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Biografía

Tony Gilroy

Tony Gilroy

63 años

Tony Gilroy

Nació el 11 de Septiembre de 1956 en Manhattan, Nueva York, EE.UU.
Filmografía
La gran muralla

2017 | The Great Wall

Siglo XV. El mercenario inglés William Garin se traslada a China con su socio español, Tovar, y otros compañeros, para robar el polvo negro, invención de enorme potencial militar. Tras un desafortunado encuentro con una extraña criatura, los dos son capturados por miembros de la Orden de los Sin Nombre, fundada para hacer frente a monstruos como el que han visto, los taotie, que cada seis décadas asedian la Gran Muralla China, en realidad construida para contenerlos. Acabarán ayudando a este ejército, que tras la muerte de su general tendrá una nueva líder, la comandante Lin Mei. En una época en la que Hollywood estrecha relaciones con China, por su importante mercado, el veterano Zhang Yimou se pone al frente de esta coproducción, que cuenta con el mayor presupuesto jamás manejado en un film de su país. Resulta un tanto forzada su mezcla de reconstrucción histórica, con elementos fantásticos, pues da la impresión de que se ha renunciado al rigor histórico para justificar la presencia de occidentales en la época en la que transcurre la acción. De esta forma se le puede dar papel a estrellas internacionales. Visualmente impactante, con una deliciosa utilización de los colores, se echa de menos tanto el tono lírico de Hero y La casa de las dagas voladoras, como el dramatismo de los mejores títulos del realizador, pues por mucho que se las apañe para definir más o menos a sus personajes con escuetos diálogos, no tienen la profundidad de los protagonistas de Sorgo Rojo, El camino a casa o Ni uno menos. Ni siquiera Lin, lo que resulta llamativo, ya que siempre ha cuidado mucho los retratos femeninos, su gran especialidad. La culpa la tiene el guión, bastante pobre, a pesar de que han colaborado en su autoría hasta seis guionistas estadounidenses, entre ellos Tony Gilroy y Edward Zwick. El reparto internacional poco puede hacer, salvo mantener el tipo. Ocurre con Jing Tian, estrella china, en el citado papel femenino, con el estadounidense Matt Damon (Garin), y los secundarios, entre los que se encuentra el gran Willem Dafoe, como otro occidental que llegó a Oriente tiempo atrás.

6/10
El rehén

2017 | Beirut / High Wire Act

En 1972, el diplomático estadounidense Mason Skiles abandona El Líbano, por entonces una ciudad próspera, traumatizado tras una acción terrorista durante una fiesta en su residencia, en la que ha muerto su esposa, y han secuestrado a Karim, su hijo adoptivo, hermano de un terrorista. Pese a que cae en el alcoholismo, una década más tarde, la CIA le pida que vuelva a la localidad, ahora en ruinas, para hacerse cargo de una misión que sólo él puede cumplir: su viejo amigo y colega Cal ha sido secuestrado, a manos de Karim. La compleja situación en Oriente Medio da lugar continuamente a cine de interés, ahí están para demostrarlo largometrajes de estilos muy diversos, como Munich o Paradise Now; casi todos durísimos aunque a veces aparece alguno esperanzador, como La banda nos visita. Está más cerca de los primeros este trabajo del realizador Brad Anderson, que rodó en Barcelona y alrededores El maquinista. Con una puesta en escena un tanto convencional, pero que da la talla, le saca partido a un guión bien elaborado de Tony Gilroy, prestigioso escritor de la saga iniciada con El caso Bourne, si bien en ocasiones puede resultar un tanto enrevesado, incluso para quienes conozcan más o menos lo ocurrido cuando El Líbano acogió a la OLP, de Yasir Arafat, después de que la organización fuera expulsada de Jordania. El texto no tiene mucho que ver con la franquicia protagonizada por Matt Damon, aquí se incluyen secuencias de acción, pero de importancia secundaria, ni siquiera existe una mínima voluntad de que resulten especialmente frescas o memorables. Cobra más importancia analizar el contexto socioeconómico que dio lugar a la Guerra de El Líbano, y subrayar las diferencias de intereses entre los servicios secretos de los países implicados, se diría que el modelo han sido las novelas de John le Carré. Pinta un mundo muy oscuro, donde reina la corrupción, y se diría que casi todo el mundo va a lo suyo, da igual que estén en juego vidas humanas y el destino de la región. La cinta no tiene complejos a la hora de criticar a todos los bandos en liza, incluidos los norteamericanos, que parecen desdeñar el país, y ni se han esforzado en aprender el idioma. Impecable trabajo de Jon Hamm, inolvidable Don Draper, de Mad Men, que trata de lograr el reconocimiento en la gran pantalla con un personaje desesperanzado y autodestructivo. Cumplen también, en roles más desdibujados Rosamund Pike, que tras Perdida encarna a una dura agente de la CIA, y Dean Norris, cuñado de Breaking Bad, como funcionario 'brutote' con un look que dificulta reconocerle.

6/10
Rogue One: Una historia de Star Wars

2016 | Rogue One: A Star Wars Story

Primera película de la saga galáctica que no forma parte de las tres trilogías que llegarán a conformar pronto nueve episodios, aunque esta historia de Star Wars bien podría subtitularse “Episodio tres y medio”, los hechos que se narran son inmediatamente anteriores a los que muestra el film con el que George Lucas empezó todo. Corren tiempos en que domina el Imperio, y la Alianza Rebelde hace lo que buenamente puede para oponerse a sus tiránicos fines. Una de las herramientas que están desarrollando para asegurar su dominio es un arma de destrucción masiva, un destructor de planetas, la llamada Estrella de la Muerte. Contra su voluntad, el ingeniero Galen Erso está detrás del diseño, pero cuenta con que su hija Jyn, ahora toda una joven aguerrida, y a la que no ve desde que era niña, pueda proporcionar una valiosa información a los rebeldes. Pero esto pasa por hacerle llegar un mensaje a través de su viejo amigo extremista Saw Gerrera, y de que ella persuada a un grupo de variopintos personajes ­–Cassian Andor, combatiente sin escrúpulos,  el androide K-2S0, el jedi ciego Chirrut, el guerrero Bace, o el ex piloto imperial Bodhi– para hacer equipo, lo que no es tan sencillo. Gareth Edwards, el director de Monsters y Godzilla, ha sido el encargado de poner en marcha el primer spin-off cinematográfico de Star Wars, aunque se ve que la tarea de conceder independencia con respecto a los filmes originales es gradual, nada de riesgos innecesarios, sólo los justos, y siguiendo la estrategia del episodio VII hay un esfuerzo notable para que el fan acérrimo se sienta cómodo en un universo familiar, disfrutando de guiños y reconociendo personajes, armaduras de soldados, naves espaciales, etc, etc. La trama desarrollada por Chris Weitz y Tony Gilroy, a partir de las ideas de John Knoll y Gary Whitta, es relativamente sencilla y sirve para trazar ecos con otros títulos de la saga. Al igual que en El despertar de la fuerza hay una apuesta decidida por un personaje principal femenino, Jyn, encarnado por Felicity Jones, y el alimento del elemento nostalgia. También, cara a conquistar el mercado oriental, tenemos a dos personajes orientales, los chinos Donnie Yen y Jiang Wen. Pero aunque el film es entretenido, las escenas de acción acaban haciéndose un poco interminables, falta equilibrio y la música de Michael Giacchino no resiste la comparación con la de John Williams. Y aunque hay algunos detalles de humor, por los intercambios entre Jyn y K-2S0, al estilo de los que tenían la princesa Leia y Chewbacca, se echan en falta más de estos siempre agradecidos momentos de desahogo, para entendernos, el Andor de Diego Luna no es Han Solo, y las risas entre dos entrañables androides se añoran. Además, a ratos la cosa se pone algo oscura y solemne, con un reiterativo mantra sobre la fuerza, lo que no significa necesariamente momentos emotivos de verdad, aunque alguno, por suerte, hay.

6/10
El legado de Bourne

2012 | The Bourne Legacy

Después de que el programa de espionaje Treadstone, del que era pieza clave Jason Bourne, escandalizara a la opinión pública, las agencias secretas de Estados Unidos quieren enterrar –o al menos, “hibernar”– todos sus planes de dudosa legalidad. Uno de ellos es el programa Outcome, que ha creado agentes prácticamente superinvencibles, con su cerebro y su cuerpo hiperestimulados, aunque al precio de depender de unos fármacos. Como elefante en una cacharrería, los hombres liderados por coronel retirado Byer eliminan a todos los agentes y científicos relacionados con el programa. ¿A todos? ¡Noooo! Sobreviven el duro agente Aaron Cross y la doctora Marta Shearing, que deben emprender una vertiginosa carrera hacia delante para eludir a sus perseguidores. Cuarta entrega de la saga Bourne, El legado Bourne encaja a la perfección en la saga ideada inicialmente por el novelista Robert Ludlum, y que en cine había contado con los directores Doug Liman y Paul Greengrass, y el protagonismo de Matt Damon. Tras la renuncia de Greengrass y Damon a seguir con nuevas películas, el guionista de los anteriores filmes, Tony Gilroy, se apoya en sus hermanos, los gemelos Dan Gilroy –coguionista– y John Gilroy –editor– para lograr la deseada continuidad. Y sí, verdaderamente hace honor al título, Jason Bourne deja un legado que permite prescindir de él... o recuperarle, si un día Damon se arrepintiera de su decisión. Hay un grandísimo trabajo de producción, Frank Marshall y compañía, buen ejemplo de lo que es capaz Hollywood cuando da lo mejor de sí. Tony Gilroy había demostrado su capacidad para dirigir en Michael Clayton, y tiene suficientemente probado que las historias sobre conspiraciones gubernamentales le sientan como un guante. En El legado Bourne maneja además muy bien esa idea del olvido del “factor humano” y el sentido moral en el trabajo de algunos que se autodenominan “patriotas”, pero que tienen en muy poco la dignidad de la persona humana, los individuos pueden ser prescindibles. Quizá una asignatura pendiente de Tony era probar que podía dirigir escenas de acción, y desde luego la nota que saca en El legado Bourne es sobresaliente: el ritmo es trepidante en todo momento, con momentos tan adrenalíticos y de suspense como la caza en Alaska, la locura en el laboratorio secreto o la persecución interminable de motocicletas en Manila. Además, trucos del buen guionista, sabe introducir giros ingeniosos en los momentos adecuados, o dotar de una gran seguridad y aplomo a Cross, bien interpretado por el relevo de Damon, por así decir, Jeremy Renner. También demuestra gran nivel interpretativo Rachel Weisz, que bien podríamos definir como una Hipatia trabajando para la CIA, si se nos permite la alusión a la protagonista de Ágora, ese personaje dedicado en cuerpo y alma a la ciencia de la cinta de Alejandro Amenábar. El resto del reparto está perfectamente escogido, incluso los actores con papeles pequeños pero importantes, pensamos en Louis Ozawa Chagchien, ideal para un personaje tipo Terminator.

8/10
Duplicity

2009 | Duplicity

Dos grandes multinacionales del mundo de la cosmética, Equikrom y Burkett & Randle, se encuentran en guerra. El mercado lo es todo y sus dirigentes saben que el primero que saque a la calle el producto estrella hundirá a la competencia. Ray y Claire son espías profesionales. Inesperadamente se encuentran cuando ella ha de entregar una importante información a la empresa Equikrom y el contacto de esa empresa resulta ser Ray. Ambos se conocieron años atrás, cuando trabajaban para sus respectivos gobiernos -él en el M-16 y ella en la CIA-, pero pronto se pasaron al sector privado y ahora los dos trabajan para la misma empresa. La única diferencia es que él lo hace normalmente y ella infiltrada en la compañía de la competencia, Burkett & Randle, con el objetivo de birlar cualquier información empresarial. Y ahora esa ‘bomba informativa’ es el anuncio de un nuevo producto que revolucionará el mundo de la estética... Uno puede ser un excelente chef, pero si los ingredientes que utiliza son de baja calidad el plato que resulte siempre será decepcionante, por mucho condimento, aroma o presentación artística que le quiera dar. Y eso es lo que le ha sucedido a Tony Gilroy. Estamos ante un consumado guionista, cuyos trabajos para la fantástica 'Trilogía de Bourne' y más tarde para Michael Clayton, son ejemplos excelentes de su maestría para entrecruzar hilos narrativos y pergeñar intrincadas conspiraciones internacionales de la más moderna actualidad. También son filmes que revelan su preferencia por el mundo clásico de los espías, con una carga importante de nostalgia. Hay en Duplicity claras reminiscencias de los tiempos de la Guerra Fría, con sus agentes, topos, señuelos, falsas identidades, escuchas secretas, engaños y microfilms (ahora sustituidos por fórmulas químicas). Y, como en la película protagonizada por George Clooney, aquí las grandes potencias son reemplazadas por las multinacionales que hoy en día mueven el mundo. También explota el film el viejo tema del amor entre espías o agentes de ambos bandos, algo que hemos visto en numerosas películas de éxito, desde Con la muerte en los talones hasta Sr. y Sra. Smith. Sin embargo, aunque Gilroy intenta dar una forma dinámica a la trama, jugando con todos esos elementos, con una inspirada música de James Newton Howard y con un montaje muy ágil, visual y temporal, la verdad es que al final hay mucha parafernalia y poca ‘chicha’. Mucha alta cocina y mínimas calorías, para seguir con el símil. La historia apenas avanza durante la primera hora y media de película. Y eso es mucho. Demasiado. El film juega juega continuamente la baza del engaño propio de las películas del subgénero del espionaje. El problema no es entonces la enmarañada red de contactos, diálogos, ambigüedades y planes de acción, diseñada para atrapar al espectador, invitándole al principio a preguntarse quién engaña a quién, y quién dice la verdad, algo a lo que acaba claudicando por puro aburrimiento. No, el problema es más bien que Gilroy no ofrece más que un vacío divertimento, una gran parodia de todo ese idealizado mundo de los espías antes mencionado. Y eso es llevar la broma demasiado lejos. Al final queda poco más que una improbable historia de amor, y un suspense que se podría llamar ‘anecdótico’. El atractivo de la película estriba entonces casi únicamente en el reparto. Y hay que reconocer que Julia Roberts y Clive Owen –que ya trabajaron juntos en la infame Closer- forman una buena pareja en pantalla, con un toque humorístico natural. Su reiterado juego de diálogos funciona y hay química entre ellos.

4/10
La sombra del poder

2009 | State of Play

A la redacción del Washington Globe llegan para ser cubiertas dos historias en apariencia inconexas, ocurridas en la ciudad capitolina. Por un lado, la muerte de un ladrón de poca monta y las heridas casi mortales de un repartidor de pizzas, a manos de un tirador profesional. Por otro, la muerte de Sonia Baker, investigadora para el congresista Stephen Collins, arrollada en el metro. Este último suceso tiene diversas connotaciones: Stephen tenía una relación extramarital con la difunta, quien estaba reuniendo pruebas en su investigación de la principal empresa privada contratista del Ministerio de Defensa; y el periodista del Globe Cal McAffrey es el mejor amigo de Stephen y de su esposa Anne. McAffrey se ocupa del primer caso, pero echará una mano a la novata Della Frye, que se ocupa del escándalo político. Adaptación de la miniserie de la BBC creada en 2003 por Paul Abbott, ha contado con un curtido equipo de guionistas, especialistas en intrigas con visos de gran conspiración: Matthew Michael Carnahan (La sombra del reino), Tony Gilroy (Michael Clayton) y Billy Ray (El espía); a lo que se suma un director al que le gustan las tramas políticas, Kevin Macdonald (El último rey de Escocia). El resultado es un entretenimiento de gran calidad, con una madeja argumental lo suficientemente enrevesada para captar la atención, y lo suficientemente inteligible para que el espectador no se pierda. El film se esfuerza en rendir un sincero homenaje a lo mejor de la profesión periodística, que trata de desvelar la verdad por muy escandalosa que resulte, lo que la emparenta con títulos como Todos los hombres del presidente, un referente claro. Así, Cal es un reportero de la vieja escuela, que busca los hechos, contrasta la información, maneja bien las fuentes; su fobia a las nuevas tecnologías –tiene un ordenador antediluviano– es una pose frente a las facilidades blogueras, capaces de decir inmediatamente cualquier cosa de modo irresponsable, sin la preocupación de la verdad que contengan o el daño que puedan hacer, y la presión aumentada por la primicia. Funciona bien el contraste con la novata –que potencialmente representa el peligro de decadencia de la profesión–, el equipo de apoyo de Cal, y la figura de la editora, donde se diría que la composición de Helen Mirren homenajea a Katharine Graham, mítica figura del Washington Post. Hay inteligencia en el modo en que se imbrica la intriga política y la investigación periodística, con lo estrictamente personal, que afecta a Stephen y Cal, una amistad puesta a prueba por dos complicados triángulos amorosos, y por el telón de fondo de un grupo paramilitar de aviesas intenciones, y por los tejemanejes de los politicastros, que en vez de servir al público, sirven a su propio interés. E incluso hay espacio para la sorpresa. Aunque puede haber pasajes discutibles –el interrogatorio en el motel, por ejemplo–, en general se dota a la narración de una densidad adecuada, con tiempo para que los personajes se nos aparezcan como de carne y hueso, principalmente los compuestos por Russell Crowe (extraordinario, como siempre), Ben Affleck (correcto) y Robin Wright Penn (estupenda en su breve pero intenso papel). Hay además buenos pasajes de acción e intriga, donde se logra sorprender, algo no tan sencillo cuando un espectador hastiado de efectos especiales, cree haberlo visto ya todo: sin parafernalia digital, funcionan bien por su suspense la escena del hospital y la del garaje subterráneo.

6/10
Michael Clayton

2007 | Michael Clayton

Debut como director del neoyorquino Tony Gilroy, memorable guionista de la saga de Bourne. Su opera prima afronta el tema de la abogacía, que ya había tratado como escritor en Pactar con el diablo. Michael Clayton, abogado de mediana edad, trabaja como ‘basurero’ para Kenner, Bach & Ledeen, un importante bufete de abogados de Nueva York. Su tarea consiste en lavar como sea los trapos sucios que puedan tener las empresas clientes de su firma. También tiene problemas el mismo Clayton en su vida personal, un auténtico caos, pues su mujer le pidió el divorcio y apenas le deja ver a su adorado hijo. Además, es ludópata, y aunque quisiera volver a ejercer la abogacía tradicional, cansado de hacer trabajos en la sombra, sus superiores prefieren que siga en el mismo puesto. Le encargan ayudar a su amigo y colega Arthur Edens, que trabaja en un caso para la multinacional U/North, un cliente importante que se enfrenta a una demanda porque su producto presuntamente ha causado intoxicaciones. Pero el estrafalario comportamiento de Edens, que sufre una crisis de conciencia que le lleva a identificarse con los demandantes, está causando una gran preocupación. El reparto no podía ser más ajustado, sobre todo en lo referente al cuarteto protagonista, todos en papeles que le van ‘al pelo’. Clooney es sin duda la mejor opción para interpretar a un ‘arreglador de problemas’ realista, claro y directo, con pinta de triunfador, pero en el fondo un fracasado. Igualmente ideales son Tilda Swinton (ejecutiva sin escrúpulos de U/North), Tom Wilkinson (abogado arrepentido de sus malas acciones) y Sydney Pollack (jefe del bufete), que sorprendentemente casi no parece haber envejecido desde que interpretó en 1982 su personaje de Tootsie, una de sus películas. Frente a otras películas de abogados, centradas en el caso que da pie a la trama, Michael Clayton pasa de puntillas por el asunto de la multinacional y desarrolla más las consecuencias de la corrupción y los problemas de conciencia del protagonista, así como las relaciones entre vida personal y ocupación profesional. Gilroy se perfila como un prometedor director, en un estilo que recuerda al de Steven Soderbergh, productor ejecutivo. Pero es mucho mejor guionista, pues parte de un libreto propio, que en un primer momento parece enmarañado y oscuro, estilo Syriana, Confesiones de una mente peligrosa, El buen alemán, Solaris y otras películas de Clooney, pero en el que todos los cabos sueltos casan con aparente facilidad.

6/10
El ultimátum de Bourne

2007 | The Bourne Ultimatum

Perfecto colofón a la saga del desmemoriado ex asesino profesional Jason Bourne, inspirada, bastante libremente, en las novelas de Robert Ludlum. En esta ocasión Bourne va a llegar hasta el final a la hora de averiguar cómo se convirtió en agente de la CIA, dentro de un proyecto supersecreto del gobierno estadounidense; el primer eslabón de la cadena que le guiará a la verdad es un periodista de The Guardian, que está publicando en el diario londinense un reportaje sobre el caso Bourne; sus diversas averiguaciones llevarán a Bourne desde Moscú a París, Londres, Madrid, Tánger y Nueva York. De modo que la trama se convierte en una especie de increíble y vertiginosa montaña rusa, integrada por peleas, persecuciones y explosiones, con algunas “paradas de contacto humano”, momentos no precisamente de relax. En efecto, esas “paradas”, lejos de disminuir el ritmo de la cinta, contribuyen a reforzar su atmósfera desasosegante, pues casi siempre son tensas conversaciones, telefónicas o “vis-à-vis”, donde los interlocutores tratan de averiguar las intenciones del otro, al modo de una caza del ratón y el gato, donde no se sabe exactamente quién juega qué papel. Como ya hiciera en El mito de Bourne, Paul Greengrass imprime un tono realista –por así decir– a la historia, acudiendo a los recursos de documentalista que tan buenos resultados le dieron en Domingo sangriento. Lo que significa un vibrante montaje, que ayuda a hacer bueno el inteligente guión de Tony Gilroy y compañía, y un buen uso de la cámara en mano, que resulta especialmente eficaz, contra pronóstico, en los primeros planos, donde el temblequeo, más perceptible de lo normal, contribuye a aumentar el nerviosismo del espectador. Lo que significa al final un ritmo casi siempre excelente, con un manejo maestro del suspense, aunque alguno de los “pasajes humanos”, como la visita de Bourne al hermano de su novia muerta, poco aporten a no ser a la extensión de la humanidad del protagonista. A cambio, hay que reconocer que hay cierta capacidad de riesgo en el encuentro final entre Jason y su "creador", que habla de la responsabilidad de las personas en sus acciones, más allá de argumentos falaces como el de "la obediencia debida". Dentro de la eficaz intriga, subyace un claro mensaje de contenido político, que se puede resumir en un “no todo vale a la hora de combatir el terrorismo”, “hay unas reglas básicas que las personas con conciencia saben que deben respetar”. Una idea claramente patente en el enfrentamiento de los personajes de David Strathairn y Joan Allen. El reparto cumple de nuevo a la hora de encarnar a sus personajes, tanto los viejos conocidos –por supuesto Matt Damon, al que le van “al pelo” estos personajes ambiguos–, como las nuevas incorporaciones, entre las que destacan, además de la del citado Strathairn, las de Albert Finney y Paddy Considine.

7/10
El mito de Bourne

2004 | The Bourne Supremacy

Aunque sigue amnésico, Jason Bourne ha logrado enterarse de que era un agente secreto, como James Bond, personaje con el que comparte las iniciales. Tras conseguir escapar de los secuaces de un político al que por lo visto intentó asesinar, y de sus antiguos compañeros del siniestro grupo conocido como Treadstone, Bourne se refugia en la India, con su amada Marie. Allí sufre pesadillas y tiene un fuerte sentimiento de culpa, pues intuye que pudo realizar actos terribles que ni siquiera recuerda. Para colmo de males, Kirill, un implacable asesino relacionado con su pasado reaparece y obliga a Bourne a emprender una huida por diversas ciudades europeas, en el transcurso de la cual descubrirá escalofriantes informaciones sobre actos cometidos por él. Hace dos años, el director Doug Liman sorprendía con El caso Bourne, lograda adaptación de la novela homónima de Robert Ludlum. Desde luego, era un soplo de aire fresco en un panorama cinematográfico dominado por el maniqueísmo, en el que se echaban de menos productos de intriga y acción de calidad. Lo que encontramos aquí es un personaje con dimensión humana, que se las tiene que arreglar sin sofisticados aparatos inventados, y atormentado por la culpa, pues ha sido capaz de cometer los actos más horribles, y ahora sufre sus consecuencias. Esta vez, el productor Frank Marshall mantiene a los protagonistas, y a la mayor parte del equipo técnico, pero cambia al director. Curiosamente, apuesta por el británico Paul Greengrass, autor de Domingo sangriento, un docudrama que reconstruía con realismo el tristemente célebre episodio acontecido en Irlanda del Norte. Y aunque es la primera vez que Greengrass afronta una superproducción estadounidense, lo cierto es que a la cinta le viene al pelo su estilo dinámico y realista, que recuerda a los clásicos del género de los 70, como French Connection. Destacan las persecuciones, que parecen de verdad frente a tanta influencia de los videojuegos imperante en el cine actual. Asimismo, Greengrass también es capaz de imponer un montaje frenético sin que la cinta parezca un videoclip.

7/10
El caso Bourne

2002 | The Bourne Identity

En alta mar, un barco pesquero rescata a un joven que va en un bote a la deriva: no recuerda nada de su pasado y ha sido herido de bala; y en la muñeca lleva tatuada una cifra que podría ser de una cuenta bancaria. Confundido, comienza a investigar quién puede ser, y el número le lleva a una caja de seguridad en Zurich, que contiene un arma, varios pasaportes, mucho dinero y una dirección en París. Su nombre parece ser Jason Bourne, pero eso no le dice nada. De repente, es atacado por unos individuos especialmente entrenados para el combate, y espontáneamente descubre que él también es experto en artes marciales. En su huida se mete en el coche de una chica alemana, con la que llega a un acuerdo económico para que le lleve a París. Adaptación de la obra del novelista Robert Ludlum. A diferencia de otras películas de espías, más centradas en la acción, el cineasta Doug Liman tenía muy claro que para él lo más importante era la descripción de personajes. Hijo de un alto funcionario del gobierno que trabajaba en asuntos de Irán y Nicaragua, Liman había conocido muchos espías durante su infancia y pensaba que no se parecían a los de las películas, por lo que quería retratarlos de forma realista. Por esta razón funcionan tan bien las persecuciones y peleas, porque el espectador se implica más en lo que les sucede a los protagonistas. De hecho, son tan complejas que el director necesitaba un protagonista que además de saber interpretar estuviera en buena forma: así que pensó desde el primer momento en Matt Damon.

7/10
Bait

2000 | Bait

Oro robado y oculto. El ladrón está en la cárcel, pero en un arranque de confianza, confiesa a su compañero de celda dónde está el tesoro. Como va a salir pronto del talego, él podría recuperarlo. Lo que no sabe es que un agente del FBI, con quien negocia su libertad, quiere usarlo como cebo. Antoine Fuqua (Training Day (Día de entrenamiento)) dirige un film entretenido, que depara un par de sorpresas inesperadas.

6/10
Prueba de vida (2000)

2000 | Proof Of Life

Peter Bowman es ingeniero en un innombrado país sudamericano. En una operación de la guerrilla antigubernamental, es tomado como rehén. Comienza entonces un largo proceso de negociación para conseguir su liberación. La empresa de Bowman se desentiende a la hora de echar una mano (lo ocurrido no estaba “previsto” en el contrato, ni lo cubre ningún seguro); pero su esposa Alice removerá Roma con Santiago para rescatar a su esposo. Ayuda Terry Thorne, un especialista en rescates, que conoce la psicología de los secuestradores, y que ha de procurar las condiciones más ventajosas para que Peter recupere su robada libertad. Taylor Hackford (Oficial y caballero, Noches de sol) combina con acierto el drama y el suspense en torno al desenlace, con buenas escenas de acción. Tanto la captura del rehén, como los intentos de liberación están narrados con ritmo impecable. El film se inspiró en un artículo publicado en Vanity Fair bajo el título "Aventuras en el negocio de los rescates". Meg Ryan como esposa apurada, y Russell Crowe como negociador, son dos actores que hacen creíble la apasionante historia. Incluido un final a lo Casablanca, arriesgado y emotivo.

5/10
Armageddon

1998 | Armageddon

Un asteroide se dirige hacia la Tierra. En pocos días podría acabar con todo rastro del ser humano, como ocurrió muchos años atrás con los dinosaurios. ¿Qué hacer? Expertos de la NASA, consejeros presidenciales y estrategas militares se devanan los sesos. La única idea que podría funcionar es enviar una nave tripulada hasta el meteorito. Allí habría que hacer un agujero a una profundidad adecuada, e introducir en su interior un explosivo nuclear. La explosión debería romper el asteroide en mil pedazos, que tomaran una trayectoria no mortífera. ¿Pero quién es capaz de hacer un agujero lo bastante profundo para que la misión tenga éxito? ¡Está clarísimo! Expertos perforadores que buscan petróleo en los fondos oceánicos. Y el mejor es Harry S. Stamper (un Bruce Willlis tan duro como siempre) y su equipo. El problemas es que, aunque son muy buenos en su trabajo, son algo "bruticos". No en vano, el director Michael Bay ha definido la película como una especie de Doce del patíbulo del espacio, en referencia al célebre film sobre un grupo de reclusos que realizan una importante misión, enmarcada en la Segunda Guerra Mundial. Acción trepidante desde el minuto uno. El inconfundible estilo de Michael Bay (un bombardeo de planos que apenas duran más de dos segundos cada uno) ayuda a crear ese ritmo apabullante, que deja sin aliento. Así es esta película. Desde la furia incontenida de Bruce Willis al descubrir a su hija líada con uno de sus hombres, pasando por la secuencia en la estación espacial rusa, hasta llegar al asteroide. Y por supuesto que no faltan algunos fragmentos de asteroide, que destruyen ciudades y monumentos emblemáticos de todo el mundo. Si la reciente Deep Impact se centraba en los sentimientos de los personajes, los responsables de Armageddon apuestan sin dudarlo por el espectáculo con enormes dosis de adrenalina. Eso no implica que hayan descuidado el argumento, que ha contado con todo un batallón de prestigiosos guionistas: Jonathan Hensleigh y Scott Rosenberg (Con Air (Convictos en el aire)), Robert Towne (Chinatown, Marea roja), Tony Gilroy (Medidas desesperadas), J.J. Abrams (A propósito de Henry) y Ann Biderman (Las dos caras de la verdad). En el reparto tampoco se han regateado esfuerzos. Al imprescindible Willis hay que añadir a Ben Affleck (coganador de un Oscar por el guión de El indomable Will Hunting), Liv Tyler, Billy Bob Thornton, Steve Buscemi, Will Patton... Un reparto atractivo y a la vez arriesgado, que funciona perfectamente.

5/10
Pactar con el diablo

1997 | The Devil's Advocate

Kevin (Keanu Reeves) es un joven abogado de prestigio que se acaba de mudar con su mujer Mary Ann (Charlize Theron) a Nueva York, pues ha aceptado trabajar en un bufete de abogados con muy buenas referencias. Pronto descubrirá que nada es lo que parece, pues el bufete está al frente de John Milton (Al Pacino), un misterioso y embaucador caballero que no es otro que el mismísimo diablo. Poco a poco los hechos ocurridos alrededor de Kevin y Mary Ann empiezan a poner en peligro su propia vida y la de sus almas. Brillante thriller con un reparto de campanillas. Al Pacino, siempre genial, hace alarde de su buen hacer como actor y regala unos monólogos para quitarse el sombrero. El joven Keanu Reeves acierta en su rol de ambicioso muchacho con deseos de triunfo que peligra caer en las redes del demonio; y la guapa Charlize Theron, como la abnegada esposa y parte importante de la historia, aporta también gran dramatismo. Dirige Taylor Hackford (Prueba de vida, Ray), basándose en una novela de Andrew Neiderman.

6/10
Al cruzar el límite

1996 | Extreme Measures

Guy Luthan (Hugh Grant) es un joven y reputado doctor que trabaja en un hospital de Nueva York. Un día llega al centro un vagabundo con extraños síntomas que le hacen fallecer a los pocos minutos. Ante esto, Guy comienza a investigar las causas de la muerte, lo que le conduce a descubrir una red de experimentos con humanos que se están llevando en secreto. Thriller basado en una novela de Michael Palmer, donde el suspense se palpa desde el primer momento. El director Michael Apted cuenta con un guión notable y unas buenas interpretaciones por parte, sobre todo, de Gene Hackman. Destacan también, los algo fugaces secundarios, David Morse o Sarah Jessica Parker. Algo coja queda, sin embargo, la intervención de Grant en su papel de doctor, actor acostumbrado a comedias; pero el resultado en general aprueba con nota. La película plantea un dilema moral y no es otro que el de sacrificar una vida a cambio de muchas más, pero ¿a qué precio? En definitiva, guión interesante y ritmo eficaz que mantiene la tensión en todo momento. No defraudará a los aficionados al género.

6/10
Eclipse total

1995 | Dolores Claiborne

Los relatos del prolífico novelista Stephen King han sido la base de numerosos films; olvidables algunos, otros son estimables, como Cuenta conmigo y Misery de Rob Reiner, y Cadena perpetua de Frank Darabont. Por fortuna, Taylor Hackford se ha apuntado al grupo de los estimables. Dolores Clairbone (Kathy Bates) está siendo interrogada por el posible asesinato de una anciana enferma a la que cuidaba. Su hija Selena (Jennifer Jason Leigh), una periodista de éxito, acude a acompañarla en cuanto se entera de los hechos. Unos hechos que traen a su memoria otros acaecidos años atrás, cuando Dolores fue acusada de haber matado a su marido, el padre de Selena; en aquella ocasión se dictaminó que la muerte se había producido por accidente, pero... ¿se repetirá la misma historia? Taylor Hackford sabe llevar a buen puerto un relato de suspense, que no se limita a ofrecer las habituales dosis de intriga propias del género, relacionadas en este caso con las dudas sobre la culpabilidad de Dolores. En el guión de Tony Gilroy se suceden las idas y vueltas por el pasado, con idea de ofrecer jirones de las vidas de unos personajes que resultan creíbles, de carne y hueso. Así, se describe con acierto la relación entre madre e hija, en la que aparecen poco a poco sus respectivos fantasmas. Y se dibujan interesantes subtramas, ya sea a partir del excesivo celo profesional de un policía, o de las manías de la mujer a la que Dolores sirvió como criada durante mucho tiempo. Los aspectos más sórdidos de la historia son tratados con elegancia, sin efectismos innecesarios. La esmerada realización de Hackford saca provecho a algunas elecciones estéticas arriesgadas, como la de fotografiar en tonos fríos y oscuros las partes de la historia que transcurren en el presente. En la interesante galería de personajes femeninos que presenta el film, le toca llevar el peso de la historia a una espléndida Kathy Bates, a la que da buena réplica Jennifer Jason Leigh. A pesar de que los personajes masculinos son más secundarios, vale la pena llamar la atención sobre el trabajo de un sobrio y eficaz Christopher Plummer, en un papel incómodo, que encarna con aplomo. 

6/10
Pasión por el triunfo

1992 | The Cutting Edge

Un jugador de hockey sobre hielo sufre una lesión. Ya no podrá volver a jugar, pero se presenta ante sus ojos un deporte alternativo en el que nunca había pensado: el patinaje artístico. Comenzará su entrenamiento con una patinadora de trato difícil, de la que acabará enamorándose. Película romántica, con buenas escenas de patinaje –deporte popular en Estados Unidos–, pero desarrollada de un modo tan insulso, que nunca logra apasionar demasiado. Aun así, resulta simpática.

4/10
El legado de Bourne

2012 | The Bourne Legacy

Después de que el programa de espionaje Treadstone, del que era pieza clave Jason Bourne, escandalizara a la opinión pública, las agencias secretas de Estados Unidos quieren enterrar –o al menos, “hibernar”– todos sus planes de dudosa legalidad. Uno de ellos es el programa Outcome, que ha creado agentes prácticamente superinvencibles, con su cerebro y su cuerpo hiperestimulados, aunque al precio de depender de unos fármacos. Como elefante en una cacharrería, los hombres liderados por coronel retirado Byer eliminan a todos los agentes y científicos relacionados con el programa. ¿A todos? ¡Noooo! Sobreviven el duro agente Aaron Cross y la doctora Marta Shearing, que deben emprender una vertiginosa carrera hacia delante para eludir a sus perseguidores. Cuarta entrega de la saga Bourne, El legado Bourne encaja a la perfección en la saga ideada inicialmente por el novelista Robert Ludlum, y que en cine había contado con los directores Doug Liman y Paul Greengrass, y el protagonismo de Matt Damon. Tras la renuncia de Greengrass y Damon a seguir con nuevas películas, el guionista de los anteriores filmes, Tony Gilroy, se apoya en sus hermanos, los gemelos Dan Gilroy –coguionista– y John Gilroy –editor– para lograr la deseada continuidad. Y sí, verdaderamente hace honor al título, Jason Bourne deja un legado que permite prescindir de él... o recuperarle, si un día Damon se arrepintiera de su decisión. Hay un grandísimo trabajo de producción, Frank Marshall y compañía, buen ejemplo de lo que es capaz Hollywood cuando da lo mejor de sí. Tony Gilroy había demostrado su capacidad para dirigir en Michael Clayton, y tiene suficientemente probado que las historias sobre conspiraciones gubernamentales le sientan como un guante. En El legado Bourne maneja además muy bien esa idea del olvido del “factor humano” y el sentido moral en el trabajo de algunos que se autodenominan “patriotas”, pero que tienen en muy poco la dignidad de la persona humana, los individuos pueden ser prescindibles. Quizá una asignatura pendiente de Tony era probar que podía dirigir escenas de acción, y desde luego la nota que saca en El legado Bourne es sobresaliente: el ritmo es trepidante en todo momento, con momentos tan adrenalíticos y de suspense como la caza en Alaska, la locura en el laboratorio secreto o la persecución interminable de motocicletas en Manila. Además, trucos del buen guionista, sabe introducir giros ingeniosos en los momentos adecuados, o dotar de una gran seguridad y aplomo a Cross, bien interpretado por el relevo de Damon, por así decir, Jeremy Renner. También demuestra gran nivel interpretativo Rachel Weisz, que bien podríamos definir como una Hipatia trabajando para la CIA, si se nos permite la alusión a la protagonista de Ágora, ese personaje dedicado en cuerpo y alma a la ciencia de la cinta de Alejandro Amenábar. El resto del reparto está perfectamente escogido, incluso los actores con papeles pequeños pero importantes, pensamos en Louis Ozawa Chagchien, ideal para un personaje tipo Terminator.

8/10
Duplicity

2009 | Duplicity

Dos grandes multinacionales del mundo de la cosmética, Equikrom y Burkett & Randle, se encuentran en guerra. El mercado lo es todo y sus dirigentes saben que el primero que saque a la calle el producto estrella hundirá a la competencia. Ray y Claire son espías profesionales. Inesperadamente se encuentran cuando ella ha de entregar una importante información a la empresa Equikrom y el contacto de esa empresa resulta ser Ray. Ambos se conocieron años atrás, cuando trabajaban para sus respectivos gobiernos -él en el M-16 y ella en la CIA-, pero pronto se pasaron al sector privado y ahora los dos trabajan para la misma empresa. La única diferencia es que él lo hace normalmente y ella infiltrada en la compañía de la competencia, Burkett & Randle, con el objetivo de birlar cualquier información empresarial. Y ahora esa ‘bomba informativa’ es el anuncio de un nuevo producto que revolucionará el mundo de la estética... Uno puede ser un excelente chef, pero si los ingredientes que utiliza son de baja calidad el plato que resulte siempre será decepcionante, por mucho condimento, aroma o presentación artística que le quiera dar. Y eso es lo que le ha sucedido a Tony Gilroy. Estamos ante un consumado guionista, cuyos trabajos para la fantástica 'Trilogía de Bourne' y más tarde para Michael Clayton, son ejemplos excelentes de su maestría para entrecruzar hilos narrativos y pergeñar intrincadas conspiraciones internacionales de la más moderna actualidad. También son filmes que revelan su preferencia por el mundo clásico de los espías, con una carga importante de nostalgia. Hay en Duplicity claras reminiscencias de los tiempos de la Guerra Fría, con sus agentes, topos, señuelos, falsas identidades, escuchas secretas, engaños y microfilms (ahora sustituidos por fórmulas químicas). Y, como en la película protagonizada por George Clooney, aquí las grandes potencias son reemplazadas por las multinacionales que hoy en día mueven el mundo. También explota el film el viejo tema del amor entre espías o agentes de ambos bandos, algo que hemos visto en numerosas películas de éxito, desde Con la muerte en los talones hasta Sr. y Sra. Smith. Sin embargo, aunque Gilroy intenta dar una forma dinámica a la trama, jugando con todos esos elementos, con una inspirada música de James Newton Howard y con un montaje muy ágil, visual y temporal, la verdad es que al final hay mucha parafernalia y poca ‘chicha’. Mucha alta cocina y mínimas calorías, para seguir con el símil. La historia apenas avanza durante la primera hora y media de película. Y eso es mucho. Demasiado. El film juega juega continuamente la baza del engaño propio de las películas del subgénero del espionaje. El problema no es entonces la enmarañada red de contactos, diálogos, ambigüedades y planes de acción, diseñada para atrapar al espectador, invitándole al principio a preguntarse quién engaña a quién, y quién dice la verdad, algo a lo que acaba claudicando por puro aburrimiento. No, el problema es más bien que Gilroy no ofrece más que un vacío divertimento, una gran parodia de todo ese idealizado mundo de los espías antes mencionado. Y eso es llevar la broma demasiado lejos. Al final queda poco más que una improbable historia de amor, y un suspense que se podría llamar ‘anecdótico’. El atractivo de la película estriba entonces casi únicamente en el reparto. Y hay que reconocer que Julia Roberts y Clive Owen –que ya trabajaron juntos en la infame Closer- forman una buena pareja en pantalla, con un toque humorístico natural. Su reiterado juego de diálogos funciona y hay química entre ellos.

4/10
Michael Clayton

2007 | Michael Clayton

Debut como director del neoyorquino Tony Gilroy, memorable guionista de la saga de Bourne. Su opera prima afronta el tema de la abogacía, que ya había tratado como escritor en Pactar con el diablo. Michael Clayton, abogado de mediana edad, trabaja como ‘basurero’ para Kenner, Bach & Ledeen, un importante bufete de abogados de Nueva York. Su tarea consiste en lavar como sea los trapos sucios que puedan tener las empresas clientes de su firma. También tiene problemas el mismo Clayton en su vida personal, un auténtico caos, pues su mujer le pidió el divorcio y apenas le deja ver a su adorado hijo. Además, es ludópata, y aunque quisiera volver a ejercer la abogacía tradicional, cansado de hacer trabajos en la sombra, sus superiores prefieren que siga en el mismo puesto. Le encargan ayudar a su amigo y colega Arthur Edens, que trabaja en un caso para la multinacional U/North, un cliente importante que se enfrenta a una demanda porque su producto presuntamente ha causado intoxicaciones. Pero el estrafalario comportamiento de Edens, que sufre una crisis de conciencia que le lleva a identificarse con los demandantes, está causando una gran preocupación. El reparto no podía ser más ajustado, sobre todo en lo referente al cuarteto protagonista, todos en papeles que le van ‘al pelo’. Clooney es sin duda la mejor opción para interpretar a un ‘arreglador de problemas’ realista, claro y directo, con pinta de triunfador, pero en el fondo un fracasado. Igualmente ideales son Tilda Swinton (ejecutiva sin escrúpulos de U/North), Tom Wilkinson (abogado arrepentido de sus malas acciones) y Sydney Pollack (jefe del bufete), que sorprendentemente casi no parece haber envejecido desde que interpretó en 1982 su personaje de Tootsie, una de sus películas. Frente a otras películas de abogados, centradas en el caso que da pie a la trama, Michael Clayton pasa de puntillas por el asunto de la multinacional y desarrolla más las consecuencias de la corrupción y los problemas de conciencia del protagonista, así como las relaciones entre vida personal y ocupación profesional. Gilroy se perfila como un prometedor director, en un estilo que recuerda al de Steven Soderbergh, productor ejecutivo. Pero es mucho mejor guionista, pues parte de un libreto propio, que en un primer momento parece enmarañado y oscuro, estilo Syriana, Confesiones de una mente peligrosa, El buen alemán, Solaris y otras películas de Clooney, pero en el que todos los cabos sueltos casan con aparente facilidad.

6/10
Pasión por el triunfo: medalla olímpica

2006 | The Cutting Edge 2: Going For The Gold

El guionista Daniel Berendsen ha elaborado una historia de amor entre patinadores sobre hielo, utilizando casi los mismos caracteres creados en 1992 por el guionista Tony Gilroy (El caso Bourne), en su primer trabajo para el cine, también titulado en español Pasión por el triunfo. En este caso, la historia narra las vicisitudes deportivas y sentimentales de Jackie Dorsey, una auténtica reina del patinaje, que, por encima de todo, desea triunfar en los juegos olímpicos. Para lograr ese fin formará pareja con Alex, un enamorado del patinaje extremo, y ambos serán entrenados por los padres de Jackie, ganadores de una medalla olímpica en sus tiempos mozos. Entretenido film que mezcla las constantes del género deportivo –ilusión, crisis, superación– con el romance fuera de la pista entre los dos protagonistas.

3/10

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