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Charles Dickens: el puchero, el cine y el bicentenario

Hoy se cumple el bicentenario de Charles Dickens . Narrador genial, autor de novelas imprescindibles, ha sido mil veces adaptado al cine y no cansa,

Hoy se cumple el bicentenario de Charles Dickens. Narrador genial, autor de novelas imprescindibles, ha sido mil veces adaptado al cine y no cansa, porque sus historias emocionan y son tremendamente humanas. Entre los cineastas que han llevado su obra a la pantalla sobresalen David Lean (Cadenas rotas, Oliver Twist (1948)), Carol Reed (el oscarizado musical Oliver!), Roman Polanski (Oliver Twist (2005)), George Cukor (David Copperfield (1935))... Hay mil variaciones sobre el Cuento de Navidad, y distintas versiones de Historia de dos ciudades o Vida y aventuras de Nicholas Nickleby.

Pero es que además, su estilo narrativo de episodios paralelos que acaban confluyendo fue seguido por un pionero del cine como David W. Griffith, y el mismísimo Sergei M. Eisenstein, en sus imprescindibles textos teóricos sobre el montaje mencionaba a Dickens como un antecedente ineludible de la narrativa fílmica. Para el cineasta ruso, Dickens fue una influencia en Griffith no sólo por el carácter melodramático de sus historias, sino por “el desarrollo estricto y la aceleración del paso narrativo, con su montaje en progresión de escenas paralelas, cortando de una a otra”. Y también, por el uso del primer plano.

Me encanta cómo arranca Eisenstein su ensayo “Dickens, Griffith y el filme de hoy”. Tras citar a George Bernard Shaw, sigue: “‘Fue el puchero el que empezó...’ Así empieza Dickens su libro El grillo del hogar. ‘Fue el puchero el que empezó...’ Nada parece más lejos del cine. Trenes, cowboys, persecuciones... y El grillo del hogar. ‘Fue el puchero el que empezó...’ Pero, por extraño que parezca, también las películas hervían en ese puchero. Desde allí, desde Dickens, desde la novela victoriana, nacen los primeros brotes del filme americano estético, para siempre ligados al nombre de David Wark Griffith”.

Ah, bendito Dickens, cuyo mágica combinación de intimismo y dinamismo cautivó e inspiró a Griffith, e iluminó a Eisenstein. Qué razón tenía éste al decir que “al convertirnos en realizadores de filmes, nunca encontramos el tiempo suficiente para mirar debajo de las cubiertas de estas novelas y buscar qué es, exactamente, lo que nos había cautivado en ellas, y con qué medios estos volúmenes de tan gran número de páginas habían encadenado nuestra atención de modo tan irresistible”. “Revelación” fue este autor para Eisenstein, y revelación debería ser para cualquiera que desee dedicarse a contar historias.

En fin, recomiendo la lectura de “Teoría y técnica cinematográficas”, clásico libro de Sergei M. Eisenstein editado en España por Rialp.

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