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Blog de Hildy

Películas efímeras y películas para la eternidad

Las películas que se estrenan hoy se habrán olvidado mañana, o lo más tardar, pasado mañana. En los tiempos apresurados que vivimos, en que las noticias de hace cinco minutos han dejado de serlo, o casi, no hay tiempo para dejar que el cine o las series dejan poso, a veces sólo cabe detectar una insoportable levedad.

Películas efímeras y películas para la eternidad

De verdad que no es cuestión de ponerse en “modo nostálgico” y aseverar aquello de que “ya no se hacen películas como las de antes”, al fin y al cabo sólo se pueden hacer películas “como las de ahora”. No, me encanta el cine clásico, y hay que volver a él una y otra vez, no perder la conexión con las películas que ya forman parte de la historia del Séptimo Arte, pero manteniendo siempre la sintonía con el presente, y reconociendo que se siguen rodando obras valiosas.

Pero hay algo en los tiempos que nos ha tocado vivir que impide disfrutar de las películas. Y es que se habla de un título con motivo de su estreno, o de su opción a premios, pero inmediatamente es olvidado y sustituido por otro. Las carteleras de las menguadas salas de cine renuevan lo que exhiben a velocidad de crucero, Avatar: El sentido del agua es la excepción en un conjunto de títulos que saltan de sala a plataforma a tele convencional, y son olvidadas. Porque el espectador sólo retiene lo que es tendencia en redes sociales, o lo que le recuerda un algoritmo.

Inteligencias artificiales nos dicen lo que nos va a gustar, ya no sirve lo que recomienda un experto con criterio. Y las películas y su repercusión, cada vez se parecen más a aquello de los 15 minutos de fama que se supone que todos buscamos, brillan por un instante a la portada de Netflix y luego desparecen sepultadas entre miles de nuevos títulos que buscan seducirnos.

Si tú le dices a alguien “he empezado a ver Breaking Bad”, te mirará con cara de asombro y te dirá “pero eso es muy antiguo, ¿no?”, pero lo mismo te dirá de Miércoles, ahora lo que hay que ver es de The Last of Us, que se estrena pasado mañana, pero luego se pasará, y...

Yo creo que esa fugacidad de las películas y series, su condición cada vez más efímera, explica en parte una tendencia que nos comentaba una oyente de nuestro podcast “House of Movies”, que decía que las películas cada vez le parecen más largas. Yo creo que tiene toda la razón, y que aparte de la pereza y otras razones, un motivo puede residir en que, cuanto más larga, más durará antes de desaparecer de la memoria del espectador.

En fin, estar a la última, y el mundo de internet, está matando la perdurabilidad de las películas, pocas pueden describirse como “películas para la eternidad”, y demasiados espectadores se están perdiendo el gran patrimonio fílmico de una historia de más de cien años, a la que se trata de homenajear en Babylon, otro título que pasará raudo y veloz por la retina del público.

Tenemos mucho ruido, furia y prisas, y nos falta la actitud contemplativa, eso que en la tradición cristina y en la lucha por la santidad se denomina ascética y mística, un poco de disciplina, esfuerzo y orden para gozar de las obras audiovisuales, y un sumergirse en la belleza de lo que se contempla.

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