Hay vida a los 60. En la pantalla y en la vida real. Lo demuestran Jim Broadbent y Lindsay Duncan, que dan vida a un matrimonio que llevan juntos treinta años en “Le Week-End”, película a concurso en el 61 Festival de Cine de San Sebastián.
Le Week-end trata los claroscuros del matrimonio. ¿Cuánto de sí mismos han puesto en el guión?
Lindsay Duncan: (riendo y con énfasis) ¡Está todo en el guión!
Jim Broadbent: Estamos interpretando un guión. Por supuesto en muchas cosas del guión en que uno se reconoce, hay verdades que uno puede conocer por experiencia y con las que fácilmente empatizas. Hay cosas en común, y el personaje tiene elementos de mi propia personalidad. O sea, lo interpreto en cierto modo como si fuera yo mismo.
¿Y en qué se reconoce exactamente? ¿Y qué sería lo mejor y lo peor del matrimonio?
J.B.: Un matrimonio, y más un matrimonio largo en el tiempo, es un proceso complicado, en la película y en general. Uno se adapta pero hay que reinventarse, porque la gente cambia, la relación cambia, existe el efecto del paso del tiempo. Y hay que seguir marchando, y si resiste, es muy bonito, que es lo que muestra esta película. Es importante la comunicación, confrontarse, reinventándose en ese viaje.
L.D: En la película está claro que este matrimonio quiere cambiar, y por eso se van a París como una aventura, que tiene un lado romántico. Cuando te embarcas en un “viaje” así, nunca sabes con quien te vas a encontrar, tienes un ideal y lo vives. Me resisto a contestar con mis ideas generales sobre el matrimonio, porque somos actores y estos personajes son de ficción, y existe algo que es privado. Resulta muy difícil distinguir, vernos como actores, pero definitivamente nuestras vidas no son así. Tenemos que ser muy proactivos, y estamos llenos de estímulos, que afrontamos, trabajando, siendo repetitivos.
Dicen que no son esos personajes con tanta vida en común y replanteándose las cosas, pero la magia del cine es precisamente que lo parecen, que da la sensación de que hubieran convivido juntos muchos años, existe química, se les ve a gusto trabajando juntos...
L.D.: Habíamos trabajado juntos antes en televisión en Longford, como un matrimonio basado en personajes reales. Un matrimonio muy feliz, y muy interesante. O sea, que hemos estado casados antes gracias a esa película.
J.B.: Nos llevamos muy bien. Nos conocemos, valoramos el trabajo del otro, nos gustan las mismas personas... Y hemos trabajado con las mismas personas.
L.D.: Sí, bueno, voy a decirlo, los dos hicimos la misma aproximación a los personajes... [se ríe] Queríamos liberarlos. Son personajes muy atractivos, irritantes, graciosos, románticos, complejos.
J.B.: Sí, y antes de ir a París, ensayamos unos días antes con Roger Michell el guión en Londres, diseccionándolo con detalle, para ver si hablábamos el mismo idioma en cuanto a la historia. Hicimos el camino juntos con la misma pasión. Roger es un director muy sensible, muy preciso y muy hábil.
L.D.: Es muy fácil trabajar con él en el set, saber lo que siente el personaje con sus indicaciones. No te sientes presionado. El proceso era muy natural y orgánico.
Roger Michell asegura que en la actualidad los 60 años no es exactamente el declive, sino que empieza una nueva vida. ¿Cómo es esto para ustedes? ¿Ven que hay más historias para actores de su edad?
J.B.: No sé.
L.D.: Él no para de trabajar [se ríe], lo que en cambio es raro en una mujer, nos cuesta encontrar material interesante, como el de esta película. Sin embargo sí se nota que hay una mayor demanda para encontrar más gente mayor representada en la pantalla, tal vez porque esperamos más de la vida, aunque es verdad que no todos tienen esas opciones. La gran pregunta es: si esto es verdad, si llegan más guiones que reflejen problemas de personas mayores, ¿serán de la misma calidad que demuestra el guión de Le Week-End? ¿U otros se subirán a este tren con historias de menor calidad? Tengo la sensación de que muchas no serán tan buenas. Por cierto, que me encantaría actuar con Pedro Almodóvar [se ríe].
¿Creen que la mirada a la gente mayor de Le Week-End y otras película hace justicia a la ancianidad, o hay miedo a tratar situaciones extremas, como la cercanía de la muerte y la enfermedad, el tema de Amor de Michael Haneke? Quizá al espectador le cuesta afrontar estos temas...
L.D.: Sí, en la película que hemos hecho los protagonistas tienen todavía algo de camino por delante. Pero debo decir que Amor es mi película favorita entre las más recientes.
J.B.: Yo he interpretado en una ocasión a un personaje con Alzheimer, en Iris. La historia que hemos hecho ocurre un poco antes de esa situación.
L.D.: Sin embargo, es verdad que a los 20 años no quieres pensar en esa perspectiva de la enfermedad y la muerte, pero con 60 empiezas a considerarlo, aunque como en este caso tengas personajes con mucha vida.
