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Biografía

Darren Aronofsky

Darren Aronofsky

51 años

Darren Aronofsky

Nació el 12 de Febrero de 1969 en Brooklyn, Nueva York, EE.UU.

Premios: 1 Festival de Venecia

El marciano que vino de Brooklyn

05 Mayo 2009

Desata tantas pasiones como odios enconados. Sus imágenes son un prodigio visual, pero Darren Aronofsky se distingue por sus paranoicos e imposibles argumentos, tan extravagantes como crípticos. Su especialidad es retratar personajes en caída libre, cuya vida se derrumba ya sea por culpa de su obsesión por investigar la grave enfermedad que padece su esposa, la fórmula que explique el caos; o bien a causa de su adicción a las drogas o su incapacidad para librarse de los efectos negativos de la fama del pasado.

Nacido el 12 de febrero de 1969 en Brooklyn, Darren Aronofsky tenía una mentalidad artística desde que era muy joven. Siempre fue un apasionado del cine clásico, y cuando era adolescente, dedicaba mucho tiempo a pintar ‘graffitti’ callejeros. Estudió en el instituto Edward R. Murrow, el mismo al que iba una actriz que después contrataría, Marisa Tomei, aunque ella estaba unos cursos por encima. Cuando acabó se matriculó en Harvard, donde estudió cine de animación y de imagen real. Llamaba ya entonces la atención por su potencia visual, y Supermarket Sweep, su corto de fin de carrera, recibió importantes premios. Filmado en 1991, estaba protagonizado por Sean Gullette. Hasta cinco años después, y tras los cortos Fortune’s Cookie y Prototozoa, Aronofsky no empezó a trabajar en el guión de Pi, cuyo primer tratamiento recibió tantos elogios de personas cercanas al director, que decidió lanzarse a la dirección del mismo. Por este thriller matemático, recibió el premio al mejor realizador en el Festival de Sundance en 1998, y obtuvo una amplia repercusión a pesar del escaso presupuesto, 60.000 dólares. Fotografiado en blanco y negro, el film contó con una partitura de Clint Mansell, que se convirtió en su compositor habitual. Nuevamente, tenía como protagonista al citado Sean Gullette, como un joven matemático que busca el modelo que rige el comportamiento de la bolsa, lo que atrae a una poderosa empresa y a una secta, que intentan hacerse con su descubrimiento. A continuación, Aronofsky trató las durísimas consecuencias de la drogadicción y otras adicciones, en Réquiem por un sueño, adaptación de una novela de Hubert Selby, Jr., que también se encargó de la adaptación del guión. La veterana Ellen Burstyn –en el rol de una mujer enganchada a la televisión– obtuvo una nominación al Oscar y al Globo de Oro.

Tras el estreno de Réquiem por un sueño en el año 2000, Aronofsky era el niño mimado de la crítica de cine y los festivales, y los apasionados del cine de vanguardia le ensalzaban como a un genio. Y sin embargo, el cineasta estuvo a punto de morir de éxito, cuando se embarcó en su proyecto más ambicioso –si cabe– hasta el momento, La fuente de la vida, que por unos problemas u otros no desembocaría en los cines hasta 2006. Warner había ofrecido a Aronofsky dirigir dos superproducciones, Batman Begins y Watchmen, pero él rechazó ambos filmes porque estaba ilusionado con un proyecto propio, para el que había ideado la trama junto con su mejor amigo, el neurocirujano Ari Handel. Y cuando empezó a conversar con los ejecutivos de Warner, éstos se entusiasmaron, quizás porque tras la muerte de Kubrick, que trabajaba siempre para la compañía, andaban en busca de un genial director que le sustituyera, y quedaron encandilados por la parte de ciencia ficción del film, tan difícil de entender como las partes más duras de 2001: una odisea del espacio. Con el apoyo de Warner, Aronofsky logró reclutar como protagonistas a Brad Pitt y Cate Blanchett, y le dieron la friolera de 100 millones de dólares, el mayor presupuesto que había manejado hasta la fecha. El guión estaba acabado, todos los actores escogidos y el plan de producción listo para rodar en Australia...

Pero cuando iba a volar hacia el set, para empezar el rodaje, Brad Pitt le echó una ojeada al guión y se desilusionó por completo. Resulta que no le había gustado nada, y sin embargo tenía sobre la mesa el guión de Troya, que le interesaba muchísimo más. Decidió dejar ‘tirado’ a Aronofsky, que tuvo muy mala suerte, ya que sin Pitt Warner suspendió todo el rodaje.

A punto estuvo Aronofsky de dejarlo todo, cuando el cineasta se pasó una noche pensando en el film sin poder dormir. Decidió que había hecho Pi contra viento y marea, y sin dinero, y que de la misma forma, era capaz de sacar adelante La fuente de la vida. Y aunque esta vez no logró ni la mitad del presupuesto –se quedó en 30 millones–, reclutó a Hugh Jackman –un actor que estaba por aquel entonces en alza– para sustituir a Pitt, mientras que Cate Blanchett, que tampoco estaba muy por la labor de seguir a bordo, fue reemplazada por la novia del director, la actriz Rachel Weisz, con la que tuvo un hijo, Henry Chance, a poco de finalizar el rodaje.

El film consta de tres partes. Un conquistador español huye de los nativos americanos que le persiguen, un doctor flota por el espacio, y ese mismo doctor busca un tratamiento contra el cáncer, enfermedad que afecta a Izzy, su esposa. Izzy escribe un libro sobre conquistadores españoles en América, que narra lo que le ocurre al protagonista de la primera historia. En Venecia, Aronofsky recibió grandes abucheos, y aunque algunos incondicionales quedaron más o menos convencidos, por lo general todo el mundo quedó decepcionado.

Cuando parecía que Aronofsky se había desinflado, que se había convertido en una de esas promesas que después quedan en nada, el director se reinventó a sí mismo con El luchador. Fascinado por el mundo del wrestling, la lucha libre americana, Aronofsky había pensado retratar las peripecias de uno de esos gigantones que compiten en estos espectáculos masivos. Decidió con acierto desvincularse por primera vez del guión y encargárselo a Robert Siegel, editor de la revista “The Onion”. Apostó decididamente por Mickey Rourke, tan de capa caída que fue muy difícil que le dejaran ficharlo como protagonista, a pesar de que después acaparó premios, fue finalista y gran favorito al Oscar, y resulta difícil imaginar qué otro actor habría hecho mejor su papel. Y además, Aronofsky decidió moderar sus excesos visuales de siempre y poner su maestría al servicio de la historia sin llamar la atención con grandes alardes que sacaran al público de la historia, sobre la lucha por la dignidad de un hombre abocado al fracaso. “Decidí que esta historia había que filmarla como un documental”, comenta el director. “Algunos amigos, familiarizados con mis películas anteriores estaban sorprendidos por la falta de primeros planos, lentes deformantes y esas cosas. ¿Seguro que no vas a incluir primerísimos primeros planos?, me preguntaban. Pero no, aquí la idea era distinta”. El resultado fue bastante satisfactorio, pues Aronofsky volvió a encumbrarse entre la élite de los directores, y ganó el León de Oro en Venecia.

Ganador de 1 premio

Filmografía
Nuestro planeta (One Strange Rock)

2018 | One Strange Rock | Serie TV

La extraordinaria historia de la Tierra, de un planeta interconectado y curiosamente planificado. La serie explica por qué es un lugar especial y repleto de vida en mitad de un cosmos muy difícil y desconocido. Con Will Smith como narrador.

Madre!

2017 | Mother!

Una película que apasiona e irrita a partes iguales, Buena prueba del talento de su director y guionista, Darren Aronofsky, y también de su tendencia al exceso barroquista y a algo parecido a la pretenciosidad. Porque muchas son las cosas que parece querer decir en Madre!, parte de su atractivo es la capacidad de sugerencia, y muchos son los tonos que impregnan la narración, aunque sí uno hay que destacar por encima de todos, me decanto por la deuda con Kafka, esa sensación de estar inmerso en una peripecia en que el desconcierto aguarda constantemente a la vuelta de la esquina, a pesar del comportamiento impostado de los que te rodean, que teóricamente se comportan con normalidad y actúan de modo razonable, aunque en realidad todo es alocado y surrealista. El punto de vista narrativo es el de una joven esposa sin nombre, que vive con su marido, célebre escritor que parece haber perdido la chispa creativa, en un enorme y solitario casa en medio del campo. Ella se dedica todo el día a ponerla a punto, pintando paredes, terminando la cocina, con detalles de decoración, la idea es tener el hogar perfecto que sustituya al que previamente tenía su amado en ese mismo lugar, y que fue devorado por un incendio donde murió la que entonces era su esposa. La tranquilidad del lugar será interrumpida por un hombre que dice ser cirujano, y que creía que aquello era un hotelito rural. Será invitado a pasar la noche, a pesar de la reticencia de ella. Pero luego al día siguiente aparecerá la mujer del recién llegado, y en fin, aquello puede ser el cuento de nunca acabar, con presencias no deseadas, y la irritación de la ama de la casa, que quiere a su marido para él, ser la madre de sus hijos. Probablemente no conviene avanzar más en la descripción de lo que sigue. Sí conviene insistir en la atmósfera envolvente que logra crear Aronofsky, casi de película de terror, y que por temas y situaciones hace pensar a ratos en la personal adaptación de Stephen King que hizo Stanley Kubrick en El resplandor. Pero se pueden rascar muchos más temas. Se invita a pensar cómo resulta una quimera la idea de vivir una vida solitaria a espaldas de la colectividad, somos seres sociales, lo que hacen los otros nos afecta, lo que hacemos nosotros afecta a los demás. Se muestran distintas manifestaciones de la histeria colectiva casi sectaria, y el modo en que las personas repiten fácilmente los errores recién cometidos. Y también se explora la creación artística, donde el autor puede comportarse como un seudodios cruel y egoísta. En el mundo cada vez más desquiciado que se nos pinta, los actores están bien. Jennifer Lawrence hace que conviva en su personaje el desagrado ante lo que molesta con la meticulosidad por cuidar el hogar y el amor por su famoso esposo. Javier Bardem sabe aterrorizar y ser encantador, y también atrapa las esencias egocéntricas del artista. Mientras que Ed Harris y Michelle Pfeiffer son dos de los incómodos extraños que se asoman a la casa del matrimonio protagonista, haciendo muy creíble su inoportunidad, a pesar de lo obsequiosos que se muestran. Todo lo anterior no impide una sensación de exceso, que a veces provoca casi la risa involuntaria. Estamos, al fin y al cabo, dentro de un juego de muñecas rusas, con otro creador, Aronofski, que se arroja sin dudar al vacío y sin paracaídas con su film –aunque la Lawrence puede ser un paracaída de emergencia para evitar estrellarse en el suelo, piénsese lo que ayudó la presencia de Brad Pitt en la taquilla a otro discutido y simbólico título, El árbol de la vida–, al que dentro de su singular desparrame hay que reconocerle la capacidad de riesgo.

6/10
Noé

2014 | Noah

Vistosa película espectáculo de teología ficción, que parte de las páginas que el Génesis dedica a Noé y el diluvio universal para ampliar el lienzo. Ocho generaciones han transcurrido desde la pareja primigenia constituida por Adán y Eva. Después de que Caín matara a su hermano Abel, dos linajes pueblan la Tierra. El que viene de Caín es poco respetuoso con la naturaleza, son carnívoros y tienen en muy poca estima la vida humana. Mientras que los descendientes de Set, de los que quedan sólo unos pocos, se alimentan de plantas y sí tienen conciencia de que deben cuidar la creación. Noé, uno de ellos y patriarca de una familia, tiene una visión. Dios le anuncia la destrucción del mundo y le encomienda la construcción de una gran arca donde habrá parejas de todas las especies animales y que albergará también a su familia. Pero dentro de la libertad de acción que Dios le ha dejado, piensa que su misión es dejar que se extinga la estirpe humana, sólo debe pervivir el resto de la creación, donde no hay maldad ni pecado. Darren Aronofsky dirige y coescribe con su colaborador habitual Ari Handel esta película bíblica, alrededor de la cual se ha generado una polémica un tanto artificial acerca de si era suficientemente fiel a la fuente que la inspira, y de si respetaba las creencias de judíos, cristianos y musulmanes. Desde nuestro punto de vista la película no debería ser problemática en ese sentido. Pero el caso es que con muchos millones de dólares en juego, había temor al batacazo y al rechazo del público creyente, lo que parece notarse en un film algo frío y muy calculado, con estrategias demasiado obvias como la de tratar de conseguir el beneplácito del Papa acerca de la película. Más allá de estos elementos extracinematográficos –pero que han influido en el resultado final–, la película funciona en algunos aspectos y muestra su debilidad en otros. Lo más logrado es el carácter de Noé –bien Russell Crowe–, entre patriarcal y profético, investido de una misión, de ánimo apesadumbrado, y al que se le han insuflado rasgos de otros personajes bíblicos, hace pensar en Jonás a la hora de mostrar falta de compasión por el ser humano pecador, y en Abraham cuando se plantea sacrificar la vida de los de su propia sangre. Y alrededor de esto se suscitan cuestiones de carácter religioso de indudable interés, como la existencia del pecado, el castigo que merece, y las oportunidades que da el Creador, todo en un marco veterotestamentario, o sea, no vemos a un Dios personal interactuando con el hombre, a no ser a través de señales y visiones, y está ausente la idea de la oración. Ideas como la de escudarse en que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios para suplantar precisamente a Dios, resultan sugerentes. Igual que las consideraciones sobre el don de la libertad, y cómo se concilia la idea de justicia con la de misericordia. Pero en lo que es el puro entramado argumental, no todo funciona con igual eficacia. Por un lado el toque ecologista está algo pasado de rosca, no hace falta ser vegetariano para preocuparse del medio ambiente. Además, se quiere plantear un drama familiar y doméstico, y no todos los integrantes del clan tienen la misma fuerza. El abuelo Matusalén en plan ermitaño en una cueva anda algo perdido, y de los tres hijos de Noé, Sem y Jafet quedan muy desdibujados, sólo al rebelde Cam se le perfila un poco mejor, al igual que a los personajes femeninos de Naamé –Jennifer Connelly–, esposa de Noé, y la huérfana y suerte de hija adoptiva Ila –Emma Watson–. El villano de turno de linaje cainita se salva gracias al poderío de Ray Winstone, porque resulta demasiado arquetípico. Aronofsky es un director que visualmente siempre ha sido muy potente, pero aquí parece algo ahogado –si se nos permite la expresión– por los efectos especiales, llamativos –los bosques milagrosos, los animales que acuden al arca, el mundo cubierto por las aguas...­– pero no especialmente imaginativos. En tal sentido se llevan la palma una especie de ángeles de roca semicaídos, los Vigilantes, que parecen haber sido concebidos con el mismo software que los Transformers.  

6/10
Cisne negro

2010 | Black Swan

Nina, una joven bailarina, aspira a ser escogida como protagonista de “El lago de los cisnes”, con el reto adicional de que se trata de un doble papel, no sólo debe representar al puro cisne blanco de Odette, sino también al cisne negro Odile que trata de arrebatarle su amor. Para ello trabaja muy duramente, impelida por su posesiva madre Erica y por Thomas, el exigente director de la producción. Intensa película sobre el mundo de la danza, aunque muchas de sus ideas pueden aplicarse a cualquiera de las bellas artes. El guión de Mark Heyman, John J. McLaughlin y Andres Heinz a partir de una idea de este último, incide en el cariz obsesivo que pueden cobrar unas legítimas aspiraciones profesionales de llegar a lo más alto. Obsesión que gana en intensidad con la sombra de una madre frustrada, que quiere realizarse en su “niña”, y con los métodos de trabajo de Thomas. En efecto, frente a la vieja idea de algunos actores que dicen no llevarse sus personajes a casa, aquí prevalece, por la presión de Thomas, el planteamiento de que para componer el cisne negro es necesario rebuscar en la parte más oscura de uno mismo, “explorando” en la propia sexualidad y “dejándose llevar”. Esta doble influencia, más su propia sensibilidad y ambición, que le hacen ver en la recién llegada Lily una rival, conforman en Nina un cóctel verdaderamente explosivo. En lo último, y en una diva venida a menos, se detecta la huella imborrable de un clásico sobre el teatro, Eva al desnudo, aunque la película que nos ocupa tiene su propia originalidad. El crudo film, a modo de arriesgada fábula, habla de la fragilidad del artista y los excesos enfermizos por alcanzar su sueño, tomando pie de la propia trama de “El lago de los cisnes”. Lo hace con dureza a veces desagradable, por la exigencia física –esos sarpullidos, el modo en que se trabajan los pies–, o por el camino de desenfreno que Nina emprende en una noche loca y alucinada, donde resulta difícil distinguir la realidad de lo que es una proyección de una mente que empieza a enloquecer, a no pisar suelo firme. Darren Aronofsky dirige con inusitado vigor, una energía que se palpa en las elaboradas escenas del propio ballet, así como en el dinámico montaje de imágenes y sonido, también musical, que muestra el descenso a los infiernos de Nina, su dolorosísima y fatal transformación en cisne negro. Natalie Portman entrega una interpretación valiosísima, verdaderamente muestra una gran variedad de registros en su atormentado personaje. En general hay un gran acierto con todo el reparto, buenos trabajos de Vincent Cassel, Barbara Hershey, Winona Ryder y Mila Kunis.

7/10
El luchador

2008 | The Wrestler

Cuarto trabajo del ‘marciano’ Darren Aronofsky, que aunque fue el impulsor del proyecto, decidió –por primera vez en su carrera– mantenerse totalmente fuera del guión, y encargárselo a Robert Siegel, que fue editor de The Onion, famosa revista satírica estadounidense. Aronofsky ha conseguido una hazaña inesperada, pues ha sido el primero en ganar el León de Oro en Venecia con una producción íntegramente estadounidense, o sea, sin contar coproducciones. Randy ‘The Ram’ Robinson es un luchador de wrestling que se hizo muy famoso en los 80, sobre todo por su combate contra un rival conocido como ‘el Ayatolah’. Veinte años después, se ha retirado. Vive en un humilde remolque cuyo alquiler apenas puede pagar con su trabajo en el almacén de un supermercado. Los fines de semana se saca un dinero extra reapareciendo como luchador, en combates de segunda fila para viejos admiradores. Tras uno de esos combates, sufre un ataque al corazón que obliga a los médicos a realizarle un bypass. Como consecuencia, le prohíben seguir inyectándose esteroides, y volver a pelear. Randy se replantea su vida, intenta sobrevivir como charcutero, recuperar el cariño de su hija que se distanció por completo de él, y conquistar a Cassidy, una madura bailarina de striptease, madre soltera. Acierta Aronofsky al describir en este drama el estrafalario mundo del wrestling, la lucha libre americana, un auténtico filón narrativo. Se trata de una mezcla de deporte y actuación, con gigantones que interpretan los papeles de exageradísimos héroes o villanos, pero que tienen que estar en plena forma, pues aunque amañan las peleas, ejecutan coreografías que tienen su complejidad. Y aunque siempre siguen un guión muy similar –el malo empieza ganando y provoca al público, hasta que el bueno se recupera milagrosamente y gana el combate–, cientos de miles de espectadores siguen los combates con pasión, como si fueran absolutamente reales, y aclaman a los luchadores como auténticos dioses. Resulta difícil imaginar qué hubiera sido de este film sin Mickey Rourke, pues interpreta a un personaje con el que tiene muchos puntos en común: una vieja gloria que ha perdido el estrellato. El actor se ha trabajado muchísimo su interpretación, hasta el punto de que entrenó con auténticos luchadores. Están a su altura la también madura Marisa Tomei y la joven Evan Rachel Wood. Consciente de que tenía entre manos un guión de primera fila, de gran valor humano, sobre la lucha por la dignidad de un auténtico perdedor –también lo es la bailarina–, Aronofsky ha sabido renunciar a sus excesos estilísticos habituales. La fotografía y la puesta en escena son realistas y muy brillantes, pero a diferencia de otras ocasiones, Aronofsky ha sabido contenerse. Por una vez, ha colocado su maestría al servicio de una historia que logra llegar al espectador, a pesar de varios momentos de gran sordidez. Se luce especialmente al describir el combate del protagonista contra su propia soledad, de la que sólo parece hacerse consciente cuando se da cuenta de que no ha podido contarle a nadie que ha estado a punto de morir, lo que provoca la decisión de acercarse a su hija y a la bailarina.

7/10
La fuente de la vida

2006 | The Fountain

Es ésta una de esas películas que se aman o se odian, resulta difícil mantener un término medio. Cierto es que el cine de Darren Aronofsky se caracteriza por su hermetismo (Pi, Réquiem por un sueño), pero es que en esta ocasión el cineasta neoyorquino da un triple salto mortal con tirabuzón en lo que a rarezas y extravagancias se refiere. El film arranca en la América de los conquistadores españoles, donde un grupo de exploradores cae en una emboscada de los nativos, y el líder de los hispanos trata de huir subiendo la larga escalinata de una pirámide maya. Esto convive con las escenas de un tipo calvo, el doctor Tom Creo (Hugh Jackman) flotando por el espacio como si de un buda feliz se tratara, y con este mismo doctor investigando un tratamiento contra los tumores de cáncer en un mono. Al fin averiguamos que la mujer del doctor, su muy amada y dulce Izzie (Rachel Weisz), está enferma, y que Tom está obsesionado con encontrar un remedio a su mal; mientras que Izzie se dedica en sus ratos libres a escribir un libro, “La fuente de la vida”, situado en la España de los conquistadores, a modo de parábola de los esfuerzos investigadores y románticos de su marido. Una vez entregadas todas las piezas del puzzle, y más o menos reconocidas por el espectador, según su capacidad de aguante, tenemos un cuento apasionadamente romántico, muy cuidado en el aspecto visual, pero que se hace eterno –el final remite a 2001: una odisea del espacio–, y que en ocasiones se mueve entre lo empalagoso y lo risible. Hugh Jackman y Rachel Weisz son dos grandes actores, y Darren Aronofsky sabe rodar, pero el conjunto resulta excesivo. Tampoco es muy afortunada la alegoría “española”, con escenas absurdas de un inquisidor flagelándose, y una reina Isabel servida por un caballero, interpretados éstos también por Weisz y Jackman; habría sido más inteligente inventarse un reino imaginario, en vez de mostrar España como un exótico país sobre el que Aronofsky exhibe una preocupante ignorancia.

6/10
Réquiem por un sueño

2000 | Requiem for a Dream

La droga. Un infierno que no cesa. Madre e hijo. Ella está enganchada a la tele, y pronto también a unas “pildoritas” para estar en forma. Él, con su novia y con un amigo, quiere forrarse con el negocio de la droga. Darren Aronofsky, que demostró su capacidad de dibujar atmósferas de pesadilla en Pi, nos hace descender a un abismo de inmoralidad y desesperación donde las personas casi dejan de serlo. Con gran ritmo y originalidad visual (sobre todo al mostrar reiteradamente la ingestión de las dosis), Aronofsky "engancha" al espectador en esta huida al infierno. Magníficos los trabajos de la veterana Ellen Burstyn (nominada al Oscar) y de Jared Leto.

5/10
Pi

1998 | Pi

Original thriller rodado en blanco y negro y ambientado en el mundo de las matemáticas. Un joven y experto matemático está a punto de descubrir la clave del modelo que rige el caos del mundo de la bolsa. La cosa parece estar relacionada con esa especie de número mágico llamado Pi, ó 3’141596... Pero hay gente muy poderosa que hará la vida imposible al joven sabio. El singularísimo Darren Aronofsky (Réquiem por un sueño), con cuatro duros y quintales de talento narra una historia que provoca mucho desasosiego. El director define el resultado como “una pesadilla numérico-apocalíptica-urbano-paranoica”, y no le falta razón. La estética expresionista del film es apabullante.

6/10
Madre!

2017 | Mother!

Una película que apasiona e irrita a partes iguales, Buena prueba del talento de su director y guionista, Darren Aronofsky, y también de su tendencia al exceso barroquista y a algo parecido a la pretenciosidad. Porque muchas son las cosas que parece querer decir en Madre!, parte de su atractivo es la capacidad de sugerencia, y muchos son los tonos que impregnan la narración, aunque sí uno hay que destacar por encima de todos, me decanto por la deuda con Kafka, esa sensación de estar inmerso en una peripecia en que el desconcierto aguarda constantemente a la vuelta de la esquina, a pesar del comportamiento impostado de los que te rodean, que teóricamente se comportan con normalidad y actúan de modo razonable, aunque en realidad todo es alocado y surrealista. El punto de vista narrativo es el de una joven esposa sin nombre, que vive con su marido, célebre escritor que parece haber perdido la chispa creativa, en un enorme y solitario casa en medio del campo. Ella se dedica todo el día a ponerla a punto, pintando paredes, terminando la cocina, con detalles de decoración, la idea es tener el hogar perfecto que sustituya al que previamente tenía su amado en ese mismo lugar, y que fue devorado por un incendio donde murió la que entonces era su esposa. La tranquilidad del lugar será interrumpida por un hombre que dice ser cirujano, y que creía que aquello era un hotelito rural. Será invitado a pasar la noche, a pesar de la reticencia de ella. Pero luego al día siguiente aparecerá la mujer del recién llegado, y en fin, aquello puede ser el cuento de nunca acabar, con presencias no deseadas, y la irritación de la ama de la casa, que quiere a su marido para él, ser la madre de sus hijos. Probablemente no conviene avanzar más en la descripción de lo que sigue. Sí conviene insistir en la atmósfera envolvente que logra crear Aronofsky, casi de película de terror, y que por temas y situaciones hace pensar a ratos en la personal adaptación de Stephen King que hizo Stanley Kubrick en El resplandor. Pero se pueden rascar muchos más temas. Se invita a pensar cómo resulta una quimera la idea de vivir una vida solitaria a espaldas de la colectividad, somos seres sociales, lo que hacen los otros nos afecta, lo que hacemos nosotros afecta a los demás. Se muestran distintas manifestaciones de la histeria colectiva casi sectaria, y el modo en que las personas repiten fácilmente los errores recién cometidos. Y también se explora la creación artística, donde el autor puede comportarse como un seudodios cruel y egoísta. En el mundo cada vez más desquiciado que se nos pinta, los actores están bien. Jennifer Lawrence hace que conviva en su personaje el desagrado ante lo que molesta con la meticulosidad por cuidar el hogar y el amor por su famoso esposo. Javier Bardem sabe aterrorizar y ser encantador, y también atrapa las esencias egocéntricas del artista. Mientras que Ed Harris y Michelle Pfeiffer son dos de los incómodos extraños que se asoman a la casa del matrimonio protagonista, haciendo muy creíble su inoportunidad, a pesar de lo obsequiosos que se muestran. Todo lo anterior no impide una sensación de exceso, que a veces provoca casi la risa involuntaria. Estamos, al fin y al cabo, dentro de un juego de muñecas rusas, con otro creador, Aronofski, que se arroja sin dudar al vacío y sin paracaídas con su film –aunque la Lawrence puede ser un paracaída de emergencia para evitar estrellarse en el suelo, piénsese lo que ayudó la presencia de Brad Pitt en la taquilla a otro discutido y simbólico título, El árbol de la vida–, al que dentro de su singular desparrame hay que reconocerle la capacidad de riesgo.

6/10
Noé

2014 | Noah

Vistosa película espectáculo de teología ficción, que parte de las páginas que el Génesis dedica a Noé y el diluvio universal para ampliar el lienzo. Ocho generaciones han transcurrido desde la pareja primigenia constituida por Adán y Eva. Después de que Caín matara a su hermano Abel, dos linajes pueblan la Tierra. El que viene de Caín es poco respetuoso con la naturaleza, son carnívoros y tienen en muy poca estima la vida humana. Mientras que los descendientes de Set, de los que quedan sólo unos pocos, se alimentan de plantas y sí tienen conciencia de que deben cuidar la creación. Noé, uno de ellos y patriarca de una familia, tiene una visión. Dios le anuncia la destrucción del mundo y le encomienda la construcción de una gran arca donde habrá parejas de todas las especies animales y que albergará también a su familia. Pero dentro de la libertad de acción que Dios le ha dejado, piensa que su misión es dejar que se extinga la estirpe humana, sólo debe pervivir el resto de la creación, donde no hay maldad ni pecado. Darren Aronofsky dirige y coescribe con su colaborador habitual Ari Handel esta película bíblica, alrededor de la cual se ha generado una polémica un tanto artificial acerca de si era suficientemente fiel a la fuente que la inspira, y de si respetaba las creencias de judíos, cristianos y musulmanes. Desde nuestro punto de vista la película no debería ser problemática en ese sentido. Pero el caso es que con muchos millones de dólares en juego, había temor al batacazo y al rechazo del público creyente, lo que parece notarse en un film algo frío y muy calculado, con estrategias demasiado obvias como la de tratar de conseguir el beneplácito del Papa acerca de la película. Más allá de estos elementos extracinematográficos –pero que han influido en el resultado final–, la película funciona en algunos aspectos y muestra su debilidad en otros. Lo más logrado es el carácter de Noé –bien Russell Crowe–, entre patriarcal y profético, investido de una misión, de ánimo apesadumbrado, y al que se le han insuflado rasgos de otros personajes bíblicos, hace pensar en Jonás a la hora de mostrar falta de compasión por el ser humano pecador, y en Abraham cuando se plantea sacrificar la vida de los de su propia sangre. Y alrededor de esto se suscitan cuestiones de carácter religioso de indudable interés, como la existencia del pecado, el castigo que merece, y las oportunidades que da el Creador, todo en un marco veterotestamentario, o sea, no vemos a un Dios personal interactuando con el hombre, a no ser a través de señales y visiones, y está ausente la idea de la oración. Ideas como la de escudarse en que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios para suplantar precisamente a Dios, resultan sugerentes. Igual que las consideraciones sobre el don de la libertad, y cómo se concilia la idea de justicia con la de misericordia. Pero en lo que es el puro entramado argumental, no todo funciona con igual eficacia. Por un lado el toque ecologista está algo pasado de rosca, no hace falta ser vegetariano para preocuparse del medio ambiente. Además, se quiere plantear un drama familiar y doméstico, y no todos los integrantes del clan tienen la misma fuerza. El abuelo Matusalén en plan ermitaño en una cueva anda algo perdido, y de los tres hijos de Noé, Sem y Jafet quedan muy desdibujados, sólo al rebelde Cam se le perfila un poco mejor, al igual que a los personajes femeninos de Naamé –Jennifer Connelly–, esposa de Noé, y la huérfana y suerte de hija adoptiva Ila –Emma Watson–. El villano de turno de linaje cainita se salva gracias al poderío de Ray Winstone, porque resulta demasiado arquetípico. Aronofsky es un director que visualmente siempre ha sido muy potente, pero aquí parece algo ahogado –si se nos permite la expresión– por los efectos especiales, llamativos –los bosques milagrosos, los animales que acuden al arca, el mundo cubierto por las aguas...­– pero no especialmente imaginativos. En tal sentido se llevan la palma una especie de ángeles de roca semicaídos, los Vigilantes, que parecen haber sido concebidos con el mismo software que los Transformers.  

6/10
La fuente de la vida

2006 | The Fountain

Es ésta una de esas películas que se aman o se odian, resulta difícil mantener un término medio. Cierto es que el cine de Darren Aronofsky se caracteriza por su hermetismo (Pi, Réquiem por un sueño), pero es que en esta ocasión el cineasta neoyorquino da un triple salto mortal con tirabuzón en lo que a rarezas y extravagancias se refiere. El film arranca en la América de los conquistadores españoles, donde un grupo de exploradores cae en una emboscada de los nativos, y el líder de los hispanos trata de huir subiendo la larga escalinata de una pirámide maya. Esto convive con las escenas de un tipo calvo, el doctor Tom Creo (Hugh Jackman) flotando por el espacio como si de un buda feliz se tratara, y con este mismo doctor investigando un tratamiento contra los tumores de cáncer en un mono. Al fin averiguamos que la mujer del doctor, su muy amada y dulce Izzie (Rachel Weisz), está enferma, y que Tom está obsesionado con encontrar un remedio a su mal; mientras que Izzie se dedica en sus ratos libres a escribir un libro, “La fuente de la vida”, situado en la España de los conquistadores, a modo de parábola de los esfuerzos investigadores y románticos de su marido. Una vez entregadas todas las piezas del puzzle, y más o menos reconocidas por el espectador, según su capacidad de aguante, tenemos un cuento apasionadamente romántico, muy cuidado en el aspecto visual, pero que se hace eterno –el final remite a 2001: una odisea del espacio–, y que en ocasiones se mueve entre lo empalagoso y lo risible. Hugh Jackman y Rachel Weisz son dos grandes actores, y Darren Aronofsky sabe rodar, pero el conjunto resulta excesivo. Tampoco es muy afortunada la alegoría “española”, con escenas absurdas de un inquisidor flagelándose, y una reina Isabel servida por un caballero, interpretados éstos también por Weisz y Jackman; habría sido más inteligente inventarse un reino imaginario, en vez de mostrar España como un exótico país sobre el que Aronofsky exhibe una preocupante ignorancia.

6/10
Below

2002 | Below

Réquiem por un sueño

2000 | Requiem for a Dream

La droga. Un infierno que no cesa. Madre e hijo. Ella está enganchada a la tele, y pronto también a unas “pildoritas” para estar en forma. Él, con su novia y con un amigo, quiere forrarse con el negocio de la droga. Darren Aronofsky, que demostró su capacidad de dibujar atmósferas de pesadilla en Pi, nos hace descender a un abismo de inmoralidad y desesperación donde las personas casi dejan de serlo. Con gran ritmo y originalidad visual (sobre todo al mostrar reiteradamente la ingestión de las dosis), Aronofsky "engancha" al espectador en esta huida al infierno. Magníficos los trabajos de la veterana Ellen Burstyn (nominada al Oscar) y de Jared Leto.

5/10
Pi

1998 | Pi

Original thriller rodado en blanco y negro y ambientado en el mundo de las matemáticas. Un joven y experto matemático está a punto de descubrir la clave del modelo que rige el caos del mundo de la bolsa. La cosa parece estar relacionada con esa especie de número mágico llamado Pi, ó 3’141596... Pero hay gente muy poderosa que hará la vida imposible al joven sabio. El singularísimo Darren Aronofsky (Réquiem por un sueño), con cuatro duros y quintales de talento narra una historia que provoca mucho desasosiego. El director define el resultado como “una pesadilla numérico-apocalíptica-urbano-paranoica”, y no le falta razón. La estética expresionista del film es apabullante.

6/10

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