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Entrevistas

Luc Besson, animado con "Arthur y los Minimoys"

Ha sido el director europeo que mejor ha sabido competir con Hollywood en su mismo terreno: el thriller (Nikita, León, el profesional), la ciencia ficción (El quinto elemento) y el cine histórico (Juana de Arco). Las películas dirigidas por él han sido todo un acontecimiento en Francia, desbancando a los productos más fuertes de Estados Unidos. Su mayor excentricidad fue Atlantis, que a pesar de ser un documental compuesto únicamente por imágenes de peces y música, permaneció durante muchísimos meses llenando los cines franceses. Ahora, cambia por completo de registro con Arthur y los Minimoys, una película que combina imagen real y animación digital.

Luc Besson, animado con "Arthur y los Minimoys"

Dijo usted recientemente que se iba a retirar como director, tras finalizar el rodaje de Arhur y los Minimoys. Afirmó que sólo se iba a dedicar a ejercer como productor.

Estoy cansado. Es bastante duro reinventarme con cada película. No quiero hacer películas sólo por seguir en el candelero, sino que me gusta crear historias completamente nuevas. Me da mucho miedo repetirme. Pero me voy haciendo mayor y ya no me queda energía. Además, ser director es muy egoísta, porque piensas que es tu película, tus actores y tu idea, y yo he sido un privilegiado por poder llevarlas a buen término. Ahora, ha llegado el momento de ayudar a otros, pero cederles el testigo. Estoy orgulloso de mis diez películas, pero ya no tengo necesidad de expresarme más, que lo hagan los demás.

A pesar de todo, no descarto volver a dirigir con el tiempo. Por ejemplo, no daré a nadie el gusto de dirigir por mí la secuela de Arthur y los Minimoys. Me ha gustado tanto la experiencia, que en caso de que se haga, la dirigiré yo mismo.

Usted declara a los cuatro vientos que no usa el ordenador para nada, y que no tiene dirección de e-mail. ¿Cómo es eso posible en pleno siglo XXI? ¿Y cómo alguien que desconoce por completo el mundo de la Informática ha acabado dirigiendo una película de animación por ordenador?

Yo no lo veo tan difícil. La humanidad se ha pasado 8.000 años sin ordenador. Por diez años más que me haya pasado yo sin ellos, no me va a pasar nada de nada. Sobreviviré.

En cuanto a la película, mi máxima preocupación consistía en que las imágenes transmitieran emociones, básicamente lo mismo que hago cuando filmo una historia de imagen real. Han sido los animadores y técnicos, todos ellos grandes profesionales, los que se han buscado la vida para que los personajes se ajustaran a mi visión de la película.

¿Cuál fue el origen de Arthur y los Minimoys?

El guionista Patrice Garcia y su mujer, Céline, vinieron a verme para proponerme una serie televisiva, basado en una historia que ellos mismos habían desarrollado sobre pequeños elfos. Habían hecho dibujos de los protagonistas. Fue la primera vez que les vi, pero no veía muy clara la idea de la serie, así que les propuse rodar una película. Ellos pensaron que era demasiado ambicioso, porque suponía contratar entre 300 y 400 personas. Además, temían que se perdiera la idea original que ellos habían tenido. Al final, decidieron que lo haríamos y nos embarcamos en una aventura que ha durado cuatro años y medio. Acabamos escribiendo juntos una trilogía de libros infantiles, protagonizados por los Minimoys.

¿Y fue fácil sacar adelante un proyecto así en Europa?

Ir con unos simples dibujos a pedir dinero. Con el dinero que conseguí los dos primeros años, hicimos una muestra de diez minutos, que me ayudó a involucrar a los productores más reticentes.

Competir con las producciones de Pixar, como Los increíbles o Cars, es bastante difícil, debido a su perfección técnica. ¿Qué tiene su película que ofrecer que no tenga Pixar?

No me quería aventurar en el territorio de Pixar o Dreamworks. Quería hacer una película muy distinta a las suyas. Mi película tenía que parecer real. Quiero que cuando los niños salgan del cine, se vayan al jardín a buscar Minimoys. El animador Pierre Bufin ideó un sistema que me permitía rodar los movimientos de un actor, sin ponerles marcadores por encima como a , cuando hizo de Gollum. Era libre de filmarles como quisiera, y luego esas imágenes se convertían en dibujos animados. No tengo ni idea de cómo hizo eso, pero el caso es que lo hizo. Yo podía ofrecer a los animadores una amplia muestra de gestos, sonrisas y expresiones para los personajes. Y el caso es que parecen bastante realistas, sobre todo algunos elementos del decorado, como los champiñones gigantes.

Los personajes recuerdan a Cristal oscuro, una película de culto, dirigida por Jim Henson. ¿La tomaron como fuente de inspiración?

Lo cierto es que no. Apenas recuerdo Cristal oscuro. De hecho, lo único que me viene a la mente es que en su momento me pareció una buena película. Pero estaba hecha con muñecos, no era un film de animación. Además, supongo que las influencias han sido a nivel estético, pero nada más.

¿Se identifica con Arthur, el personaje de la película? ¿Hay algo de Luc Besson en él?

Es inevitable. Siempre pongo algo de mí en todos mis personajes. Yo soy Nikita, soy León, el profesional, soy Juana de Arco. Arthur es un niño en los años 60, y yo también fui un niño de los 60. Supongo que eso es bastante determinante. Yo también tuve diez años alguna vez. Además, el tema de que viva separado de sus padres me toca de cerca, porque atravesé unas experiencias parecidas que me tocaron.

Por lo demás, somos bastante diferentes. Yo nunca he volado en mosquito, Nunca he dormido en una flor, nunca he viajado en una cáscara de nuez. Al menos, por el momento. A ver si tengo suerte y me pasan esas cosas alguna vez.

Usted descubrió a Natalie Portman, cuando era una niña y ahora ha trabajado con Freddie Highmore, un niño muy expresivo que ha trabajado en Descubriendo Nunca Jamás y Charlie y la fábrica de chocolate. ¿Cómo fue el trabajo con él?

He tenido mucha suerte de conocer a Freddie Highmore, como en su momento la tuve con Natalie. Ambos no se comportaban en el set como niños sino como auténticos profesionales. Freddie era mu expresivo, una mezcla de sensibilidad y educación. De hecho, puedo decir que ahora es muy amigo mío. Además, creo que tiene unos padres muy inteligentes que han sabido aconsejarle bastante bien. No se le ha subido el éxito a la cabeza.

Sorprende que Mia Farrow, que siempre tiene aspecto de ser una mujer un poco más joven interprete esta vez a la abuela.

No dudé ni por un momento en ficharla para hacer de abuela. Los años pasan para todos, y ella se ha convertido en la actriz ideal, porque le encantan los niños y transmite mucha dulzura.

En los títulos de crédito finales aparece usted, reconvertido en dibujo animado, saludando al público. ¿Le ha gustado verse caricaturizado?

El muñeco les quedó muy simpático. Lo han hecho muy bien. Pero he perdido quince kilos desde que me hicieron el dibujo y ahora me veo un poco raro. Les pediría que me volvieran a hacer, pero no tengo valor para pedirles eso, porque los animadores han trabajado mucho todos estos años y no quiero volver a pedirles que hagan un esfuerzo adicional.

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