Acabo de enterarme de que el parlamento catalán ha prohibido las corridas de toros. Un avance más en las libertades, sin duda... ¿Sí? ¿De quién? ¿De
Acabo de enterarme de que el parlamento catalán ha prohibido las corridas de toros. Un avance más en las libertades, sin duda... ¿Sí? ¿De quién? ¿De los toros? Pero si los toros no tienen libertades. Será entonces del pueblo, que a partir de 2012 –el año del fin del mundo según los mayas y Roland Emmerich– tendrá la libertad de desplazarse fuera de Cataluña si quiere disfrutar de la fiesta.
Confieso que al igual que me ocurre con el fútbol, los toros me interesan más bien poco. Pero tanto el rollito del mal trato a los animales –con tanto ser humano denigrado, atacado e incluso asesinado–, como el trasfondo nacionalista me agotan, me agotan mucho. Vamos, que me ponen de los nervios.
Aunque en fin, se trata de hablar de cine, y lo que está claro es Tom Cruise y Cameron Díaz no podrán rodar la secuela de Noche y día con los toros corriendo por las Ramblas, digo yo. Quien quiera olvidar sus penas taurinas viendo buen cine de toros, hay unos cuantos títulos que merecen la pena. Destacaré Mi tío Jacinto, una suerte de Ladrón de bicicletas a la española, las múltiples versiones de Sangre y arena, Justino, un asesino de la tercera edad, El traje de luces, El torero, Toros bravos, Matador, Fiesta... No sé qué dirá al respecto el Pedro Almodóvar de Matador (1986), pero que nubes negras se cernían sobre el futuro de la fiesta ya lo presagiaba el no-estreno de la película Manolete, protagonizada por Adrien Brody y Penélope Cruz, y que duerme en el limbo del cine maldito y nunca visto.
