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¿Debe ver "Torrente 4" un chaval de doce años?

No hay ningún problema. Al menos para el Instituto de Cinematografía y Artes Audiovisuales (ICAA), dependiente del Ministerio de Cultura, que ha

¿Debe ver "Torrente 4" un chaval de doce años?

No hay ningún problema. Al menos para el Instituto de Cinematografía y Artes Audiovisuales (ICAA), dependiente del Ministerio de Cultura, que ha concedido a Torrente 4: Lethal Crisis (Crisis letal), la muy benigna calificación por edades de “No recomendada para menores de doce años”. Las abundantes escenas de sexo que contiene la película, junto a una escena de un hueso roto sumamente desagradable, más múltiples detalles racistas y machistas del protagonista, que se suponen tamizados por el carácter humorístico que les imprime Santiago Segura, no confundirán a un chaval de doce años, ha dictaminado Cultura en una decisión sorprendente, que sólo cabe describir como “de amiguete”. Bien es cierto que otra película no muy aconsejable para adolescentes, Borat, mereció la calificación de “No recomendada para menores de trece años”. Que por cierto, ya es ironía esto de hilar tan fino, distinguiendo entre doce y trece años.

Verdaderamente la trayectoria del ICAA a la hora de calificar las películas sólo puede ser descrita como errática. Igual encasqueta una X a Saw VI, que cuelga un “no recomendada para menores de dieciséis años” a Los mercenarios, una peli de acción de Sylvester Stallone, o un “no recomendada para menores de dieciocho años” a Apocalypto de Mel Gibson. La zafiedad no suele contar a la hora de limitar el público que puede ver una película, pues títulos como Sígueme el rollo obtienen la ansiada calificación de “apta para todos los públicos”.

Me cuesta creer con decisiones tan dispares que exista en el ICAA algún criterio objetivo para orientar al público acerca de la edad apropiada para una película. Por eso la realidad es que nadie hace caso a dichas recomendaciones, y pienso que nadie vela por ver quién entra o deja de entrar en una sala mientras pague su entrada. Para tener un sistema inútil como el actual, casi sería mejor suprimirlo, ahorraríamos en tiempos de crisis... Pero no, tendría que haber un instrumento que nunca será completamente del gusto de todos, pero que al menos dé pistas, y esto en la actualidad no existe, al menos desde instancias públicas. No se trata de ser mojigatos, sino de que el público en general, y los padres en particular, puedan fiarse de alguna instancia calificadora de películas.

Con tal panorama no me extraña que, en la imputación judicial del director del Festival de Sitges, Ángel Sala, por la proyección de A Serbian Film –película que contenía presuntamente escenas de pornografía infantil– esté primando la simpatía por el implicado –que seguro que no tenía mala voluntad programando dicha película– antes que la posible comisión de un delito –que es lo que deben dictaminar los jueces–.

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