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Biografía

Steven Zaillian

Steven Zaillian

67 años

Steven Zaillian

Nació el 30 de Enero de 1953 en Fresno, California, EE.UU.

Premios: 1 Oscar (más 1 nominaciones)

Oscar
2020

Nominado a 1 premio

Oscar
1994

Ganador de 1 premio

Filmografía
El irlandés

2019 | The Irishman

La historia del gangsterismo alrededor del IBT, el sindicato de transportes más importante en Estados Unidos, contada desde el punto de vista de Frank Sheeran con amplio lienzo. Este personaje de origen irlandés, reconoció poco antes de morir en 2003 a Charles Brandt –autor del libro “Heard You Paint Houses”, en que se basa la película– haber asesinado al misteriosamente desaparecido desde 1975 Jimmy Hoffa, presidente del IBT. Martin Scorsese demuestra encontrarse en plena forma creativa, y se nos presenta como auténtico “superhéroe” del cine de personajes y tramas de entidad, dotado de unos “poderes” en la línea de sus dos mejores películas gangsteriles, Uno de los nuestros (1990) y Casino (1995), pero quizá más sabio por más experimentado, los años cuentan. Su film, producido por Netflix, pero con otros pesos pesados como el propio Robert De Niro y el veterano Irwin Winkler, conocerá un estreno limitado en salas de cine, concesión a los cinéfilos y al propio director, pero, los tiempos mandan, su difusión masiva toca en la plataforma de streaming. El experimentado director maneja aquí un sólido guion en solitario de Steven Zaillian, libretista con el que había trabajado en Gangs of New York (2002). Funciona muy bien la estructura narrativa de encapsulamiento de tres hilos, a modo de muñecas rusas: la voz en off de un Frank Sheeran ingresado en una residencia de ancianos, que cuenta el viaje en automóvil que realiza con su mentor Russell Bufalino y las esposas de ambos, para acudir a una boda, y la primera parada frente a una estación de servicio, que sirve para evocar el pasado, cómo se conocieron y el modo en que se produjo su ascenso en el sindicato de transportes y en el mundo criminal en los años de la presidencia de John Fitzgerald Kennedy. Lejos de ser caprichosa, tal estructura responde a una perfecta lógica interna, cuyo sentido se constata cuando en el último tramo acaban uniéndose los hilos hasta quedarnos con el de Sheeran envejecido. Están impregnadas las imágenes de un agradecible clasicismo, incluidos algunos elegantes planos secuencia, y eso que la labor de edición de la habitual colaboradora de Scorsese, Thelma Schoonmaker, es altamente meritoria, a las tres horas y media de metraje no parece sobrarle un solo plano, su labor es auténtico encaje de bolillos. Y al final lo que se nos cuenta con enorme habilidad y con una violencia más contenida de lo que Scorsese acostumbra, sin moralina facilona pero con un indudable punto de vista moral, más nítido que en otros filmes del italoamericano, es la historia del progresivo descenso a los infiernos del protagonista, Frank Sheeran. Su alma cada vez se encuentra más emponzoñada, al aceptar ejecutar personalmente despiadados asesinatos, pero hábilmente se nos presenta un contrapunto interesante, el de una de sus cuatro hijas, Peggy, cuyas miradas, de niña, y luego convertida en mujer, vienen a ser como la voz de la conciencia que le recuerda la inmoralidad de sus acciones. Los dramas personales se combinan con el telón de fondo histórico, sugiriéndose una explicación acerca de la invasión de Bahía de Cochinos ordenada por JFK, y su posterior asesinato, hechos en los que habría tenido que ver la mafia, molesta por la actuación del aguerrido fiscal general Robert Kennedy. Y tienen mucha fuerza los personajes principales, y las relaciones que se establecen entre ellos, singularmente las de Sheeran con su mentor Buffalino y con Hoffa, el hombre al que debe proteger. En tal sentido los actores están soberbios. Las técnicas digitales utilizadas para rejuvenecer en algunas escenas a los personajes no distraen, y tenemos a un magnífico Robert De Niro, del que se pinta una evolución plausible, un Joe Pesci inesperado, porque no hace el papel que habríamos pensado, está muy contenido, y Al Pacino –aquí, sí, por fin, podemos decir que tenemos una película que comparten de verdad con De Niro–, que sabe componer al sindicalista que quiere nadar en un estanque de lodo sin embarrarse e imponer su punto de vista por considerarse intocable. El resto del reparto tiene menor presencia, pero está perfectamente escogido, y cada uno brilla entregándose en las escenas que les tocan.

9/10
The Night Of

2016 | The Night Of | Serie TV

Intrigante miniserie criminal de HBO creada por dos curtidos guionistas, Richard Price y Steven Zaillian, el segundo además al frente de la mayor parte de los episodios como director. Sigue los pasos de Naz Khan, joven estadounidense de origen pakistaní que vive en Nueva York, sus padre emigraron en busca del sueño americano tiempo atrás. Integrado en la sociedad, y estudiante universitario, una noche toma sin permiso el taxi que comparte su padre con dos compañeros, con idea de acudir a una fiesta. Pero una hermosa joven sube al vehículo para que le lleve a una determinada dirección, y él, en vez de aclarar que no está de servicio, accede y la lleva a la orilla del Hudson, donde charlan confiadamente, y luego a su casa, donde ella le ofrece pastillas, jueguecitos sádicos con un cuchillo, y por supuesto, sexo. El caso es que despierta pasado el tiempo desubicado en el salón, y a ella la encuentra sangrientamente acuchillada en el dormitorio. Aterrorizado abandona el lugar, pero varios testigos, el arma homicida, y la detención de su vehículo por la policía, por una conducción errática, le apuntan como presunto homicida. El abogado John Stone, siempre de ronda en las comisaría buscando clientes prometiendo precio gratis si no les consigue la libertad, se postula como su defensor, mientras unos padres y un hermano atónitos, no pueden creer que Naz pueda ser culpable. Llevado a prisión sin fianza, Naz va a descubrir la vida dura, mientras el policía a punto de jubilarse Dennis Box investiga, la fiscal del caso busca elementos para la acusación y Stone busca elementos para la defensa. A través de ocho episodios, modélicamente narrados, permanece la sombra de la duda sobre lo ocurrido en la noche de autos, mientras se perfilan muy bien los personajes y sus relaciones, con detalles que podrían considerarse triviales –el eccema de Stone en los pies, que le obliga a llevar unas llamativas sandalias–, pero que no sobran, todo contribuye a dotar a la historia de verosimilitud, son muy realistas esos tipos cansados, o los ingenuos que se transforman, es ley de vida. De modo que vemos las dificultades de los musulmanes en Estados Unidos tras el 11-S y de los inmigrantes en general, la supervivencia en presidio, y las acciones de todas las partes en la investigación, presentadas con hondura. Las interpretaciones son fantásticas, aunque sobresale John Turturro con su abogado-detective único, todo un personaje que debería figurar en las antologías de la serie negra. También está muy bien Riz Ahmed como el presunto culpable, está muy atrapada los cambios propiciados por la reclusión, y Bill Camp como el policía que ve que el trabajo que ha dado sentido a su vida hasta entonces está a punto de acabarse. El resto, más secundarios, es maravilloso, y parece injusto mencionar sólo un nombre, pero destaquemos a la gran Jeannie Berlin como la fiscal.

7/10
Exodus: Dioses y reyes

2014 | Exodus: Gods and Kings

Ramsés y Moisés han sido criados como hijos del Faraón de Egipto. Y aunque éste siente un afecto natural mayor por el segundo, por sus mejores cualidades humanas, sólo el primero lo es de verdad. Cuando Ramsés sucede a su padre, el descubrimiento de que Moisés es hijo de hebreos, miembro del pueblo de Israel al que tiene esclavizado, manda a quien fuera como un hermano al exilio. Para Moisés su nueva vida en una sencilla comunidad pastoril será como una revelación, a la que se suma una auténtica teofanía, Dios le habla exponiéndole los planes que tiene para él. La historia de Moisés ha sido adaptada múltiples veces al cine y a la pequeña pantalla, con el caso extraordinario de Cecil B. DeMille, que lo hizo en dos ocasiones, siendo Los diez mandamientos de 1956, con Charlton Heston y Yul Brynner, la más popular. Ahora es Ridley Scott quien revisita el relato bíblico, básicamente fiel a sus fuentes, incluido su sentido sobrenatural y trascendente, aunque se tome también algunas licencias artísticas, como que Dios hable a Moisés con figura de niño. Estructuralmente el guión firmado por Adam Cooper, Bill Collage, Jeffrey Caine y Steven Zaillian está construido alrededor del antagonismo-rivalidad-afecto fraterno de Moisés y Ramsés, un tema con el que Ridley Scott parece haber enganchado especialmente, no en balde él estaba muy unido a su hermano Tony, también director, que se suicidó hace dos años, y a quien dedica el film. Y por otro lado, se encuentra todo el conflicto interior de Moisés, su viaje y peregrinación de autodescubrimiento, acerca de quién es y lo que debe hacer, con la especial intimidad que le une a Dios, cuyas acciones, a veces terribles, no siempre entiende o comparte, aunque se dejará ganar y guiar por la fe –frente a la tentación de confiar en su pericia militar–, para poder hacer luego lo propio con los hebreos, ejerciendo de auténtico líder. Christian Bale hace un magnífico trabajo, y su némesis, interpretado por Joel Edgerton, también entrega una gran actuación. Estos mimbres fuertes pueden afectar al hecho de que otros sean más livianos, pues algunos personajes se encuentran bastante desdibujados, apenas trazados con un par de líneas. Los que mejor logran superar este handicap son tal vez John Turturro, el Faraón padre, y María Valverde, la esposa de Moisés, el resto –Sigourney Weaver, Aaron Paul, Ben Kingsley, Hiam Abbas...–, simplemente, están ahí, con su poderosa presencia. Pero verdaderamente el capítulo en que el film se muestra verdaderamente sobresaliente es el visual, que acrecienta el carácter de epopeya de la cinta, y donde da “sopas con honda” a la reciente Noé. Ridley Scott usa bien el 3D para dar profundidad a las escenas de masas, y los efectos especiales y el diseño de producción nos sumergen de lleno en el antiguo Egipto y en el desierto, las plagas y el paso del mar Rojo son de una increíble espectacularidad, con elementos como las gaviotas en el cielo encapotado que conceden a los planos un aire muy especial. Por concepción y temática, la película de Ridley Scott que más conecta con Exodus: Dioses y reyes, es El reino de los cielos, pero el cineasta británico sale mejor parado de la empresa que nos ocupa, por la fuerza y coherencia de la historia, y por el enorme carisma de Bale, mucho mayor que el de Orlando Bloom.

7/10
Moneyball

2011 | Moneyball

"Resulta difícil no enamorarse del béisbol", dice el personaje de Brad Pitt hacia el final del metraje de este film. Los que no estén de acuerdo con esta afirmación, que abundan más fuera de los Estados Unidos, convendrán en que Hollywood ha sido capaz a lo largo de los años de producir buenas películas sobre esta disciplina deportiva, capaces de convencer a los no apasionados de los bates que ni siquiera entienden las reglas, desde la legendaria El orgullo de los yankees hasta títulos como El mejor o Campo de sueños. Moneyball se centra en la hazaña real de Billy Beane, manager de los Athletics de Oakland, equipo condenado al fracaso porque su presupuesto está a años luz de los grandes clubes, en un sistema injusto donde el poder económico lo marca todo. Con ayuda de Peter Brand, un joven licenciado en Economía por Yale, pone en marcha un sistema innovador para fichar a jugadores infravalorados por su comportamiento, su estética, o prejuicios variopintos, pero que anotan muchas más carreras que otros que cobran un dinero exorbitante. Gracias a eso el equipo va a sorprender bastante a los aficionados y periodistas... Estamos ante un film más difícil de lo que parece a simple vista. Por un lado, se basa en un libro de Michael Lewis, "Moneyball: The Art of Winning an Unfair Game", que no es una novela, y que si bien documenta al milímetro la gesta de Beane, es más un estudio con muchos datos sobre el mercado del béisbol. Además, la historia real no se presta a priori a rodar un título convencional sobre este deporte, pues no va sobre un jugador o un entrenador, que es lo típico, sino básicamente sobre la persona que realiza los fichajes. Así las cosas, era todo un reto para dos de los pesos pesados de los guiones de la actualidad, Steven Zaillian y Aaron Sorkin –de nuevo emparejados tras Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres–, que junto con el debutante Stan Chervin, han logrado una justa nominación al Oscar al guión adaptado. Su trabajo es modélico, sobre todo porque se centran en explicar bastante bien para el público de toda condición en qué consistían básicamente las maniobras del manager de los Athletics, y además logran dar emoción a las negociaciones. No muestran ningún partido de continuo hasta que llega el momento decisivo, ya que el personaje real tenía la norma de no ver jugar a su equipo. En esencia, se ciñen al esquema del cine deportivo sobre superación personal (equipo en crisis remonta a base de trabajo), al tiempo que le dan un aire de bastante frescura. Bennett Miller, director que llevaba seis años de inactividad desde que dio la campanada con Truman Capote, aprovecha un buen guión en torno a la importancia del elemento humano, frente a la frialdad de los métodos científicos, y hace gala de una puesta en escena clásica que funciona a la perfección. El film, técnicamente impecable, ha logrado otras cinco candidaturas indiscutibles en las categorías de película, edición, mezcla de sonido, actor (Brad Pitt) y secundario (Jonah Hill). En su línea, Pitt resulta bastante creíble como el personaje central, un tipo con gran capacidad de riesgo que consagra su vida a su trabajo excepto por los ratos que pasa con su pequeña hija. Sorprende más, por ser su primer papel realmente serio, Jonah Hill, ideal para encarnar a un friqui prodigio de los números. Quizás están un tanto desaprovechados Philip Seymour Hoffman y Robin Wright, por su reducida presencia.

7/10
Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres

2011 | The Girl With the Dragon Tattoo

El periodista Mikael Blomkvist acaba de ser condenado por difamación, debido a las afirmaciones vertidas en la revista Millennium acerca de un poderoso empresario. Parece el momento ideal para desaparecer del mapa, y la ocasión la pintan calva cuando un magnate jubilado, Henrik Vanger, convencido de su honestidad, rastreada por la joven investigadora Lisbeth Salander, le encarga que indague, en la solitaria isla Hedeby donde reside, el caso que le ha obsesionado durante décadas: la misteriosa desaparición y más que probable asesinato de su sobrina Harriet, el día en que se celebraba un popular desfile. Ello supone volver al pasado y rebuscar en el sucio pasado de la familia Vanger, tarea en que terminará ayudándole la asocial y rarita Lisbeth, cuya tutela corresponde al estado por sucesos acaecidos tiempo atrás, y a la que ha tocado llevar una vida donde los abusos y vejaciones eran moneda corriente. La versión americana del primer volumen de la conocida trilogía de novelas Millennium, de las que es autor el malogrado Stieg Larsson, que no llegó a conocer con vida el enorme éxito de sus novelas, no digamos de su traslación al cine y la televisión. Sin atender a ningún pudor mantiene, si no aumenta, la enorme carga de morbo sexual y violencia presentes en la novela original y en la película sueca servida por Niels Arden Oplev. En lo que claramente mejora es en la estructura del inteligente guión de Steven Zaillian, donde las piezas argumentales casan mucho mejor, además de que existe una mejor definición de personajes, se humanizan Blomkvist y Salander, del primero se apunta aquí una vida familiar rota, y de ella se perfila mejor la relación con el primer tutor y las ilusiones que se hace en la relación con el periodista. Incluso los elusivos miembros del clan Vanger tienen algo parecido a la tridimensionalidad. De modo que el reparto lo tiene en tal sentido más fácil –Daniel Craig, Rooney Mara, Stellan Skarsgård, Christopher Plummer...- que los originales Michael Nyqvist, Noomi Rapace y compañía, que debían llenar agujeros de guión con sus interpretaciones. Además la película se beneficia claramente del talento visual de su director, David Fincher, por ejemplo en todas las escenas que muestran el avance en las pesquisas de Blomkvist y Salander, y también en la creación de atmósferas, la isla bajo la nieve, el viento que sopla en la casa de Martin, un sobrino de Henrik, en lo alto de una colina, o un pasaje tan breve como la escena del metro en que a Lisbeth le birlan el ordenador portátil. Así las cosas, los defectos del film son los mismos que los de la obra de Larsson, que se enmarca en la moda del “noir” nórdico, del que también es muy representativo Henning Mankell y su Kurt Wallander, que también pasó de la versión sueca a la angloparlante con Kenneth Branagh de protagonista. La idea es mostrar los excesos de la opulenta sociedad occidental, donde han acontecido y acontecen todo tipo de depravaciones; el problema es la falta de referentes morales nítidos, ya que ante los crímenes horrorosos a los que se enfrentan los protagonistas –y de los que Lisbeth es víctima directa–, parece que vale cualquier respuesta, por salvaje que sea. Y eso que a tal respecto la película de Fincher y Zaillian se permite alguna licencia para suavizar actitudes y no convertir a Salander en la Terminator que podía verse en la versión fílmica de Oplev. Algunas truculencias y pasajes –las actitud del segundo tutor, la persecución en moto...– obligan a algo parecido a la suspensión de la incredulidad del espectador, aunque muchos espectadores –y lectores– pensarán que eso es parte del juego en que consisten película –y libro.

6/10
American Gangster

2007 | American Gangster

Década de los 60. Acaba de morir Bumpy Johnson, un gángster negro, muy respetado en el Harlem neoyorquino. De modo inesperado va a tomar las riendas de la sucesión Frank Lucas, el hombre que fue su chófer durante años, y que observando calladamente y encargándose de mucho trabajo sucio, ha aprendido el oficio. Lucas empezará a construir un auténtico imperio del narcotráfico, comprando heroína sin intermediarios en el sudeste asiático, y aprovechando los transportes militares estadounidenses, metidos de lleno en la guerra de Vietnam; hasta el punto de que se coloca en una posición de dominio frente a la tradicional mafia italiana. Entretanto Richie Roberts es un duro e íntegro policía, que trabaja en la calle y estudia derecho en clases nocturnas. Aunque su vida familiar presenta un cuadro desastroso, en lo que se refiere a su trabajo profesional es concienzudo, y sortea las muchas tentaciones para ceder a corruptos trapicheos policiales. Al incorporarse a la unidad antidroga, los caminos de los dos hombres acabarán, inevitablemente, cruzándose. Intenso film de Ridley Scott con guión de Steven Zaillian, dos pesos pesados del cine actual en sus respectivos campos de dirección y escritura de libretos. Quizá lo único que quepa decir en su contra es que todo suena a sabido. Basado en hechos reales, logra plasmar con buen tino la trayectora de ambos antagonistas, que aunque con códigos morales muy distintos, no son tan diferentes como podría creerse. Porque la idea, un poco al estilo de Heat, es trazar ciertos paralelismos entre policía y gángster, pues los dos manejan cierto código de conducta; y señalar en la aproximación de personajes que Richie no es perfecto –resulta demoledora la escena de la vista judicial en que la ex esposa le acusa de utilizar su ética profesional como coartada de su descuido del hogar–, mientras que la frialdad asesina de Frank –que mata sin piedad y no se cuestiona acerca de las vidas que destroza prestándose al tráfico de drogas– convive con el deseo de dar de comer a los de su clan y de cierto “orgullo negro”. Resulta fácil mencionar referencias cinematográficas en la composición de estos dos personajes. Richie recuerda a otro personaje real, Serpico, a la hora de moverse en un ambiente de corrupción en la policía, y es citada explícitamente French Connection (Contra el imperio de la droga); mientras que el comportamiento glacial de Frank, que intenta mantener unida a la familia, retrotrae al Michael Corleone de la saga de El padrino. Y aunque sin duda que dominan la función Russell Crowe y Denzel Washington, justo es señalar que hay múltiples personajes, matones, policías, familia, bien atrapados con los justos trazos del guión y por un estupendo reparto. Estamos ante una historia complicada de producción, tanto por la necesidad de recrear en el Nueva York actual el de finales de los 60, principios de los 70, como a la hora de ofrecer el marco del combate de boxeo de los pesos pesados, o mostrar la Tailandia de donde procede la heroína que da pie a “Blue Magic”, las codiciadas dosis de un material puro cien por cien. Una trama como la que se comenta es difícil que no sea sórdida y violenta. Hay momentos sencillamente brutales, aunque Scott juegue con el fuera de campo; y resultan desagradables, por degradantes, las escenas del lugar en que se prepara la droga, donde las mujeres son obligadas a trabajar desnudas para que no sustraigan parte de la mercancia. El director es bien conocido por la factura visual de sus trabajo, y aquí tiene unas cuantas buenas ideas. Los levísimos copos de nieve que flotan en el aire en muchas escenas refuerzan el tema de esa otra “nieve” llamada heroína; es bueno la secuencia del asalto, de suspense incrementado por el niño que juega con un balón; o ese juego con la puerta de la iglesia, casi al final, donde parece señalarse que el mafioso ha sido expulsado definitivamente de un paraíso al que no tenía derecho.

7/10
Todos los hombres del rey

2006 | All the King’s Men

Adaptación de la novela homónima de Robert Penn Warren de 1946, que ya había sido llevada al cine en 1949 por Robert Rossen en El político con excelentes resultados, entre los que se cuentan el Oscar a la mejor película. Aborda la nueva versión como director y guionista Steven Zaillian, quien ha demostrado poderío, sobre todo en el segundo campo, en títulos como En busca de Bobby Fischer y La lista de Schindler. El film describe el ascenso político de Willie Stark, desde unos primeros tiempos en que es poco menos que un paleto con buenas intenciones de mejorar las cosas, hasta su mandato como gobernador del estado sureño de Luisiana. El punto de vista narrativo, al igual que en el libro, lo aporta Jack Burden, un periodista desprovisto de armas morales, que de cronista político de un diario pasa a convertirse en el hombre que hace gran parte del trabajo sucio a Stark. Un desengaño amoroso parece haber endurecido el corazón de Burden –la amistad con los hermanos Stanton, Adam y Anne, hijos de un antiguo gobernador, se enfrió–, hasta convertirse en cínico observador de los acontecimientos. La novela de Warren es voluminosa y compleja, de modo que hay que apuntar en el haber de Zaillian un guión trazado con tiralíneas, que incluye la mayoría de las subtramas del original. Resulta, por ejemplo, un acierto, conservar el viaje nocturno para visitar al juez Irwin, que vertebra la historia. No obstante se echa en falta algún pasaje –da la impresión de que parte del metraje ha caído al editarse el largo film–, principalmente el accidente del hijo de Stark, en el que Zaillian apuntaba un interesante paralelismo con la figura de Adam. En cualquier caso, queda clara la reflexión acerca de la corrupción política y de la divisa ‘el fin justifica los medios’, tentaciones difíciles de resistir cuando se carece de asideros sólidos a los que agarrarse. El correcto film desprende cierta frialdad, se asemeja a un cuerpo inanimado. Con un excelente diseño de producción, y uno de esos repartos que quitan el hipo, no despierta sin embargo demasiadas emociones. Da la sensación de que la película habría salido ganando con unos actores menos conocidos. Uno ve a Anthony Hopkins, y no puede menos de decirse ‘Ahí está Anthony Hopkins haciendo de juez Irwin’, en vez de pensar ‘Ahí hay un juez teóricamente justo, con algún oscuro secreto en su pasado’. No digamos nada de James Gandolfini, al que uno ve y sólo se le ocurre preguntarse ‘¿Qué hace Tony Soprano por aquí, algún enjuague mafioso, tal vez?’.

6/10
La intérprete

2005 | The Interpreter

Silvia Broome, una intérprete de origen africano que trabaja en la ONU, escucha una conversación en una lengua que poca gente conoce. Resulta que un micrófono se ha quedado encendido, y que dos tipos que lo ignoran hablan entre sí de un plan para asesinar al presidente de Matobo, un país africano. Silvia denuncia los hechos, y las autoridades asignan el caso al agente Tobin Keller. Años llevaba sin dirigir Sydney Pollack, autor de varios thrillers de primera, como son Los tres días del cóndor y La tapadera. Retomó el género en esta amena cinta para la que excepcionalmente le han dejaron rodar en la sede de la ONU. El punto de partida es mera excusa, pues el relato de las luchas de poder en un país inventado no está excesivamente desarrollado. Pero propicia escenas de gran tensión, como la que se desarrolla en casa de Silvia, o la magnífica del autobús. Además, Pollack denuncia la falta de cobertura mediática de algunos conflictos.

6/10
Gangs of New York

2002 | Gangs of New York

Año 1847. Nueva York, que a principios de siglo contaba con 60.000 habitantes, ha alcanzado una cifra cercana a las 800.000 almas. La hambruna desatada en Irlanda ha forzado a la gente a emigrar, y el puerto de la ciudad recibe a diario a muchas personas que creen haber llegado al fin a la tierra de las oportunidades. Pero las cosas no son tan sencillas. Sobre todo porque los neoyorquinos de origen protestante, que ya llevan un tiempo establecidos en el lugar y se autodenominan “nativos”, odian a los irlandeses. Lo que despierta el mismo sentimiento en los recién desembarcados. Las reyertas callejeras no son raras, y en una de éstas que enfrenta a los nativos con los “Conejos muertos”, una banda irlandesa, el cura Vallon, su líder, muere a manos de Bill “El carnicero”, el jefe del otro bando. Su único hijo, Amsterdam, entonces un niño, es testigo de la muerte, y se jura vengar la memoria de su padre. Dicen que la venganza es un plato que se sirve frío, de modo que dieciséis años de estancia en un orfanato no es demasiado tiempo para Amsterdam, que al salir está listo para infiltrarse en la banda de Bill y ganarse así su confianza. Ha llegado la hora del desquite. El proyecto de Gangs of New York se remonta a 1970, cuando Martin Scorsese descubrió el libro del mismo título de Herbert Asbury, escrito en 1928. Allí se contaban historias de los bajos fondos neoyorquinos del siglo XIX. Para alguien como Scorsese, siempre interesado por el mundo gangsteril y los repliegues más oscuros y atormentados del ser humano (la prueba está en títulos como Malas calles, Taxi Driver, Uno de los nuestros o Casino), era material de primera. De modo que con el guionista Jay Cocks empezaron a pergeñar un guión. La cosa era compleja y el despliegue de medios impensable en aquel momento. Así que pasaron los años, nuevos guionistas (Steven Zaillian y Kenneth Lonergan) se sumaron a la tarea… y así hasta hoy, en que el film es una realidad. En la trama de la película se pueden observar claramente dos niveles. Por un lado está el trasfondo histórico, que Scorsese interpreta en clave ideológica con su tesis “América está construida sobre la violencia”, en una línea muy a lo Hobbes y su célebre aforismo “El hombre es un lobo para el hombre”. Y, en un esfuerzo por abarcarlo todo, se suceden hechos como la llegada masiva de inmigrantes irlandeses, los disturbios en Five Points, el estallido de la guerra de secesión con el consiguiente reclutamiento forzoso de soldados. Lo que convierte las calles de Nueva York en una enorme olla a presión a punto de explotar. A todos estos elementos se suman los enfrentamientos étnicos (donde el origen y la religión se convierten en señas de identidad), sociales (los pobres no tienen más remedio que alistarse, los ricos pueden evitarlo pagando una alta suma de dinero) y políticos (va a haber elecciones en la ciudad). El esfuerzo de Scorsese por ofrecer un fresco del Nueva York del siglo XIX necesita, obviamente, de una historia con unos personajes. Y Scorsese y su equipo de guionistas han imaginado una que pivota alrededor de Amsterdan y sus planes de venganza. El joven, un tipo habilidoso, se las apaña para entrar en el círculo más próximo de Bill “el carnicero” (Daniel Day-Lewis). Pero no puede prever que entre ambos va a surgir una curiosa relación paternofilial, donde Bill ve en Amsterdam algo más que un secuaz competente. Esto conduce a conductas muy, muy inesperadas, por parte de Amsterdam. Por supuesto que si Amsterdam tiene la cara de Leonardo DiCaprio, éste necesita con urgencia un motivo amoroso para seguir adelante. Y se lo da Jenny Everdeane (Cameron Díaz), una raterilla que consigue robar dinero y corazones con gran facilidad; el personaje, que desea reunir pasta para poder marchar al oeste, oculta un lado oscuro, y una relación especial con Bill.

6/10
Hannibal

2001 | Hannibal

Suspense y drama psicológico. Nueva vuelta de tuerca al estrecho vínculo que une a la agente del FBI Clarice Starling con el psicópata asesino Hannibal Lecter, que se mueve entre la feroz repulsa y la atracción magnética. Los corderos vuelven a chillar. Diez años después de los hechos narrados en El silencio de los corderos, Clarice es una agente al fin experimentada, que luchar por salvar vidas de gente inocente todos los días. En una operación en la que se ve envuelta, el resultado a primera vista es desastroso. Ella ha actuado con sensatez, pero sus jefes la tratan injustamente. Herida moralmente, acepta trabajar en el caso que podría congraciarle son sus superiores. Se trata de la búsqueda de Hannibal el caníbal, huido de la justicia, y sobre el que hay nuevas pistas aportadas por una antigua víctima del doctor: un multimillonario paralítico y de rostro deforme, que pretende una venganza a la altura de su ominoso oponente. Ha habido un consenso casi general en señalar que la novela de Thomas Harris en que se basa el film tenía más de un problema. Los productores Dino y Martha De Laurentiis así lo han entendido al confiar el guión a dos “pesos pesados”: David Mamet y Steven Zaillian. Ambos han tenido la virtud de conservar los mimbres de la historia –al fin y al cabo, su labor era adaptar–, pero realizando una ejemplar labor de poda en muchísimo elemento superfluo, y desechando el cochambroso final. El propuesto es ejemplar: no sólo porque guarda una imprescindible coherencia con la personalidad de los personajes, sino por conservar idéntica situación a la planteada en el libro y conseguir elevar el clímax, casi inesperadamente, a una altura insospechada. ¿Qué decir del reparto? Pues que está muy bien, aunque a Anthony Hopkins y Julianne Moore les faltan más momentos para dar lo mejor de sí mismos. Apenas comparten escena juntos, y el espeluznante juego del “quid pro quo”, que a tan intensos momentos daba pie en El silencio de los corderos, está ausente en el nuevo film; un "leiv motiv" que sustituye al de los corderos que no dejan de chillar, las palomas de vuelo alto y vuelo bajo, trata de cimentar su nueva relación; pero se revela más oscuro y traído por los pelos. Si dirigimos la atención a los nuevos personajes, podemos aplaudir a un sobrio Giancarlo Giannini al que ciega la ambición, a un irreconocible y vengativo Gary Oldman, e incluso al fugaz carterista Enrico Lo Verso.

6/10
Acción civil

1998 | A Civil Action

Jan Schlichtmann es un cínico abogado, dispuesto a pisotear a quien sea para ganar los casos que lleva entre manos. Con otros tres socios regenta un prestigioso bufete. Un día llega lo que parece un caso más: un grupo de padres busca pleitear contra dos empresas responsables de la contaminación de un río, lo que ha tenido terribles consecuencias –nada más ni nada menos que leucemia– para sus hijos. Lo que empieza como rutina abordada con el cinismo habitual ("Nunca hay que desestimar el valor dramático de varios niños muertos", asegura) acaba involucrando personalmente a Jan. ¿Recuperara la humanidad que había extraviado? Impactante drama judicial basado en hechos reales y producido por Robert Redford. Steven Zaillian (director de En busca de Bobby Fischer y guionista de La lista de Schindler) cuenta con sobriedad los detalles del caso. Tiene la fortuna de contar con un estupendo John Travolta, un sobresaliente Robert Duvall, y unos eficaces William H. Macy y Sydney Pollack. La formidable fotografía tenebrista se debe al legendario Conrad L. Hall, que fue candidato al Oscar.

5/10
Peligro inminente

1994 | Clear And Present Danger

Jack Ryan (Harrison Ford) es un intrépido y audaz agente de la CIA. James Greer (James Earl Jones) es su superior. Debido a una grave enfermedad, Greer tiene que sejar su cargo, y Ryan le sustituye como director de Inteligencia de la CIA. En su dedicación por perseguir la verdad Ryan se ve envuelto en una oscura investigación acerca del asesinato de un amigo personal del presidente de Estados Unidos, que resulta ser un hombre de negocios que tiene dudosos vínculos con el tráfico de drogas en Colombia. Ryan quiere aclarar el asunto, pero hay gente poderosa a la que no le interesa que se descubra la verdad. Paralelamente a su investigación, la misma CIA envía a Colombia un grupo paramilitar con el fin de tapar las sospechas y acabar por la fuerza con un poderoso cartel de droga colombiano. Un emocionante thriller en el que la inteligente trama se va desvelando poco a poco, manteniendo la intensidad durante la película. Harrison Ford realiza una interpretación muy convincente, al igual que Willem Dafoe en su papel de militar sin escrúpulos. La corrupción y la mentira se enfrentan a la honestidad y el sentido de la justicia, con una acción apasionante. Está basada en el best-seller del especialista Tom Clancy.

6/10
La lista de Schindler

1993 | Schindler's List

Clavado en la memoria tenemos el angustiado rostro de Liam Neeson, con ojos llorosos y gesto desesperado, mientras a su alrededor se aglomera un grupo de hombres y mujeres dramáticamente enternecidos: “El coche. ¿Por qué me quedé el coche? Valía diez personas. Diez personas. Diez personas más… Esta pluma. Dos personas. Es de oro… Dos personas más… Él me hubiera dado dos personas por ella, al menos una. Una persona más. Una persona, Stern. Por esto… ¡Pude haber salvado a una persona más y no lo hice! ¡Y… y no lo hice…!”. Steven Spielberg nos ha estado preparando para ese final durante tres horas de película. Un final melodramático que expresa algo terrible: hasta dónde ha podido llegar la bajeza humana, capaz de vender la vida de un semejante por… una pluma. La lista de Schindler es probablemente la mejor película sobre el Holocausto jamás filmada y también la más triste. Cuando se estrenó en 1993 muchos pensaron que a partir de ese momento ya no habría más películas sobre el mismo tema. Con La lista de Schindler ya todo estaba contado. Y, pese a que nos equivocamos, ninguna hasta el momento ha podido superar la entidad dramática y cinematográfica de la obra maestra de Spielberg. El director recibió por la película una recompensa largamente acariciada. La Academia se volcó con ella, otorgándole siete Oscar, entre ellos los correspondientes a la mejor película, mejor guión y mejor dirección. Antes Spielberg había fracasado –en cuanto a premios se refiere– con El color púrpura (11 nominaciones y ningún premio), E.T., el extraterrestre, En busca del arca perdida y Encuentros en la tercera fase. Ahora se consagraba definitivamente para un sector de la crítica, que siempre le había considerado el niño mimado por el público, un experto en hacer dinero con historias infantiles que ensalzaban los sueños y las aventuras por encima de las historias reales y los conflictos dramáticos. El director de Cincinnati necesitaba una película grande, monumental, un proyecto definitivo para demostrar su impresionante talento. Y lo encontró gracias a un libro del australiano Thomas Keneally donde se narraba la historia de Oskar Schindler, el empresario alemán que salvó a cientos de judíos de una muerte segura durante la II Guerra Mundial. Septiembre de 1939. Los nazis invaden Polonia. Los judíos son internados en guetos, son asesinados en las calles, son enviados a los campos de concentración. El alemán Oskar Schindler ve en la situación un medio de prosperar económicamente y comienza una interesada relación con los militares más poderosos para poner en marcha una fábrica. La mano de obra no es problema, ya que procederá de los campos de concentración… Schindler logra hacerse con los servicios de Itzhak Stern, un judío que se hará realmente cargo del negocio, mientras que él se ocupará de la labor de salón con la cúpula nazi, con el objetivo de elaborar una lista de trabajadores judíos que estarán únicamente bajo su protección. Sin embargo, lo que empieza como un medio lucrativo acaba convirtiéndose en la obsesión –empeñando su dinero y su futuro– por arrancar a cuantas más personas mejor de la garras psicópatas de Amon Goeth, oficial al mando de uno de los campos. La lista de Schindler es la historia de un héroe y un monumento a la dignidad humana, pero ambas cosas se hacen patentes poco a poco, tras un denso y trágico velo. Spielberg muestra a un Oskar Schindler nada ejemplar: vanidoso, mujeriego y hedonista. Un dandy oportunista que tardar cierto tiempo en comprender la barbarie nazi y en implicarse totalmente contra el holocausto. Además es el mismo horror el que produce una toma de partido por todo aquello que tenga aliento de vida. El asco y la repulsión de algunas imágenes no son aptas para paladares muy sensibles. La elección de actores es realmente acertada. Tipos como Harrison Ford, Bruno Ganz o Stellan Skarsgård fueron considerados para el papel de Schindler, pero fue Neeson quien finalmente bordó el itinerario interior de su personaje. Ralph Fiennes, por su parte, es un Amon Goeth estremecedor y acaba siendo como una reencarnación del Mal. Los distintos apartados técnicos funcionan a la perfección, desde el guión de Steven Zaillian, que presta atención minuciosa a los numerosos personajes y a la riqueza de sus diálogos, hasta la meticulosa labor de montaje, obra de Michael Kahn. Pero, ante todo, Spielberg sabe cómo jugar con los sentimientos de modo admirable y algunos pasajes quedan grabados para siempre en la memoria (los niños buscando refugio, las mujeres en las duchas de Auschwitz, los juegos asesinos de Goeth…). La formidable fotografía en blanco y negro de Janusz Kaminski aporta a la cinta una sólida entidad histórica, próxima en ocasiones al género documental, como en las escenas del gueto. Y la música del maestro John Williams suena como un desgarrador lamento imposible de olvidar.

8/10
En busca de Bobby Fischer

1993 | Searching For Bobby Fischer

Josh Waitzkin es un niño de siete años, superdotado para el ajedrez. Podría tratarse del nuevo Bobby Fischer, que fue insólito campeón en 1972. Josh es un chico normal, y le gusta jugar con los chavales de su edad. Pero su padre, periodista deportivo, se toma muy en serio el don de su hijo. Y el chico pasa de jugar con 'frikis' en el parque, a tener un profesor particular, el superexperto Pandolfini, que le pondrá el listón demasiado alto. Un film emocionante y tierno, que merece la pena en todos los sentidos. A través de la inocente mirada de un niño, el film describe la presión de sus padres y profesores para que dé lo máximo de sí mismo, y plantea además los límites de la infancia y el choque frontal del mundo de juegos de ésta, con el competitivo mundo de los adultos. Muy bien narrada, con brillantes interpretaciones y un ritmo que mantiene la tensión sin forzar al espectador. Destaca el tono épico y las virtudes del crío protagonista. 

7/10
Jack el Oso

1993 | Jack the Bear

Un adolescente no soporta que su padre sea el popular presentador de un programa televisivo de terror, que se emite a altas horas de la madrugada. Ello se une a que la madre y esposa murió hace un año. Sentido film de iniciación a la vida adulta.

4/10
Despertares

1990 | Awakenings

Basada en hechos reales, y publicitada con la frase "los milagros sencillos no existen", el film narra los sucesos acaecidos en una clínica de Estados Unidos, donde un médico llamado Malcom Sayer trata a una serie de enfermos crónicos, que padecen una encefalitis, todos ellos víctimas de una epidemia que afectó a cientos de personas durante los años veinte. La consecuencia es que todos ellos han estado durante treinta años inmovilizados, sin capaz de comunicarse Los métodos del doctor son poco convencionales, pero inesperadamente los enfermos, experimentan un "despertar", que raya lo milagroso, pasados unos meses los enfermos recaen en el estado de letargo anterior, tan misteriosamente como se habían recuperado. Penny Marshall dirige esta hermosa película, cargada de gran interés humano. En el film se dan cita dos gigantes de la interpretación. Robin Williams, en un papel más comedido que de costumbre, y el camaleónico Robert De Niro dando vida a uno de los enfermos. La película cuentra con una esmerada fotografía a cargo de Miroslav Ondrícek y una gran banda sonora de Randy Newman.

6/10
El juego del halcón

1985 | The Falcon and the Snowman

Christopher Boyce, cuyo padre es agente del FBI, es un muchacho que se siente desencantado por lo que está ocurriendo con su país, ya que uno de sus amigos acaba de perder una pierna en Vietnam, y otro ha muerto de sobredosis en las calles. Tras abandonar sus estudios, consigue trabajo en el Ministerio de Defensa, donde tiene acceso a información reservada. Basada en una historia real y convertida en novela por Robert Lindsey, el título original de la película está tomado de los nombres en clave de los dos protagonistas. Se trata de una desmitificadora visión de la AméricaposNixon y una crítica feroz a los manejos de la CIA, que culmina en la reveladora canción de David Bowie “This Is Not America” que aparece en los créditos finales.

6/10
The Night Of

2016 | The Night Of | Serie TV

Intrigante miniserie criminal de HBO creada por dos curtidos guionistas, Richard Price y Steven Zaillian, el segundo además al frente de la mayor parte de los episodios como director. Sigue los pasos de Naz Khan, joven estadounidense de origen pakistaní que vive en Nueva York, sus padre emigraron en busca del sueño americano tiempo atrás. Integrado en la sociedad, y estudiante universitario, una noche toma sin permiso el taxi que comparte su padre con dos compañeros, con idea de acudir a una fiesta. Pero una hermosa joven sube al vehículo para que le lleve a una determinada dirección, y él, en vez de aclarar que no está de servicio, accede y la lleva a la orilla del Hudson, donde charlan confiadamente, y luego a su casa, donde ella le ofrece pastillas, jueguecitos sádicos con un cuchillo, y por supuesto, sexo. El caso es que despierta pasado el tiempo desubicado en el salón, y a ella la encuentra sangrientamente acuchillada en el dormitorio. Aterrorizado abandona el lugar, pero varios testigos, el arma homicida, y la detención de su vehículo por la policía, por una conducción errática, le apuntan como presunto homicida. El abogado John Stone, siempre de ronda en las comisaría buscando clientes prometiendo precio gratis si no les consigue la libertad, se postula como su defensor, mientras unos padres y un hermano atónitos, no pueden creer que Naz pueda ser culpable. Llevado a prisión sin fianza, Naz va a descubrir la vida dura, mientras el policía a punto de jubilarse Dennis Box investiga, la fiscal del caso busca elementos para la acusación y Stone busca elementos para la defensa. A través de ocho episodios, modélicamente narrados, permanece la sombra de la duda sobre lo ocurrido en la noche de autos, mientras se perfilan muy bien los personajes y sus relaciones, con detalles que podrían considerarse triviales –el eccema de Stone en los pies, que le obliga a llevar unas llamativas sandalias–, pero que no sobran, todo contribuye a dotar a la historia de verosimilitud, son muy realistas esos tipos cansados, o los ingenuos que se transforman, es ley de vida. De modo que vemos las dificultades de los musulmanes en Estados Unidos tras el 11-S y de los inmigrantes en general, la supervivencia en presidio, y las acciones de todas las partes en la investigación, presentadas con hondura. Las interpretaciones son fantásticas, aunque sobresale John Turturro con su abogado-detective único, todo un personaje que debería figurar en las antologías de la serie negra. También está muy bien Riz Ahmed como el presunto culpable, está muy atrapada los cambios propiciados por la reclusión, y Bill Camp como el policía que ve que el trabajo que ha dado sentido a su vida hasta entonces está a punto de acabarse. El resto, más secundarios, es maravilloso, y parece injusto mencionar sólo un nombre, pero destaquemos a la gran Jeannie Berlin como la fiscal.

7/10
Todos los hombres del rey

2006 | All the King’s Men

Adaptación de la novela homónima de Robert Penn Warren de 1946, que ya había sido llevada al cine en 1949 por Robert Rossen en El político con excelentes resultados, entre los que se cuentan el Oscar a la mejor película. Aborda la nueva versión como director y guionista Steven Zaillian, quien ha demostrado poderío, sobre todo en el segundo campo, en títulos como En busca de Bobby Fischer y La lista de Schindler. El film describe el ascenso político de Willie Stark, desde unos primeros tiempos en que es poco menos que un paleto con buenas intenciones de mejorar las cosas, hasta su mandato como gobernador del estado sureño de Luisiana. El punto de vista narrativo, al igual que en el libro, lo aporta Jack Burden, un periodista desprovisto de armas morales, que de cronista político de un diario pasa a convertirse en el hombre que hace gran parte del trabajo sucio a Stark. Un desengaño amoroso parece haber endurecido el corazón de Burden –la amistad con los hermanos Stanton, Adam y Anne, hijos de un antiguo gobernador, se enfrió–, hasta convertirse en cínico observador de los acontecimientos. La novela de Warren es voluminosa y compleja, de modo que hay que apuntar en el haber de Zaillian un guión trazado con tiralíneas, que incluye la mayoría de las subtramas del original. Resulta, por ejemplo, un acierto, conservar el viaje nocturno para visitar al juez Irwin, que vertebra la historia. No obstante se echa en falta algún pasaje –da la impresión de que parte del metraje ha caído al editarse el largo film–, principalmente el accidente del hijo de Stark, en el que Zaillian apuntaba un interesante paralelismo con la figura de Adam. En cualquier caso, queda clara la reflexión acerca de la corrupción política y de la divisa ‘el fin justifica los medios’, tentaciones difíciles de resistir cuando se carece de asideros sólidos a los que agarrarse. El correcto film desprende cierta frialdad, se asemeja a un cuerpo inanimado. Con un excelente diseño de producción, y uno de esos repartos que quitan el hipo, no despierta sin embargo demasiadas emociones. Da la sensación de que la película habría salido ganando con unos actores menos conocidos. Uno ve a Anthony Hopkins, y no puede menos de decirse ‘Ahí está Anthony Hopkins haciendo de juez Irwin’, en vez de pensar ‘Ahí hay un juez teóricamente justo, con algún oscuro secreto en su pasado’. No digamos nada de James Gandolfini, al que uno ve y sólo se le ocurre preguntarse ‘¿Qué hace Tony Soprano por aquí, algún enjuague mafioso, tal vez?’.

6/10
Acción civil

1998 | A Civil Action

Jan Schlichtmann es un cínico abogado, dispuesto a pisotear a quien sea para ganar los casos que lleva entre manos. Con otros tres socios regenta un prestigioso bufete. Un día llega lo que parece un caso más: un grupo de padres busca pleitear contra dos empresas responsables de la contaminación de un río, lo que ha tenido terribles consecuencias –nada más ni nada menos que leucemia– para sus hijos. Lo que empieza como rutina abordada con el cinismo habitual ("Nunca hay que desestimar el valor dramático de varios niños muertos", asegura) acaba involucrando personalmente a Jan. ¿Recuperara la humanidad que había extraviado? Impactante drama judicial basado en hechos reales y producido por Robert Redford. Steven Zaillian (director de En busca de Bobby Fischer y guionista de La lista de Schindler) cuenta con sobriedad los detalles del caso. Tiene la fortuna de contar con un estupendo John Travolta, un sobresaliente Robert Duvall, y unos eficaces William H. Macy y Sydney Pollack. La formidable fotografía tenebrista se debe al legendario Conrad L. Hall, que fue candidato al Oscar.

5/10
En busca de Bobby Fischer

1993 | Searching For Bobby Fischer

Josh Waitzkin es un niño de siete años, superdotado para el ajedrez. Podría tratarse del nuevo Bobby Fischer, que fue insólito campeón en 1972. Josh es un chico normal, y le gusta jugar con los chavales de su edad. Pero su padre, periodista deportivo, se toma muy en serio el don de su hijo. Y el chico pasa de jugar con 'frikis' en el parque, a tener un profesor particular, el superexperto Pandolfini, que le pondrá el listón demasiado alto. Un film emocionante y tierno, que merece la pena en todos los sentidos. A través de la inocente mirada de un niño, el film describe la presión de sus padres y profesores para que dé lo máximo de sí mismo, y plantea además los límites de la infancia y el choque frontal del mundo de juegos de ésta, con el competitivo mundo de los adultos. Muy bien narrada, con brillantes interpretaciones y un ritmo que mantiene la tensión sin forzar al espectador. Destaca el tono épico y las virtudes del crío protagonista. 

7/10
The Night Of

2016 | The Night Of | Serie TV

Intrigante miniserie criminal de HBO creada por dos curtidos guionistas, Richard Price y Steven Zaillian, el segundo además al frente de la mayor parte de los episodios como director. Sigue los pasos de Naz Khan, joven estadounidense de origen pakistaní que vive en Nueva York, sus padre emigraron en busca del sueño americano tiempo atrás. Integrado en la sociedad, y estudiante universitario, una noche toma sin permiso el taxi que comparte su padre con dos compañeros, con idea de acudir a una fiesta. Pero una hermosa joven sube al vehículo para que le lleve a una determinada dirección, y él, en vez de aclarar que no está de servicio, accede y la lleva a la orilla del Hudson, donde charlan confiadamente, y luego a su casa, donde ella le ofrece pastillas, jueguecitos sádicos con un cuchillo, y por supuesto, sexo. El caso es que despierta pasado el tiempo desubicado en el salón, y a ella la encuentra sangrientamente acuchillada en el dormitorio. Aterrorizado abandona el lugar, pero varios testigos, el arma homicida, y la detención de su vehículo por la policía, por una conducción errática, le apuntan como presunto homicida. El abogado John Stone, siempre de ronda en las comisaría buscando clientes prometiendo precio gratis si no les consigue la libertad, se postula como su defensor, mientras unos padres y un hermano atónitos, no pueden creer que Naz pueda ser culpable. Llevado a prisión sin fianza, Naz va a descubrir la vida dura, mientras el policía a punto de jubilarse Dennis Box investiga, la fiscal del caso busca elementos para la acusación y Stone busca elementos para la defensa. A través de ocho episodios, modélicamente narrados, permanece la sombra de la duda sobre lo ocurrido en la noche de autos, mientras se perfilan muy bien los personajes y sus relaciones, con detalles que podrían considerarse triviales –el eccema de Stone en los pies, que le obliga a llevar unas llamativas sandalias–, pero que no sobran, todo contribuye a dotar a la historia de verosimilitud, son muy realistas esos tipos cansados, o los ingenuos que se transforman, es ley de vida. De modo que vemos las dificultades de los musulmanes en Estados Unidos tras el 11-S y de los inmigrantes en general, la supervivencia en presidio, y las acciones de todas las partes en la investigación, presentadas con hondura. Las interpretaciones son fantásticas, aunque sobresale John Turturro con su abogado-detective único, todo un personaje que debería figurar en las antologías de la serie negra. También está muy bien Riz Ahmed como el presunto culpable, está muy atrapada los cambios propiciados por la reclusión, y Bill Camp como el policía que ve que el trabajo que ha dado sentido a su vida hasta entonces está a punto de acabarse. El resto, más secundarios, es maravilloso, y parece injusto mencionar sólo un nombre, pero destaquemos a la gran Jeannie Berlin como la fiscal.

7/10
Misión imposible (1996)

1996 | Mission: Impossible

Ethan Hunt es un intrépido e inteligente agente secreto de la CIA que, durante una arriesgada misión, consigue escapar con vida de una emboscada. Pero es acusado de las muertes de sus compañeros, y debe convertirse en un proscrito. El gobierno contrata a una serie de criminales para que acabe con él, porque sabe demasiado. Pero Hunt no está dispuesto a ceder, y se propone enfrentarse a todos para desenmarañar la conspiración en la que se ha visto involucrado. Para ello contará con la estimable ayuda de una preciosa joven de armas tomar, interpretada por Emmanuelle Béart. Trepidante película de acción, basada en la famosa serie de televisión del mismo nombre, creada por Bruce Geller. La dirección de Brian de Palma es muy hábil, y consigue imprimir el ritmo preciso, sin dejarse llevar totalmente por la simple espectacularidad de algunas escenas. Tom Cruise está brillante en su papel. Muy entretenida, con alto grado de tensión, que sorprende a cada instante, como las mejores del género. Para el recuerdo queda la escena en que Hunt se descuelga en la cámara del ordenador.

6/10

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