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Blog de Hildy Cuáles son los límites

La tiranía de no hacer "spoilers": ¿Nos estamos volviendo locos?

No voy a pedalear acerca de esa horrible palabra adoptada en España sin pestañelar, “spoiler”, cuando otras como “reventar” o “destripar” resultan equivalentes y existen en castellano. Lo que quiero es abrir el debate sobre la autocensura que nos hemos impuesto tantas veces de “ojo: spoiler”, o de evitar el “spoiler”.

He adquirido la costumbre hace ya unos meses de publicar a diario en Twitter una frase o diálogo de una película, agarrándome a la excusa de que un cineasta –intérprete, director...– celebra su cumpleaños, o bien es el aniversario de su muerte, o del nacimiento de alguien ya fallecido. Ayer publiqué esto en torno a Tiburón, de Steven Spielberg.

Y alguien, quiero creer que en plan de guasa, me contestó, así tal cual, “Vaya expoiler (sic) te has marcao”. Lo que me viene al pelo para explorar los límites de lo que debe considerarse un spoiler en una película. ¿Si digo que a Tomás Moro le cortan la cabeza, estoy destrozando a alguien el placer de ver la película Un hombre para la eternidad? Abundando en el cine histórico, debo callar que Hitler se suicidó en su búnker cuando vio perdida la guerra, como se nos cuenta en El hundimiento? ¿Al hablar de Psicosis y la mamá del "prota" tengo que sacar la pancarta de “Danger: Spoiler”, aun tratándose de un clásico de Alfred Hitchcock que ya ha cumplido los 60 años?

Veamos, no quiero ponerme tremendista o exagerado, pero de a un tiempo a esta parte, cuando toca comentar una película, parece que no se puede contar nada. A los críticos nos hacen firmar embargos de no publicar nada hasta determinada fecha; y a veces hasta se nos señalan detalles específicos y supuestamente sorpresivos sobre los que deberíamos guardar un mutismo absoluto. El colmo de los colmos fue una presentación de contenidos de la nueva temporada de una conocida plataforma de streaming, que nos anunció que tras dicha presentación nos llegaría un correo detallando lo que podíamos publicar y lo que no, de lo que se nos acababa de anunciar. Suena a kafkiano pero es la pura realidad, y muchos colegas pueden corroborarlo.

Como cronista me considero con el suficiente sentido común como para saber hasta dónde llegar a la hora de contar las líneas maestras de una película o una serie a la hora de hacer una crítica, sobre todo si se trata de algo que se acaba de estrenar, en salas o plataformas. Hay ocasiones en que esto es complicado, si uno quiere hacer un análisis serio, y entonces cabe el recurso de advertir al lector de que se va a abordar un elemento importante de la película, que quizá preferiría desconocer.

Pero a veces tengo la sensación de que de algún modo los comentaristas de cine nos imponemos una autocensura en nuestros comentarios al no abordar determinados aspectos de una película, y con ellos nos hacemos cómplices de quienes reclaman ese silencio, sobre todo si es para desaconsejar el film; y es que en el fondo temen que funcione el boca a oreja de que aquello es un bodrio. Mejor que todo quede difuso y el motivo de nuestra impresión negativa no se entienda, por aquello de no hacer spoiler.

Desde luego en estudios de directores y disecciones profundas de películas y series pretender que no se haga spoiler es simplemente un disparate. Pero creo que también en comentarios más breves y orientativos para el espectador cabe alcanzar un equilibrio para decir lo que hay que decir, pese a quien pese. Además, si al lector no le gusta aquello, pues dejará de leernos y punto. Pero, por favor, no nos dejemos cortar las alas. Seamos libres para decir lo que queramos, sin cortapisas ni miedos, tampoco a la corrección política, aunque eso es otra historia, que debe ser contada en otra ocasión.

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