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Entrevistas

"Quiero hacer salir al espectador de su zona de confort"

El monstruo Jota Bayona vuelve a vernos

Juan Antonio Bayona es uno de los cineastas españoles con mayor proyección internacional. Antes de acometer la secuela de "Jurassic World", entrega "Un monstruo viene a verme", cinta de gigantes que nada tiene que envidiar a "Mi amigo el gigante" de su nuevo padrino Steven Spielberg. En esta entrevista nos cuenta las claves de una película que habla de la difícil adolescencia, y de la importancia de saber madurar.

El monstruo Jota Bayona vuelve a vernos

¿Cómo descubrió la novela de Patrick Ness?

La primera persona que me habló de ella fue Sergio G. Sánchez, guionista de El orfanato y Lo imposible. Me la regaló y, antes de leerla, mi agente de Los Ángeles me envió por correo electrónico el guión basado en ella. Fue entonces cuando decidí leerla y me pareció muy potente, muy emocionante y con muchos temas en común con mis otras películas. Inmediatamente después leí el guión, una adaptación muy fiel que había hecho el propio Patrick Ness, y empecé a considerar la posibilidad de hacer la película.

¿Cuáles eran esos temas que interesaron a Jota Bayona y que ya había tratado en otras ocasiones?

Uno era la relación entre madres e hijos, un tema que he abordado en todos mis largometrajes intentando aportar cada vez nuevos enfoques y matices. Otro, la cercanía de la muerte ante una experiencia muy difícil e intensa. Estaba en El orfanato, donde la protagonista tenía a su hijo enfermo. Estaba en Lo imposible, donde la tragedia envolvía a los personajes. Y está en Un monstruo viene a verme, donde el niño protagonista debe hacer frente a la enfermedad terminal de su madre. Y otro tema importante que también está en mis otras películas es la infancia, en concreto la obligación de hacerse mayor a marchas forzadas ante una experiencia que te revuelve y hace que reconsideres tu vida.

jb3Su película habla también del arte de contar historias, reivindica de alguna manera una tradición oral que desgraciadamente se está perdiendo.

Del arte de contar historias y del arte en general. Hay algo de luz en la historia que viene determinado por esa idea de que el arte cura, de que el arte trasciende y es la única cosa que puede vencer a la muerte. Y yo quería vencer a la muerte al final del relato. Quería ir más allá de la historia del niño que pierde a su madre, que ya era una historia muy interesante de por sí.

¿Estuvo Patrick Ness desde el principio de acuerdo con ese cambio?

Sí, sí. Además de un gran escritor, es una persona abierta a sugerencias. Entendió perfectamente que ese paso era importante para la película, que nos permitía explorar, sin dejar de ser muy fieles al libro, una serie de temas interesantes que enriquecían la historia. Con esta película me he propuesto que el espectador vuelva a descubrir el placer de escuchar relatos. Un monstruo viene a verme no sólo reflexiona sobre las historias, sino también sobre nuestra necesidad de entender el mundo a través de ellas. Hay algo emocionante en llegar al corazón de esa idea y hacer que el espectador participe de ella, que se emocione viendo a un niño dibujar o descubriendo una película antigua. De hecho, hay una escena en la que Lizzie pone a su hijo en un viejo proyector King Kong.

Aunque no es el tema central, Un monstruo viene a verme habla del cáncer. ¿Cómo se planteó abordar un tema tan delicado?

La novela ya estaba muy bien documentada, pero hicimos un trabajo riguroso de investigación y nos reunimos con especialistas y con personas que habían sufrido la enfermedad. Algunos de nosotros la habíamos vivido muy de cerca y aportamos también nuestras experiencias personales. Deseábamos abordar el tema con la mayor delicadeza y sensibilidad posible porque somos muy conscientes de que, por desgracia, es una enfermedad que afecta a muchísimas personas. Aun así, creo que es importante subrayar que Un monstruo viene a verme no es un film sobre la enfermedad, sino sobre cómo lidiamos con la pérdida.

jb2Hábleme del personaje de Conor (Lewis MacDougall), el niño protagonista.

Es el personaje más complejo al que me he enfrentado nunca. No sólo porque tenga muchas capas y aristas, sino porque no es un personaje fácil. Conor no es el típico niño encantador, accesible y empático que te seduce con facilidad. Es hermético, tiene la mirada triste y a veces reacciona con agresividad. Entenderle, llegar hasta su corazón y compartir con el espectador nuestra visión del personaje no era tarea sencilla. Por suerte, la extraordinaria interpretación de Lewis MacDougall, el actor que le da vida, nos allanó muchísimo el camino. Vimos a cientos de niños para ese papel, pero cuando le conocimos supimos al instante que él era Conor: su misterio, su mirada, su mezcla de dulzura y dureza. Es un actor inmenso, no tengo palabras para describir lo que hace en Un monstruo viene a verme.

¿Por qué decidió contar con Felicity Jones y Sigourney Weaver para dar vida, respectivamente, a la madre y a la abuela del protagonista?

A Felicity Jones la descubrí en Like Crazy y, además de parecerme una actriz extraordinaria, me cautivó la inocencia y la vulnerabilidad que transmitía. Ambas cosas eran perfectas para su personaje en Un monstruo viene a verme. Es como un ángel, y tiene una dulzura que me permitía conservar la belleza del personaje de la madre hasta el final, mantener su calidez incluso cuando la enfermedad se cebaba con ella. Felicity es una mujer extraordinaria, y valoro que estuviera tan abierta a probar cosas y jugar en el set porque es algo muy importante cuando ruedas con niños, para los que a veces todo es un juego. En cuanto a Sigourney Weaver, ¿qué puedo decir? Es una actriz magnífica.

¿Qué convertía a Liam Neeson en el actor ideal para encarnar al monstruo?

Todo. No se me ocurre actor con una presencia y una rotundidad en los gestos, en la mirada y en la voz como él. Su trabajo en la película es extraordinario. Ha sabido aportar a nuestra criatura la mezcla ideal de fortaleza y humanidad.

¿Es Un monstruo viene a verme su película más arriesgada?

No sé si la más arriesgada, pero sí la más compleja tanto a nivel técnico como a nivel narrativo. Es un film muy especial, contado desde el punto de vista de un niño que pasa por una situación que no entiende y debe lidiar con personajes fantásticos en un contexto realista. Es una película grande, con efectos visuales increíbles, pero su base es una historia pequeña e intimista. Es la historia de un niño que busca su lugar en el mundo, que intenta entender de qué va la vida, pero ni entiende ni le gusta la explicación que le dan. Confieso que es la película en la que más indefenso me he sentido durante el rodaje porque su historia era mínima, no tenía casi acciones, era muy psicológica y estaba llena de digresiones. El camino para llegar a la esencia del relato no era fácil.

¿Qué cree que va a encontrar el espectador en ella?

Eso nunca se sabe. Sólo puedo decir lo que a mí me interesa como espectador, y me gustan las películas que me remueven por dentro, que me emocionan, que me hacen salir de mi zona de confort y reflexionar sobre quién soy. Me encantaría que mis filmes tuvieran ese efecto sobre el espectador. Lo intenté en El orfanato y Lo imposible, y me lo he vuelto a proponer en Un monstruo viene a verme.

¿Se quedaría con alguna escena de su película?

Me gusta mucho la última, en parte por cómo fue rodada. No le dimos a Lewis la separata de guión porque no quería que supiera cómo acababa la película. Quería que la primera vez que interpretara esa escena la viviera desde su experiencia, no desde la del personaje. Quería ver cómo le afectaba a nivel personal, y fue muy bonito. Para rodar esa última escena, Lewis tenía que entrar en una habitación, en un decorado que no había visto antes. Y fue increíble ver cómo reaccionaba ante las cosas que tenía alrededor. Estaba dentro de Conor, se estaba emocionando con las mismas cosas que su personaje. Cuando ruedas una película, esos momentos en los que se confunden realidad y ficción son increíbles. Un director debe intentar que lo que está delante de la cámara no sea pura puesta en escena, sino que sea algo real, que el actor y el público lo vivan con la misma intensidad con la que él lo concibió.

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