Anda José Luis Garci estos días en Casablanca, Marruecos, donde el Instituto Cervantes de esa ciudad ha organizado una retrospectiva de sus
Anda José Luis Garci estos días en Casablanca, Marruecos, donde el Instituto Cervantes de esa ciudad ha organizado una retrospectiva de sus películas. Y en la ciudad de su película favorita, Casablanca, ha expresado su convencimiento de que no ha hecho nunca una buena película: “No me he acercado a hacer una producción como las de Luis García Berlanga, El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973), o una de Luis Buñuel, como El ángel exterminador (1962) o Los olvidados (1950), pero no me preocupa no haberla hecho, porque he tratado de hacer lo que a mí me ha gustado”.
Pues lo primero es decir que Garci tiene razón. No ha hecho una buena película, una obra maestra que vaya a quedar grabada con letras imperecederas en la historia del cine. Pienso que el cineasta es un gran divulgador –qué labor hizo con su espacio televisivo “¡Qué grande es el cine!”– y que ha hecho algunas películas aseaditas, muy presentables, entre las que sobresale, en mi opinión, Canción de cuna. Por eso me alegra leer que ha dicho a Efe “nadie quería que la rodara, todos decían que estaba loco. A mí me gustaba la obra original de Martínez Sierra y sabía que la había querido hacer Orson Welles (...) Me gustaba la idea de una niña que es abandonada en un torno, como en un cuento de hadas”.
Por lo visto, Garci ha declarado también que no sabe si volverá a rodar. En fin, yo espero que sí, porque el hecho de que no sea un genio no impide, todo lo contrario, que esté bastante por encima de la mediocre media del cine español.
