Es bien conocida la admiración que Woody Allen sentía por el recientemente fallecido Ingmar Bergman . El director neoyorquino se inspiró directamente
Es bien conocida la admiración que Woody Allen sentía por el recientemente fallecido Ingmar Bergman. El director neoyorquino se inspiró directamente en el cine del sueco en Interiores y Otra mujer, además de rendir homenaje paródico a la partida de ajedrez con la muerte de El séptimo sello en La última noche de Boris Grushenko. Richard Corliss ha hecho a Allen una sabrosa entrevista en el magazine Time, donde le pregunta acerca de su opinión sobre el maestro.
Entre otras cosas, señala que él conoció al hombre: “El mundo le veía como un genio, y él se preocupaba por la taquilla del fin de semana. Era sencillo y coloquial hablando, no lleno de profundas declaraciones sobre el sentido de la vida”. Allen revela que Bergman le contó que a veces tenía la pesadilla de estar en un rodaje y no saber dónde colocar la cámara. El bajito director reconoce que le ha servido como modelo el ritmo increíble de trabajo de Bergman, para seguir su ritmo anual de una película al año. Y piensa que “sus películas tienen relevancia eterna, porque tratan de la dificultad de las relaciones personales y la falta de comunicación entre la gente, de las aspiraciones religiosas y la mortalidad, temas existenciales que son relevantes ahora y dentro de mil años.” A la hora de recomendar cinco títulos de Bergman para no iniciados, Allen se decanta por El séptimo sello, Fresas salvajes, El rostro, Gritos y susurros y Persona.
