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Blog de Hildy

El ocaso de los premios: se desinflan los Globos de Oro, pero también los Oscar

Estamos en una encrucijada, cambio de ciclo, en todos los ámbitos, el Covid-19 ha sido el punto de inflexión de algo más gordo, una crisis no solo económica o sanitaria, que afecta al mundo entero y a todos los sectores. Al cine también, y unos premios, de pronto, están en el punto de mira de los más poderosos.

Nunca me creí el tópico de que “los Globos de Oro son la antesala de los Oscar”, pero a fuerza de repetirlo y de inyectar dinero en la promoción de estos premios, lo que nadie podía negar era su presencia mediática, que al final es influencia. De modo que el votante perezoso de la Academia, que quizá no había visto la mitad de las películas nominadas al Oscar, podía repartir su voto entre amiguetes y títulos que habían sido “globados”, o sea, premiados o nominados a los Globos de Oro.

Ahora toca soltar lastre. A Hollywood ya no le hace falta la tonta útil que era la HFPA, la Asociación de la Prensa Extranjera con apenas un centenar de socios, y la excusa para la posible ruptura es el “asombroso” descubrimiento de que este ente entregador de los Globos de Oro era poco diverso, todos blanquitos, qué desastre. Hubo una época que los Globos, bien hinchados, servían de ariete a las “majors” para promocionar a sus aspirantes a los Oscar; ahora ya no, y han tenido la suerte de que Netflix y Amazon, que no deben tener grandes compromisos con la HFPA, han exigido cambios en la Asociación, mientras que la NBC aprovecha que el Pisuerga pasa por Valladolid para anunciar que dejará de retransmitir la gala de los Globos.

En fin, detecto bastante hipocresía hollywoodiense en todo este lío. Al igual que el #MeToo ha encontrado chivos expiatorios de lo que todo el mundo sabía y callaba con Harvey Weinstein a la cabeza, parece que hay una excusa perfecta para prescindir de los Globos, que alimentan anuncios peculiares como el de Tom Cruise devolviendo 3 de sus premios. Esto es como los títulos honoríficos que han venido quitando en los últimos tiempos a Franco (Francisco, no James, ¿eh?), pero al revés.

El peligro de desinflar los Globos de Oro es que, en el fondo, se están desinflando también los Oscar, que definitivamente ya no son lo que eran. El desprestigio está a la vuelta de la esquina, como la Academia no espabile. En un reportaje de Juan Luis Sánchez vimos cómo la gente de la calle ve muy poco las últimas películas ganadoras de los Oscar, Nomadland y Parásitos no son precisamente el colmo de la popularidad ni rompen la taquilla. La Academia se quiere volver global y diversa, al precio de olvidar lo que son los Oscar, una celebración del cine que se hace en Hollywood y de su conexión con el gran público.

Los premios, aunque movieran muchos intereses a su alrededor, solían tener un aura romántica que cautivaba a los cinéfilos. Ahora la cosa se asemeja demasiado a lo que ha pasado hace poco con el fútbol, es todo dinero y negocio; y en el otro extremo, exquisito cine de autor que el común de los mortales no ve ni verá jamás. Y así, los premios se desinflan y pueden quedar en nada. Que el reestreno de la trilogía de El Señor de los Anillos –el próximo viernes El retorno del rey, ganador del Oscar cuando este era otra cosa– recaude mucho más que Nomadland, debería hacer pensar un poco. Pero no creo que sea fácil reconducir las cosas. El cambio está ahí, arrollador e imparable, así que evitemos al menos estar en medio y quedar aplastados.

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