Uno de los traumas más gordos, por así decir, a los que se enfrentan los guionistas, es ver cómo sus libretos pasan a manos ajenas, directores que
Uno de los traumas más gordos, por así decir, a los que se enfrentan los guionistas, es ver cómo sus libretos pasan a manos ajenas, directores que hacen con ellos lo que quieren (dentro de un orden, claro está). Por eso a lo largo de la historia del cine muchos guionistas (ahí está Billy Wilder, por ejemplo, y más cercanos en el tiempo, Steven Zaillian y David Koepp) se han lanzado a dirigir, para así controlar mejor sus historias. El caso es que ahora mismo hay un montón de guionistas que van a dirigir por primera vez en sus vidas. Destacan el rarito Charlie Kaufman, que debuta con Synecdoche, New York, un film sobre lo que significa enfermar y morir, visto desde su peculiar óptica; el guionista de Un romance peligroso, Scott Frank, que tiene a punto The Lockout, una de robo de bancos, pero con un cómplice clave, de facultades mentales mermadas; el guionista de Escuela de rock, Mike White, que presenta Year of the Dog, sobre una mujer a la que no le gustan los animales; el guionista de Big Fish, John August, que se estrena con The Nines, sobre un tipo al borde un ataque de nervios (o sin ‘al borde’), que trabaja en un show televisivo.
También debutarán tras la cámara la guionista de Erin Brockovich, Susannah Grant, el de la saga Bourne Tony Gilroy, y el de American Beauty y creador de la serie A dos metros bajo tierra, Alan Ball. Todos parecen felices, aunque, eso sí, los grandes estudios no se mojan con ellos, y son casi todas producciones independientes. Y, como dice Kaufman, la cosa les ayuda a entender los cambios que introdujeron los directores de sus anteriores guiones: “Puedo cambiar una línea, cambiar la obra, añadir y quitar cosas”, es una gran experiencia a abordar durante un rodaje. La diferencia es que ahora son ellos mismos ahora los que ejecutan los cambios y posibilidades de mejora que surgen en la filmación.
