Confieso que casi me dio un ataque de risa cuando algunos eruditos cinematográficos anunciaron, muy serios y circunspectos, que La venganza de los
Confieso que casi me dio un ataque de risa cuando algunos eruditos cinematográficos anunciaron, muy serios y circunspectos, que La venganza de los sith, la última entrega de la saga Star Wars, era una sesuda crítica a la política de George Bush y el peligro de que la cosa de gobernar el país más poderoso del mundo degenere en dictadura. Frases de la reina Amidala cuando el Senado concede poderes especiales a Palpatine (“Así muere la libertad… con un estruendoso aplauso”) o del propio Palpatine (“Si no estás conmigo, eres mi enemigo”) fueron interpretadas como audaces e inteligentes ataques a la administración Bush.
Bueno. Pues ahora la historia se repite con 300, adaptación de un cómic de Frank Miller, que gira en torno a la batalla de las Termópilas, que enfrentó a persas y espartanos hace más de 2.500 años. Lo divertido es que la peli la utilizan tantos partidarios como adversarios de George Bush. Para los primeros, se trata de una película claramente proBush, que estaría representado por Leónidas, rey de Esparta, que defiende los valores de la civilización occidental frente a los persas, o sea, los iraníes, o sea, un integrante del famoso ‘eje del mal’. Mientras que el clan antiBush cree que el presidente no es otro en el film que Jerjes I, emperador de Persia, que intenta conquistar un país defendido por fanáticos guerreros, los espartanos dispuestos incluso al suicidio. Me imagino que Warner se estará frontando las manos con tan peregrinas lecturas políticas de su película, esperando que entre unos y otros rompan la taquilla.
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Por cierto, que a Cecil B. DeMille siempre le tacharon de megalómano por sus espectaculares escenas de masas, que manejaban miles de extras. Les parecía a muchos críticos que aquello no era arte ni era ‘ná’. El mismo patrón de medir se empleó para las producciones de Samuel Bronston con Anthony Mann en España (55 días en Pekín, Rey de reyes, El Cid…) e incluso para el épico David Lean de Doctor Zhivago o Lawrence de Arabia.
Lo cierto es que los nuevos cineastas, en cuanto han tenido una ‘maquinita’ que les permite multiplicar a los extras hasta el infinito y más allá, por obra y gracia de los efectos digitales, no han hecho más darle a la ‘manivela’. Allí está la trilogía de El Señor de los Anillos, la segunda trilogía de Star Wars, Gladiator… y suma, y sigue. Después de la epopeya griega Troya, veremos masas de espartanos y sobre todo de persas en 300… Incluso el ‘artista’ Zhang Yimou logra increíbles planos de miles de guerreros en La maldición de la flor dorada acudiendo a las nuevas tecnologías. Aunque hay miles y millones de chinos en China, se ve que es más cómodo –y más barato– darle a la manivela.
