El italiano Edoardo Maria Falcone lleva casi una década escribiendo guiones de películas, como el de la romántica “¿Te acuerdas de mí?”. Ahora da un paso más y debuta como director, con un libreto coescrito con Marco Martani. “Si Dios quiere” es una audaz película a contracorriente, y que a la vez está llamada a convertirse tan popular en España como antes lo fue en Italia. Hablamos con Falcone de su film.
¿Cómo nace la idea de una película tan sorprendente en los tiempos que corren?
Quería hacer una película que contase en forma de comedia y sátira irreverente la realidad que nos rodea. Desde siempre me ha apasionado “la comedia clásica italiana”. Para mí Monicelli, Risi, Germi y Scola son una referencia imprescindible. Y también los guionistas que trabajaban con ellos: Age, Scarpelli, Maccari, Sonego, Vincenzoni y todos los demás. Por eso buscaba una idea distinta que no fuese la típica comedia romántica, ni tampoco la típica película cómica de farsa y caricatura. La idea inicial de Si Dios quiere se me ocurrió mirando a mi alrededor. Conozco a muchas personas que presumen de abiertas, democráticas y liberales pero que, en realidad, son totalmente incapaces de debatir sobre un tema, con lo que demuestran ser exactamente lo contrario de lo que se jactan. Así es Tommaso, un médico presumido y pagado de sí mismo, que se verá obligado a dar al traste con su vida y sus certezas cuando conoce a Don Pietro, un sacerdote muy sui generis.
¿Cómo fue el trabajo de escritura del guión con Marco Martani?
Nunca había trabajado con Marco. Ha sigo una experiencia magnífica. No sólo es un increíble guionista sino que, además, es una bellísima persona; una persona que trabaja con pasión y reflexiona constantemente sobre el trabajo ya hecho. Espero poder seguir colaborando con él.
Esta película es su debut como director. ¿Qué le hizo dar el paso?
La razón principal era poder tener un control total sobre el proyecto. Escribir un guión es fantástico pero puede ser un poco frustrante. Se trabaja durante meses en un proyecto y, en un momento dado, es como si te lo quitaran de las manos. Desde ese momento es como si ya no existieras. Lo único que puedes hacer es ir al cine y ver qué ha sido de tus palabras. A veces es una experiencia maravillosa, otras un poco menos.
¿Cómo ha sido la elaboración de la película?
Una experiencia única. Una película exige una atención y una dedicación total durante meses. Prácticamente, toda tu vida se convierte en un apéndice del proyecto que estás llevando a cabo. Desde la idea de la escritura, el casting, pasando por el rodaje y hasta la postproducción, es un avanzar sin parar, concentrando todas tus energías, siempre y en todo lugar. Y todo con miles de dificultades, aunque con un sinfín de satisfacciones.
¿Cuál diría que es la mejor fase del trabajo?
Es difícil contestar a esta pregunta. Obviamente, como guionista, siento una predilección particular por la escritura. La intuición justa, el mecanismo que aparece de repente y lo articula todo, el diálogo que te resuelve la escena, son siempre grandes momentos. Pero, luego, de repente, te ves como catapultado al rodaje y se te abre un mundo nuevo. Y descubres todas las maravillas y complicaciones del trabajo con los actores y el equipo.
¿Y lo más complicado?
Seguramente el rodaje. Una especie de círculo infernal en el que te ves obligado a ser a la vez Virgilio, Dante, Beatriz y Caronte.
¿Cómo fue la elección del reparto?
Para mí el trabajo con los actores es esencial. Aunque se trataba de una comedia, quería encontrar a toda costa autenticidad en todos los intérpretes. Tras semanas de dudas y proposiciones, cuando se fue fraguando la posibilidad de Gassman y Giallini para los dos protagonistas, entendí inmediatamente que era la pareja ganadora. Y así fue. Y para conseguir la cuadratura del círculo, añadimos, para el papel de la mujer insatisfecha, a Laura Morante, una de las actrices más extraordinarias de nuestro cine. A partir de ahí, todo vino rodado: muchas pruebas y reuniones para ir llenando todas las casillas disponibles, poniendo el mismo cuidado en la elección de cada papel, independientemente de su tamaño.
¿Nos podría describir a los personajes de la película?
Tommaso es un hombre pagado de sí mismo, pero totalmente vacío de todo lo demás. Su mujer, Carla, es una pija infeliz y frustrada, que ahoga sus penas en alcohol y en las adopciones a distancia. Bianca es su hija mayor, una imbécil adorable. Gianni es la digna pareja de Bianca, además de un tipo que trabaja en el sector inmobiliario y está dispuesto a todo por medrar. Andrea es el hijo preferido de Tommaso, aunque también su mayor desilusión. Y luego está Don Pietro, un cura que parece cualquier cosa menos un cura, pero que en realidad cambiará, directa o indirectamente, la vida de todos los protagonistas.
¿Cómo ha sido el trabajo con Giallini y Gassman?
Marco y Alessandro son dos actores increíbles con un gran bagaje humano y profesional a la espalda. Ha sido una maravilla poder dirigirlos. Creo que entre los dos han aportado autenticidad y sinceridad a los dos protagonistas y no puedo estarles más agradecido.
¿Y con los otros actores?
He tratado de construir una relación humana y sincera con todos, sin perder nunca de vista el trabajo sobre sus personajes respectivos. Cuando nos vemos todavía me saludan, de lo que deduzco que al final la cosa no ha ido tan mal.
¿Cómo definiría la película?
Una comedia aparentemente ligera. Una película sencilla, basada en la escritura y en la interpretación. En todo caso, me resulta muy difícil dar con una definición. Sólo puedo decir que me encantaría que el espectador, al salir del cine, dijera: “¡mira, una comedia a la italiana!”
