Blog de Hildy
Un éxito incontestable en la taquilla, pero...
Kill Films: Lo que Quentin Tarantino esconde
He leído bastantes comentarios en redes sociales celebrando el éxito en taquilla de “Kill Bill: The Whole Bloody Affair”, que se presenta como la versión deseada por su director de un proyecto que en cines se estrenó en dos entregas, los llamados volúmenes 1 y 2.
Vaya por delante, para que no haya dudas, que me encantan las películas de 2003 y 2004 Kill Bill Volumen 1 y Kill Bill Volumen 2. Puede que fueran ultraviolentas y que te salpicara la sangre, pero daba gusto ver a Uma Thurman en esta historia de venganza, con la katana y zurrando a tanta gente a patada limpia, aquello era “divertimento” en estado puro. Quentin Tarantino es un cineasta talentoso y lo demuestra con cada una de sus películas. Como es alguien completamente asentado, que puede hacer lo que le apetezca, ha visto hecho realidad su sueño de estrenar en 2025 –en España en 2026– Kill Bill: The Whole Bloody Affair, con un metraje de 275 minutos, más de 4 horas y media, montando juntas las dos películas como le parecido, y añadiendo algunas escenas inéditas, entre ellas una de anime. Confieso que no la he visto, y no por falta de ganas, sino de tiempo; me pasa lo mismo con tantas películas que luego ofrecen la versión extendida o el montaje del director, y de verdad que lo siento. En cambio, han acudido los fans en tropel, hasta el punto de colocarla en el top 10 de la taquilla, en el puesto número 4, en el fin de semana estuvo cerca de alcanzar medio millón de euros de recaudación, lo que tiene bastante mérito, pienso.
Entre los comentarios que he leído hay uno que señala que fue el mejor estreno del pasado fin de semana. Quizá habría que decir “reestreno”, pero en fin, admitamos que una película concebida hace dos décadas es, en su nueva presentación, un “estreno”. El caso es que resulta sintomático que ninguna otra novedad de la cartelera lograra estar en el podio de la taquilla del fin de semana, ocupado por los campeones Super Mario Galaxy: La película, Proyecto Salvación y Torrente Presidente, que sumaron 5 millones de euros en entradas. Luego ya viene el “estreno” de Kill Bill, 0,42 millones, Boulevard, por el estilo, más Incontrolable y No te olvidaré, que apenas suman juntas 1,4 millones de euros. Ni Buena suerte, pásalo bien, no mueras ni La buena hija, títulos a priori de cierta entidad, lograron auparse entre las diez más vistas.
En fin, a mí me encanta que las nuevas generaciones puedan ver filmes que peinan canas en pantalla grande, con ocasión de aniversarios, como Tiburón, Regreso al futuro y El padrino, o apelando a la nostalgia y a la base fan, la programación de vez en cuando de maratones de El Señor de los Anillos, Harry Potter, Los juegos del hambre. Apelando por ejemplo a los 70 mm, en este formato vi hace unos meses 2001: Una odisea del espacio. Y entiendo que las salas hagan lo que sea para amortizar sus espacios, ya sea con óperas o eventos en directo o con grabaciones exclusivas, con monólogos de comedia o presentaciones de empresa, ofreciendo coloquios con el director o la directora de la película, o lo que sea.
Pero todo es sintomático de lo mismo: el cine en salas se está muriendo, y salvo películas acontecimiento y cine familiar, hay poco que hacer para convencer al espectador medio de que ver una peli en la oscuridad de la sala como experiencia compartida con desconocidos y sin distracciones merece la pena, frente a la experiencia doméstica con interrupciones y dispersión sin cuento. Cuando veo lo de Kill Bill, yo pienso en “Kill films”, las películas han sido asesinadas por la pereza del espectador y la oferta de las plataformas de streaming, y también por la falta de ideas de los creadores, que se desaniman o apuestan sobre “seguro”, las franquicias, lo que no siempre es tan seguro. Quedarán siempre pequeños “santuarios” para los cinéfilos empedernidos, pero el cine en salas como espectáculo colectivo de masas ya no existe. Descanse en paz.
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