familia cuáquera, y concretamente del cabeza de familia, que rechazaba el uso de la violencia.

No todos los días se tiene la oportunidad de ver Ben-Hur en una gran pantalla de cine. Si estás en Madrid te animo a acompañarme en la oportunidad única que decine21.com brinda el próximo sábado 12 de abril. Pincha aquí para conocer todos los detalles, y nos vemos, espero.

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