Decine21

Blog de Hildy

A propósito de los escándalos sexuales, en el cine y más allá

¡Qué escándalo! Aquí se juega

Pocas películas han dado tanto juego en lo relativo a citas memorables como “Casablanca”. “Tócala de nuevo, Sam”, “Siempre nos quedará París”, “Presiento que este es el comienzo de una hermosa amistad”...

¡Qué escándalo! Aquí se juega

Una de las más celebradas ocurre cuando el capitán Louis Renault ordena una redada en el café de Rick. “¡Qué escándalo, qué escándalo!”, asegura muy sofocado. “Me he enterado de que aquí se juega”. Y sin solución de continuidad, un empleado le entrega un fajo de billetes, “Sus ganancias, señor”.

No puedo dejar de acordarme de esto, cuando los nuevos inquisidores, guardianes de la pureza si de perseguir o distraer al contrario se trata, arrojan a la hoguera mediática a quien haga falta, sin andarse con sutilezas como la presunción de inocencia. Hoy es Julio Iglesias, ayer fue Adolfo Suárez, anteayer Luis Rubiales, y aún más allá Plácido Domingo, magníficos chivos expiatorios, por no citar el recurso habitual a los abusos sexuales clericales. Entretanto, ante los escándalos de personas de entre sus filas acusadas de delitos sexuales, los Errejón, Ábalos, Tito Berni, silencio o la boca pequeña, no hay gran cosa que decir de las bacanales de los “compañeros” de bancada, o como mucho se dirá con mucha seriedad “máximo respeto a la actuación de la justicia”.

moteros tranquilos libroLo que está mal, está mal, lo haga quien lo haga, y lo haya hecho cuando lo haya hecho. Pero estamos en tiempos de relativismo moral, y hay mucha hipocresía en tanto aspaviento, muchos hechos deleznables eran conocidos por los mismos que gritan y se desgañitan ante lo que hace el rival, o únicamente los señalan si les conviene. No puedo evitar pensar en “Moteros tranquilos, toros salvajes”, el libro de Peter Biskind, publicado en 1998, que documentaba con pelos y señales el ambiente desenfrenado en que surgió el cine de directores jóvenes, barbudos y rebeldes como Brian De Palma, Peter Fonda, Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Steven Spielberg, George Lucas, Robert Altman...

Nadie se escandalizó entonces, ni se preocupó de "las víctimas", cuando Biskind describía en “modo cotilleo”, con pelos y señales, un ambiente de excesos cocainómanos y masculinidad tóxica, donde las mujeres eran tratadas casi exclusivamente como objetos o compañeras provisionales, y donde el éxito de taquilla concedía a los hombres el derecho a comportarse como animalescos depredadores sexuales; y, en el otro lado, muchas transigieron porque pensaban que era el precio del éxito, pasar por el casting en el catre. El autor no pretendía hacer denuncia alguna, describía lo que había, que tampoco era nuevo, era el Hollywood Babilonia de la entrega al sexo y al placer, lo que el poder, el dinero y la fama permitían. Pero sí, luego llegó el #MeToo, con Harvey Weinstein como la pieza más destacada de la temporada abierta de caza mayor.

Entonces, ¿qué ha cambiado? ¿Ahora los denunciantes son partidarios de una sexualidad ordenada por el amor entregado, sacrificado e incondicional, de la fidelidad, de la castidad, del matrimonio para toda la vida? Por favor, querido lector, conténte, que incluso en el tranquilo despacho en el que escribo estas líneas no puedo dejar de escuchar tus escépticas carcajadas. Hay más respeto, contención y sensibilidad, en el mejor de los casos, pero en gran parte por la que te pueda caer. Detecto mucha hipocresía, y gente poniéndose en el tan manoseado “lado correcto de la historia” por las razones equivocadas. No lo hacen pensando en la dignidad de las personas, en que la sexualidad es algo muy hermoso con fundamentos antropológicos que no pueden ser ignorados, clave para la transmisión de la vida, no, se trata de usar la genitalidad como un arma arrojadiza para manejar contra un rival que debe ser machacado con toda la artillería disponible. Evidentemente el consentimiento entre adultos en una relación sexual es lo mínimo que deberías esperar para validarla, pero que sea la única medida de la bondad de la misma me parece un vara de medir birriática, que nos degrada como personas.

Lo último del mundo del cine

¡Hola, soy Hal21, tu androide experto en películas!
HAL21 Chatbot