Las mujeres son neuróticas, les obsesiona el peso y las compras, y no piensan más que en los hombres. Al menos, eso creen en Hollywood, que tal vez
Las mujeres son neuróticas, les obsesiona el peso y las compras, y no piensan más que en los hombres. Al menos, eso creen en Hollywood, que tal vez debería ser denunciado por malos tratos... creativos. O al menos, eso cree que creen en Hollywood la profesora Diane Purkiss, del Keble College de Oxford, que constata en un estudio que, en las últimas cinco décadas, las protagonistas femeninas de las películas son “cada vez más tontas”. “Con el peor estilo retrógrado, estereotipos prefeministas y clichés misóginos”, afirma, por si quedaba alguna duda, en el diario The Guardian. Para Purkiss, las adictas a las compras (Confesiones de una compradora compulsiva), las organizadoras de bodas (27 vestidos, La boda de mi novia), los casamientos a tontas y a locas (Algo pasa en Las Vegas) y otras variantes (Sexo en Nueva York. La película) no ofrecen una imagen demasiado ajustada a la realidad femenina. Con ironía dice la académica que ya es triste que tenga que mirar con afecto a El diario de Bridget Jones –por comparación a los mencionados modelos–, aunque señala que en tal sentido sale perdiendo en la comparación con su referente, la Elizabeth Bennet de la novela “Orgullo y prejuicio” de Jane Austen.
No deja de tener gracia que Purkiss deba mirar con nostalgia al Hollywood clásico, para encontrar papeles para mujeres fuertes y con personalidad, como Bette Davis, Katharine Hepburn, Joan Crawford, Audrey Hepburn... Recuerda la estudiosa que las actrices oscarizables este año (Meryl Streep por La duda, Kate Winslet por The Reader (El lector), por ejemplo), han destacado por papeles de mujeres problemáticas y con traumas, más que por damas resueltas que saben más o menos lo que se hacen, de las del tipo de Lo que el viento se llevó o Luna nueva, sin ir más lejos. O que se deba citar a la pareja Spencer Tracy-Katharine Hepburn para ejemplificar una relación hombre-mujer de igual a igual. Para Purkiss filmes como Juno o Pequeña Miss Sunshine son la excepción en un océano cinematográfico donde no se hace justicia a las mujeres. Aunque reconoce que la culpa no corresponde sólo a los estudios, sino a una cierta relajación del público femenino: ahora que se han realizado ciertas conquistas sociales, “es un alivio visitar temporalmente un mundo donde el mayor problema es qué vestido ponerte”.
